Historias de la Clínica

trasplante de riñónJosean N.

Imagen Josean Nazábal

El paciente de Villava, de 26 años, ha podido comenzar a llevar una nueva vida gracias al trasplante de un riñón de su padre, con el que tiene incompatibilidad de grupo sanguíneo.

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El Departamento de Nefrología de la Clínica Universidad de Navarra cuenta con una experiencia de más de 40 años, tanto en el diagnóstico y tratamiento de las patologías del riñón, como en el trasplante de este órgano. Además somos uno de los primeros centros en realizar trasplante de donante vivo con incompatibilidad sanguínea.

“Estar ‘enchufado’ a la máquina 10 horas todos los días durante cinco años es muy duro”, afirma José Antonio N., padre y donante de Josean N., paciente de 26 años trasplantado de riñón. Es el segundo caso al que un equipo de especialistas de la Clínica realiza un trasplante renal ABO incompatible. Dos meses después de la intervención, padre e hijo se encuentran en perfecto estado de salud.

Diagnosticado de insuficiencia renal desde hace una década, Josean, trabajador de la empresa tasubinsa de Beriáin, ha podido desarrollar una actividad diaria relativamente normal gracias a someterse a un proceso de diez horas de diálisis peritoneal todas las noches. A sus 26 años todavía no le ha dado tiempo de asimilar las nuevas oportunidades que ahora le brinda la vida.

Diez horas al día conectado a la máquina de diálisis durante cinco años y medio ¿cómo condiciona esta circunstancia la vida de una persona de 20 años?
Josean (J.) –Desde esa edad, todos los días he tenido que someterme a diálisis. Todas las noches estaba en casa ‘enchufado’ a la máquina de diálisis durante 10 horas. De esta forma, durante el día podía estar libre para ir a trabajar.

A pesar de la máquina ¿era capaz de dormir bien?
J. –A todo te acostumbras. Dormía igual con la máquina que sin ella. Al principio me costó un poco más.

Durante el día ¿le permitía llevar una vida totalmente normal?
J. –Sí, bastante normal. Durante estos años he trabajado en Tasubinsa, una empresa de Beriáin.

Y su actividad social, la relación con los amigos, tan importante a su edad, ¿ha podido mantenerla?
J. –He podido quedar con los amigos, pero es cierto que por la noche ellos salían y yo me iba a casa. No es que me guste salir de noche, pero tampoco podía porque a las 10 de la noche tenía que conectarme a la máquina de diálisis.

Ahora podrá realizar actividades más acordes a su edad. cuando comenzó con la diálisis, ¿se habían planteado ya el trasplante?
José Antonio (J.A.) –Hace cinco años nos hicimos las pruebas de compatibilidad mi mujer y yo para donar a Josean un riñón. Yo era incompatible y por aquel entonces no existía esta forma de trasplante ABO incompatible. Mi mujer sí era compatible pero le detectaron problemas anatómicos en los riñones y tuvieron que descartarla como donante.

Se detuvo entonces la opción del trasplante de donante vivo y su hijo entró en la lista de espera de trasplante de cadáver.
J.A. –Sí. Nos llamaron dos veces para trasplante de cadáver en segunda opción. Siempre llaman a dos y nosotros éramos los segundos, pero no pudo ser. Tras cinco años el entonces coordinador de trasplantes de Navarra, el doctor Juan José Unzué, nos advirtió de que existía esta posibilidad, igual que la nefróloga del Hospital de Navarra. Ellos nos comentaron que ahora existía esta alternativa de donación renal entre personas con grupo sanguíneo incompatible. En concreto, mi hijo es 0 y yo soy A.

¿Les ha resultado un proceso muy complejo?
J. –No lo hemos vivido así. La verdad es que en pocas sesiones le han podido bajar la tasa de anticuerpos hasta llegar a la adecuada para poder trasplantarle. Yo tuve que someterme a dieta y perder 20 kilos, estaba en 100 y he tenido que quedarme en 80 kilos. Así que empecé a comer poco y a andar, y ahora estoy mejor.

Josean ¿cuál fue su reacción cuando le comentaron que su padre iba a poder donarle un riñón y que podría abandonar la diálisis?
J. –Me vi encantado, claro. Con tal de poder dejar de conectarme todas las noches a esa máquina… Es que las semanas que trabajaba de mañana tenía que estar conectado 9 horas por la noche y las que me tocaba de tarde estaba 10.

Transcurrido más de un mes de la intervención ¿ha sido ya capaz de asimilar el cambio que el trasplante del riñón de su padre le ha supuesto?
J.A. –Creo que todavía no le ha dado tiempo de asumirlo.

¿Ha sido largo todo el proceso que ha requerido el trasplante?
J.A. –No. Yo estuve en la UCI un día, dos días más en planta, y me fui a casa. Josean estuvo dos días en UCi y cuatro en planta y a continuación lo mandaron para casa. Ha sido todo muy rápido. Y ya hace una vida normal y come normal…

Supongo que llevará un control frecuente de la medicación para evitar el rechazo.
J. –Me van controlando y ajustando las dosis. Después de todo lo que hemos pasado hasta llegar aquí, esto me supone muy poco. Tendré que seguir viniendo con frecuencia. Mi padre terminará ahora las revisiones.

José Antonio, como padre y donante, cuando le pusieron sobre la mesa la posibilidad de dar uno de sus riñones a su hijo, ¿qué sensación tuvo?
J.A. –Sólo pensé que, como se podía hacer, había que hacerlo y seguir adelante con todo.

Además de alegría ¿no sintió cierto temor?
J.A. –No, no he sentido temor en ningún momento. Hasta el psiquiatra en el examen psicológico que hacen para el trasplante me preguntaba si tenía miedo, pero ya le dije que no. A mi mujer, Mª Carmen, le dijeron que esta seguridad no era normal, pero es que el que no ha vivido la experiencia de tener a un hijo en una situación así a lo largo de cinco años, no lo puede entender.

La noche anterior al trasplante, ¿cómo la pasaron anímicamente?
J. –Dormimos en la misma habitación. Estábamos los dos muy contentos. Hasta nos hicimos fotos. Y después también nos fotografiamos las cicatrices (risas).

Josean ¿cómo encara ahora su futuro?
J. –Lo primero, es que se me hace raro no dormir conectado a la máquina. Pero es mucho mejor. La verdad es que ya estoy muy bien y cada día me encuentro mejor. Aunque todavía tengo que recuperarme más. De ánimo estoy a tope, aunque siempre he sido optimista.

El no estar limitado por la diálisis debe abrir un amplio abanico de posibilidades en su vida.
J. –Sobre todo que ahora podré ir de viaje, de vacaciones, con los amigos o solo. El sitio me da igual. Y lo bueno es no tener que estar pendiente de la hora. Afronto la vida con muchas más ganas. También podré salir con los amigos. Además, antes estaba más cansado. Iba a trabajar y llegaba a casa fatigado y ya no hacía nada más en todo el día. Ahora cada vez me encuentro mejor.

El suyo ha sido un triunfo de toda su familia.
J.A. –Lo hemos conseguido entre todos. Mi mujer nos ha ayudado muchísimo. Y en la Clínica nos han atendido de maravilla, desde el primer momento nos explicaron con mucha claridad en qué iba a consistir y los riesgos que existían. Por parte de los médicos de los dos centros, del Hospital de Navarra y de la Clínica con la doctora Paloma Martín de referencia, ha ido todo muy bien.

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