Cáncer de pulmón

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Cuando las investigaciones diagnósticas confirman la presencia de cáncer de pulmón y la enfermedad está localizada, es posible el abordaje quirúrgico en un alto porcentaje de casos.

Por el contrario, si la enfermedad está diseminada, probablemente ya no sea posible utilizar cirugía. Es clave determinar, mediante pruebas de función respiratoria, si el paciente está en condiciones de ser operado. Para ello, se analiza si será suficiente la reserva respiratoria después de la cirugía.

Procedimientos quirúrgicos:

  • Lobectomía: extirpación de un lóbulo del pulmón. Aplicable a pacientes con una reserva respiratoria adecuada. Minimiza la probabilidad de una recurrencia localizada.
  • Neumonectomía: extirpación de todo el pulmón.
  • Segmentectomía o resección en cuña: extirpación de parte de un lóbulo. Se realiza en pacientes con la función respiratoria disminuida.

Si el cáncer del pulmón se ha propagado al cerebro, es posible que la extirpación de la metástasis cerebral (metastasectomía) resulte beneficiosa. Aunque este tipo de cirugía (craneotomía) sólo se debe realizar si el tumor se puede extirpar sin causar daño al cerebro.

Actualmente, se aplica un procedimiento menos invasivo para tratar el cáncer del pulmón en etapa temprana. Se trata de la toracoscopia, una técnica que consiste en la colocación de una cámara de pequeño tamaño dentro de la cavidad del tórax que permite al cirujano ver el tumor. De esta forma, las incisiones que se realizan son de menor tamaño y la recuperación es más rápida que con otras técnicas.

La cirugía de pulmón tiene una tasa de muerte post-operatoria cercana al 4%, aunque depende de la función pulmonar y de otros factores de riesgo.

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