Dermatoscopia digital
Los tumores de piel pueden clasificarse en dos grandes categorías, el melanoma y el cáncer cutáneo no melanoma, que a su vez se divide en dos subgrupos, el carcinoma basocelular o basalioma y el carcinoma epidermoide o espinocelular.
Los melanomas pueden aparecer en cualquier lugar del cuerpo donde haya melanocitos (células encargadas de la pigmentación de la piel y de protegerla de las radiaciones ultravioletas). La localización de este tumor es, por tanto, muy variada y no es exclusiva de la piel.
La supervivencia de los pacientes afectados por un melanoma depende básicamente del espesor en profundidad del tumor. Generalmente a mayor espesor del tumor, mayor probabilidad de afectación de los ganglios linfáticos locales y peor pronóstico. Actualmente, gracias al diagnóstico precoz, un gran número de melanomas con poco espesor se extirpan, consiguiendo curaciones de prácticamente el 100% sólo mediante cirugía.
Actualmente existen técnicas que permiten digitalizar las imágenes de lesiones cutáneas pigmentadas para poder establecer comparaciones de su posterior evolución. Además de recoger una fotografía convencional “macroscópica” del lunar que se pretende observar, cabe también almacenar una imagen más detallada mediante el empleo de una técnica denominada dermatoscopia o epiluminiscencia. Este procedimiento proporciona información más precisa.
Su precisión es muy alta y facilita notablemente el diagnóstico precoz de una eventual malignización, que conduce a un tratamiento quirúrgico más sencillo y eficaz. A su vez, esta técnica evita la extirpación innecesaria de algunos nevus de aspecto atípico, pero de naturaleza benigna.
Este paso se realiza uno a uno con todos los lunares sospechosos; de ahí que el tiempo medio de un reconocimiento completo sea de unos 45 minutos. La técnica requiere un tiempo y también un entrenamiento por parte del dermatólogo para saber interpretar las imágenes. Todas quedan grabadas y pueden compararse con las imágenes obtenidas en una revisión posterior y, así, detectar precozmente la aparición de un proceso canceroso.
Está especialmente indicada en personas muy proclives a desarrollar lunares o con un elevado número de ellos en la piel o con antecedentes personales o familiares de melanoma, como reconocimiento periódico. Además, por supuesto, ante cualquier lesión dermatológica sospechosa.
También es de gran utilidad para el control periódico de cualquier nevus atípico en pacientes con pocos lunares, caso en que la prueba se realiza con mayor rapidez. Requieren especial vigilancia los llamados lunares atípicos, que presentan un aspecto de borde y color irregulares, con asimetrías y un tamaño generalmente superior a seis milímetros.



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