Miércoles, 8 de abril de 2009
La Clínica cuenta con uno de los primeros laboratorios clínicos de bioseguridad de nivel 3 de España
La Clínica cuenta con un laboratorio de bioseguridad de nivel 3, que permite el manejo de agentes biológicos que causan enfermedades potencialmente letales para el ser humano como el ántrax, la gripe aviar o la tuberculosis, entre otras. Se trata de uno de los primeros laboratorios clínicos de este tipo puestos en marcha en España.

En la primera fila, María Carmen Beaumont Ezpeleta (técnico de laboratorio), Mirian Fernández Alonso (microbióloga) y Ana Ramos Cabodevilla (técnico de laboratorio); detrás, Aitziber Urdiain Esparza (técnico de laboratorio), José Leiva León (microbiólogo), y Gabriel Reina González (microbiólogo).
El nivel de seguridad de los laboratorios se clasifica en cuatro niveles, según el riesgo de infección que presenten los distintos agentes biológicos. Los más peligrosos son los de nivel 3 y 4. En concreto, dentro del nivel 3, se incluyen aquellos “microorganismos que pueden causar una enfermedad grave en el hombre, tienen altas posibilidades de transmisión, pero existen vacunas o tratamientos contra ellos”, detalla el doctor José Leiva León, director del Servicio de Microbiología de la Clínica de la Universidad de Navarra, al que pertenece el laboratorio. El nivel de riesgo biológico más elevado es el 4, en cuyo caso no existe profilaxis ni tratamiento eficaz para la enfermedad derivada. Además de las medidas de seguridad biológica requeridas en este tipo de instalaciones, el laboratorio de la Clínica de la Universidad de Navarra incorpora sistemas añadidos para garantizar la contención de los agentes patógenos dentro del recinto.
La actividad del laboratorio se centra en el aislamiento y cultivo de los microorganismos, su identificación, estudio de la eficacia de los agentes antiinfecciosos (tratamiento) y, por último, la esterilización de las muestras y cultivos manejados. “El primer paso consiste en aislar los microorganismos en un medio de cultivo a partir de muestras clínicas, momento en el que aumenta su concentración y consecuentemente la peligrosidad de su manejo, lo que provoca que, en ocasiones, su nivel de riesgo pueda llegar a pasar de un nivel 2 a un nivel 3. Una vez identificado el microorganismo, llevamos a cabo pruebas con el fin de determinar el tratamiento más adecuado, que consiste en analizar la susceptibilidad del patógeno a los agentes microbianos, capaces de interferir en su crecimiento y viabilidad. En el caso de las micobacterias, causantes de la tuberculosis, se efectúa un antibiograma para conocer a qué antibióticos son sensibles”, explica el doctor Leiva.
Laboratorio de referencia para gripe
Además de los agentes causantes del ántrax, tuberculosis o gripe aviar, el laboratorio de bioseguridad de nivel 3 de la Clínica de la Universidad de Navarra está diseñado para trabajar con virus como el causante del dengue o para la investigación sobre el VIH. Igualmente, en sus instalaciones pueden analizarse muestras de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, conocida como el “mal de las vacas locas”, y bacterias como las causantes de la brucelosis o de la tularemia. Otros microorganismos susceptibles de ser manejados son los hongos que provocan infecciones como la histoplasmosis, la blastomicosis o la paracoccidioidomicosis, enfermedad esta última endémica en Centro y Suramérica.
Las muestras, concreta el doctor Leiva, proceden en su mayor parte de la propia Clínica y de hospitales de la red pública navarra. A su juicio, el repunte de los casos de tuberculosis -uno de los patógenos al que se dedica el trabajo diario del laboratorio- o la aparición de infecciones por hongos poco habituales en nuestro país puede deberse “a los movimientos de población que se dan actualmente, tanto por la inmigración como por el turismo, lo que facilita la introducción de microorganismos llegados desde otras zonas del mundo”, señala.
Por otro lado, se trata del laboratorio de referencia en Navarra dentro del sistema nacional de vigilancia de la gripe. “Cuando empieza la campaña de la gripe, los médicos que forman parte de la red centinela en Navarra nos envían muestras de pacientes con sospecha de padecer la enfermedad para que procedamos al aislamiento, identificación y tipificación de las cepas. El objetivo es comprobar si la vacuna en vigor protege adecuadamente y tener información sobre el virus para la preparación de la vacuna de la campaña siguiente. Aunque no es obligatorio manipular el virus de la gripe común en un laboratorio de nivel 3, como laboratorio de referencia podemos recibir muestras de pacientes con sospecha de gripe aviar, virus que sí exige este nivel de bioseguridad”, indica el director del Servicio de Microbiología de la Clínica de la Universidad de Navarra. Así mismo, el laboratorio puede recibir sustancias susceptibles de ser utilizadas como armas biológicas en atentados, como explica el doctor Leiva.
Presión negativa en toda la instalación
Dentro de las medidas de bioseguridad exigidas para este tipo de instalaciones, el laboratorio de bioseguridad de nivel 3 de la Clínica de la Universidad de Navarra se ha diseñado “siguiendo la legislación canadiense, una de las más avanzadas y que mayor seguridad ofrece”, afirma el especialista de la Clínica.
