Tumores cutáneos
Se describen principalmente tres tipos: el carcinoma basocelular es un tipo de cáncer cutáneo que deriva de las células más basales de la epidermis; el carcinoma espinocelular está constituido por células que en condiciones normales forman parte del estrato espinoso (una de las capas) de la epidermis; y por último, el melanoma es un cáncer de piel que deriva de las células que producen el pigmento de la piel (melanocitos).
Cada tipo de cáncer cutáneo tiene manifestaciones propias, pero todos ellos tienen en común la aparición de lesiones en la piel que van creciendo gradualmente.
En concreto, el carcinoma basocelular suele aparecer en una zona de piel, expuesta de forma crónica al sol, como una lesión ulcerada, perlada, o simplemente, como un cambio de coloración cutánea sin que exista un antecedente de una lesión premaligna previa. Por el contrario, el carcinoma espinocelular suele presentarse, en la mayoría de los casos, como una lesión costrosa sobre una piel rojiza (queratosis actínica). Suele observarse una lesión costrosa que no desaparece (o que se cae y reaparece en el mismo sitio).
Normalmente, el tratamiento de este tipo de neoplasias es la extirpación sencilla de cada una de las lesiones. En algún caso, como por ejemplo, en neoplasias de gran tamaño, de mucho tiempo de evolución, o en aquellas en las que se han producido varias recidivas locales por una extirpación incompleta, se requiere la llamada «cirugía de Mohs». Este tipo de cirugía se basa en una extirpación de la neoplasia, comprobándose que la lesión ha sido extirpada mediante estudio histológico antes de cerrar el defecto cutáneo.
Con la cirugía de Mohs, la recidiva es menor de un 1% en tumores primarios y entre 4-6% en tumores recurrentes.
Este tipo de cirugía está indicada en tumores grandes, en tumores mal delimitados o que están situados en zonas de riesgo, por ejemplo, la cara.



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