Radiofrecuencia hepática
Para conseguir transmitir ese calor intenso a los tumores se utilizan unas agujas que son también electrodos y transmiten energía. Estas agujas se introducen en el hígado a través de la piel, en un procedimiento que no requiere anestesia general pero si una sedación profunda para hacerlo menos molesto.
Las agujas se clavan en los tumores guiándose de una ecografía para acertar en ellos, y una vez clavadas se aplica la energía que genera calor durante unos minutos. Todo el tejido que rodea la aguja, hasta un diámetro máximo de unos 5 centímetros, queda calcinado. Por ello, este tratamiento solo sirve para aquellos tumores de 5 centímetros o menos, y no debe hacerse si un vaso sanguíneo o un conducto biliar queda en el radio de acción del calor, porque lo abrasaría.
Cuando los tumores no son visibles en la ecografía, o cuando son varios y el procedimiento se ha de alargar, se puede hacer el tratamiento en quirófano, con cirugía abierta o laparoscópica.
En general, el tiempo de ingreso es de 24 horas y resulta raro, pero no imposible, que después de el alta se pueda sentir algo de dolor o tener fiebre baja durante unos días.


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