Artrosis de cadera

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La cadera es la articulación más importante de las extremidades inferiores.

El correcto funcionamiento de la cadera, junto con la rodilla, es necesario para que podamos realizar todas las actividades de nuestra vida diaria que requieren el movimiento de nuestras piernas, como caminar, subir y bajar escaleras, incorporarnos desde una silla o sentarnos. 

La artrosis de cadera es una enfermedad degenerativa de la articulación bastante frecuente. 

Al igual que, en el resto de las artrosis, aparece con mucha más frecuencia en las personas de más edad. Es raro que se desarrolle una artrosis de cadera en una persona joven. Cuando esto sucede, generalmente es debido a que la cadera afectada ha sufrido algún otro tipo de enfermedad previa, como una luxación congénita, un traumatismo o algún tipo de inflamación o infección.

Gráfico anatomía de la cadera

La articulación de la cadera está formada por la unión entre los huesos de la pelvis y el fémur. En la porción del fémur que se junta con la pelvis, el fémur tiene la forma de una esfera que se denomina cabeza del fémur. Esta esfera del fémur encaja dentro de un hueco que existe en la pelvis, de tal forma que se forma un engranaje perfecto que permite el movimiento del fémur en muchas direcciones.

Tanto la cabeza del fémur como el hueco de la pelvis en el que se articula, están recubiertos de cartílago, que es el tejido que facilita los movimientos entre los huesos y evita que rocen directamente hueso con hueso. Con el paso de los años y como consecuencia del desgaste progresivo de estos cartílagos, se pierde su grosor y textura y llegan incluso a desaparecer. Esto da origen a que se pierda el correcto engranaje entre el fémur y la pelvis, que es precisamente lo que produce los síntomas de la artrosis de cadera.

Al igual que la artrosis de otras localizaciones, el síntoma fundamental que produce la artrosis de cadera es el dolor. El dolor en la artrosis de cadera se localiza fundamentalmente en la región de la ingle. A veces, la localización de este dolor se puede extender, y el paciente también nota molestias por la cara anterior del muslo, que incluso llegan hasta la rodilla, y también puede notarse dolor en la nalga. 

La artrosis de cadera es una enfermedad crónica; es decir, que dura toda la vida. Por lo general suele evolucionar muy lentamente, en el transcurso de años. 

Los pacientes con artrosis de cadera pueden ver limitadas sus actividades cotidianas en un mayor grado que los pacientes en los que la artrosis afecta a otras articulaciones menos importantes.

Diagnóstico

El diagnóstico se basa en el interrogatorio que el médico efectúa al paciente sobre el tipo de síntomas que padece y sus características, seguido de una exploración de la articulación de la cadera, con sus movimientos. Mediante la exploración, el médico puede objetivar el grado de artrosis que existe. Para confirmar el diagnóstico es necesario efectuar una radiografía de la cadera. En ella, se pueden ver los cambios típicos que produce la artrosis en la articulación, y se puede establecer un pronóstico sobre la gravedad de la misma, en función de que la cadera se encuentre más o menos desgastada.

Tratamiento

Entre las medidas de tratamiento, se incluyen los tratamientos de rehabilitación. La rehabilitación abarca una serie de ejercicios físicos que deben realizar todos los pacientes, para mantener al máximo la movilidad de la cadera y fortalecer los músculos que la mueven. Es muy importante que los pacientes obesos se sometan a una dieta adelgazante adecuada, con el fin de evitar la sobrecarga que supone el sobrepeso sobre la articulación. En ocasiones, el uso de un bastón para caminar puede resultar muy beneficioso para el alivio del dolor en la articulación.

A pesar de ser una operación importante, hoy en día se realiza de una forma rutinaria y con una gran garantía en cuanto a sus resultados.

Por último, y como recurso final, la artrosis de cadera se puede operar. La intervención quirúrgica está indicada en aquellos pacientes que padecen una artrosis muy avanzada, en los que existe una limitación muy importante para caminar o para realizar sus actividades cotidianas. La intervención consiste en sustituir la articulación dañada por una prótesis de cadera.

Tras un programa de rehabilitación después de la intervención, los pacientes se recuperan y notan la desaparición de los síntomas, pudiendo caminar y realizar una vida prácticamente normal.  

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