Tumores hepáticos
El más frecuente es el hepatocarcinoma, aunque pueden darse también casos de colangiocarcinoma, angiosarcoma y linfoma, además de metástasis de tumores que llegan al hígado desde otras áreas del cuerpo, como el páncreas, el colon, el estómago o la mama. En España, cada año se diagnostican 4.000 nuevos casos de hepatocarcinoma, siendo la cirrosis hepática (en especial si está producida por hepatitis virales C o B, pero también por esteatohepatitis no etílica) uno de los mayores factores de riesgo.
El diagnóstico precoz de tumores hepáticos debe hacerse en personas sin síntomas ya que, cuando estos aparecen, la enfermedad suele estar demasiado avanzada. Por ello, se delimita el seguimiento intensivo (revisión cada 6 meses) al grupo de personas en el que es más probable que el tumor aparezca: pacientes cirróticos de cualquier causa, sobre todo si son mayores de 50 años, y todo paciente con una infección crónica por hepatitis B (aunque no haya desarrollado una cirrosis). Las técnicas utilizadas para la detección de posibles tumores hepáticos son:
- Ecografía: fácil, cómoda y sin radiación, pero con dificultad para detectar los tumores pequeños.
- Escáner o TAC (tomografía axial computerizada): aunque más complicada y con uso de radiación, esta técnica permite detectar lesiones verdaderamente pequeñas y ofrece gran cantidad de información.
- Resonancia magnética: técnica excelente por la posibilidad de detectar lesiones pequeñas; aunque no usa radiación, puede resultar incómoda para personas claustrofóbicas.
- Biopsia: cuando las anteriores técnicas de imagen no son concluyentes, se obtiene una muestra de tejido mediante la punción a través de la pared abdominal.
Tratamiento
Es frecuente tratar al mismo tiempo dos enfermedades hepáticas, el tumor y la cirrosis, lo que complica el tratamiento. Son pocos los pacientes a los que se puede extirpar quirúrgicamente el tumor por el estado del resto del hígado, que no suele ser óptimo. Una alternativa razonable es el trasplante hepático, si bien sólo suele indicarse cuando la enfermedad está muy limitada y en etapas precoces, por la escasez de hígados donados en el mundo. También existe la posibilidad de recurrir a la ablación percutánea. Mediante la apliación de agujas que atraviesan la piel se destruye el tumor in situ por medios químicos (inyección de alcohol u otras sustancias) o físicos (aplicación de un intenso calor, termoablación o frío, crioablación).
Otra opción son los tratamientos vasculares como la embolización arterial, mediante la que se inyectan partículas a través de la arteria hepática, que pueden estar mezcladas con fármacos quimioterápicos (quimioembolización) o cargadas de radiación (radioembolización). A pesar de sus riesgos para el hígado, los estudios demuestran que mejoran la supervivencia de los pacientes tratados.
Aunque son tumores en general muy resistentes a la quimioterapia, en los últimos años están surgiendo nuevos fármacos sobre los que hay fundadas esperanzas de que puedan contribuir eficazmente a su tratamiento.
Cabe indicar que, en pacientes con ictericia o ascitis, el tratamiento del tumor no debe plantearse: no sólo resulta inútil, sino que puede empeorar la calidad de vida por efectos secundarios de los tratamientos.
Por qué en la Clínica Universidad de Navarra
La Clínica ofrece rapidez en el diagnóstico, muy importante en estos casos, que es posible gracias al avanzado equipamiento de técnicas de imagen del que disponemos.
Una vez establecido el diagnóstico, un equipo multidisciplinar en el que colaboran especialistas de varios departamentos, elabora un plan de tratamiento que contará con la tecnología más avanzada.
Los resultados del trasplante hepático en la Clínica están situados entre los mejores no sólo de España sino del mundo. La tasa de resecabilidad (el porcentaje de pacientes en los que se consigue una extirpación total del tumor ) es también de las más altas del país. Y la tasa de morbilidad (el porcentaje de complicaciones de la intervención) es baja y está dentro de los límites de calidad de los mejores hospitales mundiales.
Por lo tanto, la Clínica realiza las técnicas de radiología intervencionista convencional (radiofrecuencia o embolización arterial) con unos resultados, en términos de eficacia y seguridad, comparables a los mejores centros mundiales.


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