Hiperhidrosis y Rubor facial
La hiperhidrosis es un aumento de la sudoración de determinadas áreas del cuerpo, resultado de un incremento en la secreción de las glándulas sudoríparas. Suele deberse a una hiperactividad de estas glándulas por una hiperestimulación nerviosa, motivada por situaciones que comportan tensión emocional.
El rubor facial es el enrojecimiento súbito de la cara. Hay individuos que desarrollan un rubor facial exagerado ante numerosas situaciones cotidianas, lo que puede acabar impidiéndoles desarrollar una vida personal y profesional normal. En estos casos es cuando se aconseja una atención y seguimiento médico que, en ocasiones, puede consistir en un tratamiento dermatológico, en un abordaje psicológico-conductual o, incluso, psiquiátrico.
Los factores desencadenantes son similares a los que originan hiperhidrosis (sudoración exagerada de alguna zona del cuerpo) en manos o axilas. En general, se trata de situaciones que provocan estrés en la persona. Entre ellas, figura hablar en público, temor a ser observado o a permanecer en compañía de otras personas, miedo a diversas situaciones e, incluso, al propio rubor.
El diagnóstico de estas patologías comienza por una valoración dermatológica y psicológica que, en caso de no ofrecer resultados eficaces, se sustituiría por un abordaje de tipo psiquiátrico, con medicación ansiolítica y antidepresiva.
La cirugía está indicada para los casos más severos. Dicha indicación quirúrgica debe dictaminarla siempre el cirujano, ya que no todos los pacientes se benefician de dicho tratamiento. Por ejemplo, puede haber sudores de manos o de axilas que puedan corregirse con un tratamiento dermatológico consistente en inyectar en la zona afectada toxina botulínica. El tratamiento quirúrgico se reserva para aquellos casos más limitantes, en los que el resto de los procedimientos han fracasado.
El rubor facial patológico y la hiperhidrosis se abordan, por tanto, desde una perspectiva multidisciplinar que comprende diferentes tipos e intensidades de tratamientos. Incluso existen pacientes que presentan a la vez ambas afecciones. En estos casos, el beneficio obtenido con la cirugía es muy elevado.
La técnica quirúrgica para tratar el rubor facial y la hiperhidrosis consiste en efectuar una pequeña incisión en cada lado del tórax por donde se introduce una óptica que permite localizar la cadena simpática, que es la que controla la sudoración y el rubor facial. Una vez localizada la cadena simpática, el cirujano debe seccionarla a un determinado nivel. La intervención tiene una duración de una hora aproximadamente. Se realiza con anestesia general y requiere un ingreso de 24 horas. El paciente puede volver a hacer una vida normal, aproximadamente, una semana después de la intervención.
Aunque esta intervención apenas presenta complicaciones, un efecto secundario indeseado de la operación puede ser la sudoración compensatoria: la hipersudoración se traslada a otras áreas del cuerpo donde el trastorno suele resultar menos limitante. No obstante, alrededor del 80% de los enfermos intervenidos manifiestan estar satisfechos con los resultados del tratamiento quirúrgico.
El procedimiento consiste en realizar punciones en diferentes puntos de la espalda, mediante una aguja conectada a un equipo emisor de ondas de alta frecuencia. La temperatura elevada consigue interrumpir la conducción del impulso nervioso generador del exceso de sudor, lo que contribuye a aliviar la sintomatología del paciente. La radiofrecuencia percutánea se realiza mediante control radiológico, bien en quirófano ambulatorio o bien guiado por TAC. El tratamiento tiene una duración aproximada de una hora, es ambulatorio y sólo requiere leve sedación y anestesia local.



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