Laparoscopia ginecológica
Se realiza a través de pequeños orificios en la cavidad abdominal. Una mínima incisión, en un pliegue longitudinal del ombligo, permite la introducción del endoscopio con una micro-cámara adosada, que ofrece en un monitor la visión panorámica de la pelvis con sus genitales internos. Son necesarias también una o varias punciones sobre la zona del pubis para la introducción del utillaje quirúrgico: pinzas, cauterios, microtijeras, láser etc. Así pues, una mano sostiene la óptica con la cámara de video incorporada, y con la otra, se manipulan los instrumentos que permiten realizar la intervención.
Las ventajas de la video-laparoscopia sobre la cirugía ginecológica convencional son las siguientes:
- Menor tiempo de hospitalización.
- Menor tiempo de convalecencia y recuperación.
- Menor posibilidad de adherencias postoperatorias.
- Menor posibilidad de complicaciones infecciosas.
- Cicatrices invisibles.
- Disminución del dolor postoperatorio.
- Disección y lisis de adherencias pélvicas.
- Implantes de endometriosis.
- Quistes de ovario.
- Cirugía reconstructora de las trompas.
- Miomas uterinos subserosos.
- Embarazos ectópicos.
- Anexectomía, ooforectomía y salpinguectomía.
- Enfermedad inflamatoria pélvica.
- Histerectomías.
- Linfadenectomía.
- Incontinencias de orina y otras disfunciones del suelo pelviano
Se utiliza anestesia general y presenta una tasa de complicaciones mucho menor que en la cirugía convencional ginecológica.
En el curso de toda intervención endoscópica, la imagen diagnóstica real puede diferir de la que se presumía clínicamente o por otras exploraciones complementarias, existiendo implicaciones de otros órganos que pueden dificultar técnicamente su resolución por ésta vía, siendo necesario en estos casos la práctica de una apertura abdominal en beneficio de la paciente. Ello puede ocurrir aproximadamente en un 5% de todas las laparoscopias operatorias.


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