Historias de la Clínica

tumor testicularMICKAEL H.

Mickael H., de 20 años, se recupera satisfactoriamente de un tumor testicular del que ha sido tratado en la Clínica.

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Para Mickael H. los caballos son mucho más que una afición. Tanto es así que la caída de uno de ellos ha marcado un antes y un después en su vida. El accidente sufrido a lomos de ‘Inox’, su montura favorita, sirvió para que le diagnosticaran a tiempo un cáncer de testículo del que se recupera satisfactoriamente. En primera instancia, fue diagnosticado y atendido en Tenerife, la isla donde reside. Finalmente, junto a su familia, Mickael H. decidió acudir a la Clínica Universidad de Navarra a solicitar una segunda opinión y continuar el tratamiento.

Nacido en Holanda, a los 17 años decidió especializarse profesionalmente en el cuidado y en la monta de caballos en una escuela ecuestre de Gerona. Tras dos años de formación, consiguió la titulación de monitor de equitación y decidió probar suerte y viajar a Holanda “el país de los caballos”.

En unas cuadras del norte de los Países Bajos le dieron la oportunidad de trabajar como mozo de competición: “Sabía que era empezar por lo más bajo, pero con el paso del tiempo y con esfuerzo tenía la oportunidad de ascender de puesto poco a poco”. Estaba trabajando en las cuadras holandesas cuando ocurrió el accidente. Iba a montar a ‘Inox’, un caballo que me gustaba mucho por su carácter y porque parecíamos mantener una corriente de simpatía mutua. Pero, por primera vez, ese día parecía que todo iba mal. Yo no lograba concentrarme y el caballo no quería obedecer. Nos pusimos los dos nerviosos. Al final, Inox tuvo un pequeño percance que provocó que ambos cayésemos. La caída me produjo un fuerte impacto en los testículos contra la silla de montar. Perdí el conocimiento durante unos minutos.

¿Qué le dijo el primer médico que le atendió?
En urgencias me vio un urólogo que tras explorarme me observó en la zona un pequeño bultito, pero pensó que era consecuencia de la caída. Me recetó unos antiinflamatorios. Me advirtió de la posibilidad de quedarme estéril. Además me aconsejó un período de cuatro meses de descanso. Por este motivo, mi entrenador me dijo que a pesar de que estaba muy contento con mi trabajo y con mi pasión por los caballos no podía mantenerme lesionado durante tanto tiempo en la cuadra. Me aconsejó que volviera a España con mi familia. Ese fue el principio de su particular calvario. Toda mi vida cambió en cuestión de minutos.

Un accidente está a la vuelta de la esquina y le puede ocurrir a cualquiera. Al fin y al cabo, la equitación es un deporte de riesgo. Decidí hacerle caso al entrenador y ese mismo día me fui de las cuadras. Me despedí de mis amigos y de los caballos, incluido de mi favorito, ‘Inox’. A pesar del accidente que habíamos sufrido no le guardaba ningún rencor. Ahora sé que probablemente le debo la vida. Volví a España e intenté hacer una vida normal, pese al dolor que sufría. Mi madre estaba preocupada porque había trabajado muchos años en el ámbito sanitario y me aconsejó hacerme una radiografía para constatar que sólo era una simple inflamación o, por el contrario, que se había formado alguna masa en el testículo o había algún hematoma interno. Lo cierto es que la medicación que me había recetado el médico holandés no surtía efecto.

¿Cuándo se decidió a volver a pasar por el especialista?
Era el 2 de enero de 2007 y ya habían pasado 6 semanas desde el accidente. Acudí con mi madre a una clínica. Mi madre estaba muy preocupada. En la primera exploración, el médico ya me advirtió de que parecía tratarse de un tumor, debido a su gran tamaño. Ahora lo más importante era saber si era benigno o maligno. Ese mismo día me enviaron a otro hospital al norte de la isla para que determinaran la naturaleza del tumor. Allí decidieron operarme. Yo mantenía la esperanza de que fuera un error de diagnóstico. Era joven, no fumaba, no bebía, ni me drogaba, mantenía una vida sana y era muy deportista. Pero los médicos no se equivocaron. Después de analizar la masa intratesticular me dijeron que se trataba de un tumor germinal en estadío III de tipo coriocarcinoma. Lo que quiere decir que se trataba de un tipo de tumor maligno que en mi caso ya había producido metástasis en los pulmones y formación de líquido en la pleura.

¿Cómo afrontaron usted y su familia la mala noticia?
En el momento en que me informaron de que tenía cáncer, no pude reaccionar. No daba crédito. Soy una persona sana, que practico muchos deportes. Pero junto a mi madre y su familia, intentamos afrontarlo y extraer de esta experiencia algo positivo. Intenté no tomarlo como una enfermedad, sino como una lección de vida.

