Reflujo gastroesofágico
La pirosis es el síntoma más frecuente, que consiste en la sensación de quemazón o ardor ascendente de localización retroesternal, que puede irradiarse a cuello o espalda y que aparece fundamentalmente tras la ingesta o en aquellas situaciones en las que aumenta la presión intraabdominal (por ejemplo, en el embarazo). La intensidad y frecuencia es mayor con el consumo de alimentos muy fríos o muy calientes, café, alcohol, tabaco, cítricos, alimentos ricos en grasas y especias; y se alivian con antiácidos.
La regurgitación es el paso espontáneo del contenido gástrico a la boca, en relación a posturas que aumenta la presión abdominal o con la distensión abdominal.
Otros síntomas digestivos son la disfagia (dificultad para deglutir, con sensación de parada del bolo alimenticio), la odinofagia (deglución dolorosa) y la sialorrea (exceso de salivación por la existencia de ácido en el esófago).
Las manifestaciones extradigestivas más usuales son variadas:
Respiratorias: tos crónica, crisis de broncoespasmo con sensación de falta de aire por irritación de vías aéreas por microaspiración de contenido gástrico y, en raras ocasiones, neumonía por aspiración.
Dolor torácico no cardiaco: sensación dolorosa intensa, de tipo opresivo, como el dolor anginoso y de localización retroesternal.
Otorrinolaringológicas: laringitis crónica, granulomas, pólipos y quistes de cuerdas vocales, en raras ocasiones, carcinomas laríngeos. Los síntomas más típicos son disfonía o afonía, dolor crónico de garganta, tos irritativa, etc...
Bucales: pérdida del esmalte dentario, halitosis y sialorrea.
Dependiendo de la severidad del reflujo, pueden existir complicaciones como úlceras profundas, hemorragia, estenosis esofágica y/o perforación. Además, el reflujo puede provocar una erosión superficial del epitelio escamoso que recubre el esófago.
Un 10% de los pacientes con esófago de Barrett pueden evolucionar a un adenocarcinoma de esófago
Posteriormente esta erosión tiende a recubrirse con un nuevo epitelio distinto del propio del esófago, consituyendo lo que se llama esófago de Barrett. Esta lesión requiere un seguimiento estrecho, ya que puede malignizarse convirtiéndose en un cáncer de esófago.
El diagnóstico de la enfermedad se hace con una historia y una exploración clínica correcta. Si los síntomas son típicos y leves, después del tratamiento oportuno el paciente debe experimentar mejoría clínica. Si no es así, es preciso realizar pruebas exploratorias complementarias (gastroscopia, ph-metría o manometriá esofágica), con el fin de obtener un diagnóstico de la enfermedad.
Tratamiento
En todos los casos se deberán adoptar medidas higiénico-dietéticas encaminadas a reducir la presión intraabdominal.
El tratamiento farmacológico dependerá de los síntomas del paciente. Si son leves y frecuentes, se utilizarán antiácidos y bloqueadores de los receptores de H2 (ranitidina y famotidina). Si hay sínitomas de regurgitación se añadirán fármacos procinéticos que aumentan la motilidad esofágica (citaprida).
La cirugía estará indicada en aquellos casos en las que exista fracaso del tratamiento médico o haya necesidad de altas dosis de fármacos para lograr controlar los síntomas.
La gastrocardioplastia, también llamada endoscopia terapéutica del reflujo, tiene como objetivo reducir el paso del contenido gástrico al esófago mediante la aplicación de unos puntos de sutura en la parte alta del estómago. Tras la intervención se indica un segumiento clínico con técnicas de ph-metría esofágica, que permite valorar la evolución de los episodios de reflujo. En ocasiones, si solo se obtiene una mejoría parcial, se indica una segunda intervención endoscópica.


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