Historias de la Clínica

osteosarcomaFRANCISCO C.

El joven onubense fue tratado hace diez años en la Clínica de un osteosarcoma en el fémur derecho mediante una intervención que consiguió conservar la extremidad.

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En los últimos 20 años hemos tratado un millar de tumores óseos primarios malignos. Somos el centro español con mayor experiencia en estas enfermedades.

Somos pioneros en la realización de la cirugía conservadora. En el 90% de los pacientes es posible conservar la extremidad afectada.

A los 15 años su única preocupación era encestar el mayor número de canastas, hasta que un bulto en su pierna derecha comenzó a crecer.

A Francisco C., natural de Paterna del Campo (Huelva) le diagnosticaron hace 10 años un osteosarcoma en el fémur derecho que truncó su futuro baloncestista en el equipo regional de su pueblo. Inicialmente, la única solución que le ofrecían en los centros hospitalarios a los que acudió pasaba por la amputación de la extremidad.

Hoy, a sus 25 años, Francisco puede asegurar que ha superado la enfermedad y ha conservado su pierna, lo que le ha permitido llevar una vida normal, superar sus estudios y seguir tocando el contrabajo. Se licenció el año pasado en Historia por la Universidad de Sevilla, estudios que ha complementado con un curso de especialización en Antropología en la Universidad de Siena (Italia). Aunque desea ejercer su profesión, entre tanto trabaja como camarero en un establecimiento de Sevilla.

¿Cuándo percibió que algo no iba bien?
Hace 10 años, entonces tenía 15. Notaba que un bulto estaba creciendo en mi pierna. Al principio no le di mucha importancia y lo achaqué al baloncesto, pero me empecé a preocupar cuando vi que no desaparecía.

¿Qué soluciones le ofrecían los médicos que visitaron inicialmente?
Fui a un hospital andaluz y me dijeron que tenía un tumor. Nos dieron pocas esperanzas. Nos dijeron que estaba claro que perdía la pierna. Ante este diagnóstico movimos cielo y tierra para acudir a la Clínica Universitaria de Navarra. No teníamos mucho dinero. Somos una familia con los recursos justos para no sentir grandes necesidades. Así que varios amigos de mis padres empezaron a recoger fondos y para ello crearon la asociación “Paterna por la vida”, gracias a la cual pudimos costear el tratamiento.

¿Por qué decidieron acudir a la Clínica Universitaria de Navarra?
Porque un amigo de mis padres, que es dentista, nos lo aconsejó. Nos dijo que era el centro con mayor experiencia en tratamientos de enfermedades oncológicas en general y de osteosarcomas en particular.

Una vez en la Clínica Universitaria, ¿qué expectativas les ofrecieron?
En ningún momento nos dijeron que fuera a perder la pierna. Recuerdo que por no dañar más el hueso nos pidieron el resultado de la biopsia que me habían hecho en otro hospital, para no tener que practicarme otra. Tanto mis padres como yo nos quedamos asombrados con el trato que el personal de la Clínica tuvo con nosotros. Aquí los profesionales eran sencillos, y eso nos gustó. En la Clínica Universitaria todo fue más humano.

¿En algún momento tuvo miedo?
Seguramente sería por la edad, pero al ser menos consciente de lo que me pasaba, no tuve miedo. De pronto me vi en una nueva situación en mi vida y la fui llevando como pude. Prácticamente no me di cuenta de nada. Cuando me operaron reconozco que sí pasé algún temor y también recuerdo el continuo malestar de la quimioterapia, pero no le di importancia al dolor, sino al sentir que no era totalmente dueño de mi cuerpo después de una operación seria como aquella. Al principio me dijeron que tendría que someterme a quimioterapia durante un año, pero luego lo redujeron a 6 meses y me añadieron sesiones de radioterapia, por lo que todo resulto más llevadero de lo que tenía pensado en principio. Pasé dos años con muletas.

¿Alguna vez perdió la esperanza de poder superar la enfermedad?
Me agobiaba verme obligado a permanecer en la cama tanto tiempo y sin poder moverme. Me enfadaba conmigo mismo y no paraba de ir con las muletas de un lado a otro como un loco.

¿La enfermedad cambió su vida?
Tuve que servirme durante dos años de muletas para poder andar y esto me limitó bastante para llevar una vida normal. Incluso aprendí a hacer acrobacias con las muletas. Pero considero que me ha ayudado a forjarme, a moldear el carácter que hoy tengo, y eso me gusta y lo veo positivo.

Diez años después ¿puede decirse que está curado?
Sí, el doctor Salvador Martín Algarra, que fue, entre otros, el especialista que me trató, me ha dicho que es más probable que tenga otra enfermedad antes que volver a tener problemas con la pierna.

¿Qué le diría a alguien que se ve en su misma situación?
Es una cuestión de empeño, de “encabezonarse” y decir: “de esta salgo como que me llamo Manolo o María”. Creo que cuando estás en una situación así te haces más fuerte. La fuerza sale de dentro.

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