Iniciaron el tratamiento en otro centro ¿por qué decidieron cambiar y acudir a la Clínica Universidad de Navarra?
Fueron varias las razones. Yo había perdido la confianza en el centro donde me estaban tratando. En varias ocasiones me habían administrado medicamentos equivocados y los médicos se habían dado por vencidos. No veían ningún tipo de cura, ni de salida para mi caso. Por eso decidimos acudir a la Clínica Universidad de Navarra.

¿Cómo fue su llegada a Pamplona?
Llegamos por primera vez a la Clínica el 4 de mayo de 2007. Mi madre se puso en contacto con el doctor Gil Bazo, quien nos atendió muy bien y a quien debemos toda nuestra gratitud. Llegué acompañado de mi madre que ha sido mi mayor apoyo durante estos meses.

¿Qué diagnóstico les dieron los médicos de la Clínica?
Puedo decir que al doctor Gil Bazo, oncólogo de la Clínica, le debo la vida. Es una persona estupenda. En todo momento me dio los ánimos que me faltaban para poder enfrentarme a todo. Establecimos una confianza mutua. Al llegar pidió que me hicieran una serie de pruebas. Inicialmente, los resultados no fueron muy buenos. A la vista de esos primeros resultados se reunió todo el equipo de Oncología y decidieron el tipo de tratamiento más adecuado que me debían administrar.

Cuando el equipo de la Clínica le dio su opinión sobre el estado de la enfermedad ¿qué pensó?
Me sentí muy tranquilo. Por primera vez desde hacía meses pensé que podría llegar a superar la enfermedad y que si lo conseguía iba a ser gracias al equipo de oncólogos de esta Clínica. A principios de junio, para el tratamiento inicial, me pautaron dos meses de quimioterapia del tipo TIP. Al principio me sentí bastante mareado y con náuseas, incluso sufrí alucinaciones. Fue bastante duro pero, en cualquier caso, mejor que las quimioterapias que había recibido con anterioridad.

Además del tratamiento quimioterápico tuvo que someterse a un trasplante autólogo de médula ósea y dos intervenciones quirúrgicas.
Tras el buen resultado obtenido con la quimioterapia mis médicos consideraron necesario realizarme un autotrasplante de médula ósea tras la administración de altas dosis de quimioterapia, con la intención de reducir al máximo el tamaño de las metástasis pulmonares y permitir su extirpación posterior. El doctor Rifón, del Área de Terapia Celular, dirigió el trasplante, que resultó todo un éxito. Después, me intervinieron el pasado 3 de octubre. El doctor García Franco, del departamento de Cirugía Torácica, me operó el pulmón derecho para eliminar las múltiples metástasis que se me habían desarrollado en él. El 24 de octubre tuvieron que practicarme una última operación, esta vez en el pulmón izquierdo, donde también había metástasis.

A pesar de la severidad del tratamiento, su recuperación ha sido rápida
Después de la última operación estuve un día ingresado en la Unidad de Cuidados Intensivos y dos días y medio más en planta. Después me dieron el alta. A la semana de la operación ya había vuelto al trabajo. Me sentí muy bien y no tenía ningún dolor. Tenía ganas de empezar a vivir de nuevo. Puedo decir que ahora me siento mejor que nunca. Me siento como si nunca hubiera estado enfermo.

Ante una recuperación tan rápida como la suya ¿qué opinan los médicos que le han tratado?
Están muy contentos con mi recuperación y, sobre todo, con los resultados obtenidos. Al principio del tratamiento, los médicos pensaron que me tendrían que extirpar el pulmón izquierdo debido a las múltiples metástasis. Pero gracias a la quimioterapia y al esfuerzo de los médicos, conservo hoy en día ambos pulmones sanos.

¿Puede decir que la enfermedad le ha cambiado la vida?
Me ha cambiado totalmente la vida. Soy otra persona en el sentido de que valoro más las cosas y aprecio más a las personas que me han apoyado durante este año tan duro.

¿Ha cambiado su forma de ser?
Bastante. He pasado de ser una persona inconsciente, que hacía lo que le venía en gana, a ser una persona con sentimientos, que escucha a sus amigos y familiares. Ahora valoro lo que tengo y doy gracias a Dios por poder vivir cada día más.

¿Cuál sería su consejo para quienes están en una situación similar a la suya?
Le aconsejaría que nunca tire la toalla, que no se hunda, que aproveche los momentos que pase con los suyos. Si acude a la Clínica Universidad de Navarra le diría que tenga confianza porque está en buenas manos. La tecnología ha avanzado mucho y cada vez nos curamos más personas con cáncer.

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