En este sentido, consta de cuatro compartimentos independientes de paso obligado antes de llegar al propio laboratorio: área de entrada, preesclusa, esclusa y zona prelaboratorio nivel 3. Además, la presión atmosférica en toda la instalación es inferior a la del exterior, “de manera que el aire sólo puede circular hacia el interior del laboratorio y nunca hacia fuera. Con este sistema aseguramos que todos los microorganismos quedan confinados en esta área”, añade. En concreto, siguiendo el circuito de entrada, cada uno de los cinco compartimentos tiene una depresión de 20 pascales respecto al anterior, lo que suma una presión negativa total de 100 pascales en el laboratorio. Tanto al acceder como al salir de la instalación, la puerta de cada compartimento no se abre hasta que se ha cerrado la anterior y se llega al nivel de depresión fijado.
Al recinto, que ocupa una superficie total de unos 20 metros cuadrados, sólo puede entrar personal autorizado mediante una tarjeta de acceso. En la preesclusa, el técnico debe quitarse la ropa de calle o la ropa de laboratorio de nivel 2, y ponerse un pijama. A continuación, en la esclusa, se coloca un mono con verdugo, calzas, guantes dobles, gafas y mascarilla. La esclusa cuenta con un lavamanos con grifería accionada por infrarrojos y una ducha que el personal debe utilizar al abandonar el laboratorio, cuando ha trabajado con determinados patógenos como los causantes del ántrax o de la gripe aviar. Precisamente, indica el doctor José Leiva, “la esclusa y la ducha confieren mayor seguridad al laboratorio que, sin llegar a ser de un nivel 4, podría decirse que es un nivel 3 plus. La ducha con jabón antiséptico facilita la eliminación de los microorganismos que se hayan adherido a la piel en el periodo mínimo del intercambio de ropa”.
Filtración del aire y doble esterilización de los materiales
Otra de las medidas de prevención del laboratorio consiste en la filtración de las salidas de aire, realizada mediante unos filtros absolutos, denominados Hepa, cuya efectividad asciende al 99,99%. “Logran que todo el aire que sale al exterior sea estéril. Los filtros deben ser cambiados periódicamente, operación que exige una descontaminación de la sala mediante gases para la destrucción de los microorganismos que hayan quedado retenidos. La sustitución de los filtros requiere las mismas medidas de seguridad en cuanto a indumentaria y elementos de protección que el trabajo en el laboratorio”, explica el doctor Leiva.
Además, la salida de aire de la cabina de flujo laminar, lugar donde se manejan los microorganismos, cuenta con una segunda filtración que se suma a la del filtro Hepa, según relata el especialista de la Clínica: “Las pequeñas partículas procedentes de la cabina de seguridad que hayan podido pasar son filtradas de nuevo, medida con la que garantizamos la inocuidad del aire que sale al exterior”.
Las medidas de bioseguridad también se doblan en el caso de los materiales que salen del laboratorio. Además de ser tratados en un autoclave a 121º durante 30 minutos, pasan posteriormente por una cámara -comunicada con el área de entrada- donde reciben tratamiento químico con paraformaldehído, de manera que son sometidos a dos procesos, uno de esterilización por calor húmedo y otro de desinfección de alto nivel.
En el laboratorio de bioseguridad de nivel 3 de la Clínica de la Universidad de Navarra trabaja un técnico a diario, si bien ocasionalmente entra otro especialista para realizar tareas como la lectura o la validación de resultados. “El técnico está especialmente adiestrado en la prevención de los riesgos biológicos y en la forma correcta de desarrollar su trabajo en este nivel de bioseguridad, formación que también recibe la persona que se ocupa de la limpieza del laboratorio”, explica el doctor Leiva. De acuerdo a las normas de funcionamiento de la instalación, añade, “nunca debe entrar una persona sola sin comunicarlo al personal que trabaja fuera. Cuenta además con cámaras que permiten seguir la actividad del laboratorio desde el exterior, por si la persona que trabaja en el laboratorio sufre un desmayo o cualquier otra eventualidad”.
Estación de tratamiento de aguas residuales
Por último, los sistemas de bioseguridad se completan con la estación de tratamiento de aguas residuales, situada bajo las instalaciones del laboratorio de bioseguridad de nivel 3. Hasta aquí llega el agua de los desagües del autoclave, el lavamanos, la ducha y la pila donde se realiza la tinción de los microorganismos.
La planta consta de dos salas, la sala de control y la sala de tratamiento. La sala de control es una zona considerada sin riesgo biológico específico, por lo que no es necesario utilizar ningún equipo de protección personal. En esta zona se controlan automáticamente todas las operaciones.
La sala de tratamiento es considerada como un laboratorio de bioseguridad de nivel 3 y por ello tiene igualmente presión negativa para impedir la salida de aire y se establecen las medidas de protección personal. Está dotada de dos aljibes de 1.000 litros que recogen, descontaminan y neutralizan los vertidos líquidos del laboratorio de bioseguridad de nivel 3. Los vertidos líquidos del laboratorio son recogidos en el primer aljibe, donde se efectúa la neutralización de la acidez y la cloración, hasta alcanzar una concentración superior a 20 partes por millón (ppm). Tras la descontaminación se efectúa el trasvase de su contenido al segundo aljibe donde se rebaja el nivel de cloro hasta 1 ppm mediante tratamiento con bisulfito sódico. Llegado a ese punto se produce el vertido a la red de saneamiento. El acceso a la sala de tratamiento está restringida a personal autorizado.
En opinión del doctor José Leiva, la planta de tratamiento “es quizás lo más delicado y complicado del laboratorio de bioseguridad de nivel 3. Semanalmente debe ser controlado por la persona responsable para garantizar su buen funcionamiento”.
A todo lo descrito hay que añadir que el correcto funcionamiento de la instalación técnica del laboratorio de bioseguridad de nivel 3 y de su estación de tratamiento es supervisada en todo momento desde el centro de control del Servicio de Mantenimiento de la Clínica de la Universidad de Navarra.





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