Úlcera péptica

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La úlcera péptica es una lesión de la mucosa del estómago o el duodeno.

La Unidad de Gastroenterologia de la Clínica Universidad de Navarra dispone de una amplia experiencia en el diagnóstico y tratamiento de pacientes con lesiones pépticas del tubo digestivo.

La mucosa gástrica tiene un equilibrio entre el ácido que se segrega para realizar la digestión y la barrera de moco que protege la mucosa digestiva. Cuando ese equilibrio se pierde, la mucosa queda expuesta al ácido y se produce la lesión.

La mayoría de las veces la causa se debe a la presencia de un germen (Helicobacter pylori) y por el consumo de fármacos antiinflamatorios. El tabaco también influye de forma negativa.

Es una enfermedad muy frecuente. Hasta un 10 por ciento de personas la padecerán en algún momento de su vida. Afecta por igual a ambos sexos. La úlcera duodenal se diagnostica hacia los 40 años y la úlcera gástrica  en edades más tardías, como media a los 55 años.

El síntoma principal de la úlcera es el dolor. Tiene unas características típicas que hacen sospechar la existencia de esta enfermedad. Se localiza en un punto en la boca del estómago, aparece aproximadamente dos o tres horas después de las comidas y calma con la ingesta de alimentos o de antiácidos. También pueden aparecer vómitos, acidez, pesadez después de las comidas y digestiones lentas.

Las complicaciones más frecuentes que la ulcera péptica puede presentar son: la hemorragia digestiva, la perforación y la obstrucción intestinal.

La mejor prueba para diagnosticar hoy en día una úlcera es la endoscopia digestiva alta o gastroscopia. Con ella se puede conocer la localización, el tamaño, la forma y la presencia de otras lesiones asociadas. Además, es posible la toma de biopsias a través del gastroscopio. Esto último es muy importante, sobre todo para las úlceras gástricas ya que permite conocer la naturaleza de la úlcera y decir si es benigna o maligna. También permite detectar la presencia de Helicobacter.

Actualmente disponemos de fármacos muy eficaces capaces de aliviar los síntomas de la úlcera y de facilitar su cicatrización.

En el caso de que se trate de una úlcera maligna el tratamiento debe ser distinto (muchas veces es necesario la cirugía).

En muchas ocasiones será necesario añadir antibióticos al tratamiento para acabar con los gérmenes que pueden estar influyendo en la aparición de la úlcera.

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