Cirugía del mediastino
Los tumores constituyen uno de los factores patológicos más frecuentes del mediastino. Dentro del término tumores del mediastino se agrupan una serie de lesiones, quísticas y tumorales, que se originan en diferentes tejidos y órganos mediastinales o extramediastinales (es el caso de las metástasis mediastínicas). La única relación que tienen entre ellas es que comparten una misma región anatómica. Los tumores mediastínicos más frecuentes son los timomas, los linfomas, los bocios intratorácicos, los neurofibromas y los teratomas. Estas causas comprenden el 75% de los tumores del mediastino.
Las manifestaciones clínicas de los tumores se muestran especialmente por la compresión que ejercen durante su crecimiento sobre los órganos y sobre las formaciones contenidas en el mediastino. Dichas manifestaciones, por una parte, son el resultado del trastorno mecánico que determina el tumor sobre el órgano u órganos vecinos; y, por otra, resultan de la necrosis, infección, hemorragia, invasión o ruptura del mismo órgano comprometido por la compresión. Aproximadamente, un tercio de los tumores del mediastino son asintomáticos. Si bien la presencia de síntomas no es sinónimo de tumor maligno, está comprobado que las lesiones malignas son más frecuentemente sintomáticas.
El estudio radiológico convencional (radiografía posteroanterior y lateral del tórax), la tomografía computarizada (TC) y la resonancia magnética (RM), que tiene la doble ventaja de no emplear radiación ni requerir contraste, suelen ser suficientes para localizar el tumor en algunos de los compartimentos mediastínicos y estudiar su relación con órganos colindantes.
En determinados casos deben emplearse métodos diagnósticos invasivos para concretar el tipo de lesión ante el que nos encontramos. Estos métodos (broncoscopia, mediastinoscopia, mediastinostomía, punción percutánea, etc.) variarán según la localización tumoral y la sospecha diagnóstica. La utilización del TAC como guía de la punción percutánea y el uso de técnicas inmunohistoquímicas han establecido un método simple y preciso de diagnóstico histopatológico. La ayuda que pueden aportar los análisis habituales de laboratorio (sangre, líquido pleural, esputo, etc.) permitirá, en ocasiones, la orientación del caso. La tomografía por emisión de positrones (PET) resulta de utilidad cuando se sospecha que se trata de un tumor maligno, ya que ayuda a determinar una posible extensión del tumor.
En los últimos años, la incorporación de la videotoracoscopia ha modificado la vía de acceso, con intención diagnóstica o terapeútica, en muchos tumores mediastinales. Para los tumores malignos se realizará un estudio de extensión adecuado y una valoración de la indicación quirúrgica, que a menudo debe ir precedida o seguida de otras medidas terapéuticas (quimioterapia y radioterapia).
En el caso de las metástasis ganglionares en el mediastino de tumores malignos originados fuera de él (por ejemplo en el cáncer de pulmón), la terapia no podrá ser quirúrgica y dependerá del tratamiento de la lesión primaria, que casi siempre consistirá en poliquimioterapia y radioterapia. Las edades extremas y otras enfermedades fatales paralelas al proceso tumoral podrían también constituir una contraindicación para la cirugía.


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