Historias de la Clínica

ventrículo artificialÁngel S.

Imagen Ángel Sánchez

Dada la grave insuficiencia cardiaca que presentaba, hace cuatro meses le implantaron un ventrículo artificial que le permite realizar una vida muy próxima a la normalidad.

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Los antecedentes médicos de Ángel Luis S. eran en sí mismos “de infarto”. Diez cateterismos, siete stents y dos angioplastias (dilataciones) en las arterias coronarias, siete ictus cerebrales y otros tantos paros cardiacos habían dejado la capacidad de su corazón bajo mínimos. Con esta historia clínica su perfil era el de un claro candidato a trasplante de corazón. Sin embargo, su complicado estado de salud sumaba en su haber hipertensión, diabetes e insuficiencia renal entre otras patologías relevantes.

Dada la precariedad de su corazón, tres años antes, en 2008, a este madrileño de nacimiento y navarro de adopción tuvieron que implantarle en la Clínica Universidad de Navarra un desfibrilador. “Gracias a este dispositivo hoy sigo vivo porque me dio tres o cuatro descargas seguidas tras las que acudí deprisa al Hospital Reina Sofía de Tudela. Allí comprobaron que el desfibrilador había conseguido remontarme de tres infartos”, recuerda. Sus primeros problemas de salud comenzaron en 2001 con un diagnóstico de hipertensión muy elevada. Pero no fue hasta 2003 cuando su estado empeoró al manifestársele una diabetes y sufrir el primer ictus cerebral y el primer infarto de miocardio.

Camionero de profesión, Ángel Luis y su esposa, Marta, decidieron hace siete años trasladar su domicilio a Navarra, con el fin de llevar una vida más tranquila. Cadreita, la localidad en la que actualmente residen, se ubica a mitad de camino del trayecto que debía realizar habitualmente con el camión.

Desde entonces el seguimiento de su atención médica lo han llevado en el Hospital Reina Sofía de la capital ribera. Ante el creciente agravamiento de su salud, desde el centro hospitalario de Tudela decidieron derivarlo a la Clínica Universidad de Navarra para valorar un trasplante u otra alternativa. A la vista del historial médico de Ángel, el equipo médico que le examinó en la Clínica, en concreto el de cirugía cardiaca, dirigido por el doctor Gregorio Rábago, determinó que la mejor opción era la colocación de un ventrículo artificial (HeartMate II) de forma permanente. El dispositivo funciona en paralelo al corazón, impulsando la sangre para conseguir que su circulación alcance a todo el organismo.

Una vez en la Clínica y estudiado su historial clínico por los facultativos, el doctor Rábago le propuso una solución innovadora.
Nos dijo que mi corazón se encontraba en tan mal estado que ya no me servía. Las opciones que nos planteó eran la implantación de este dispositivo o esperar a que surgiera un corazón de donante válido para mí. Optamos por el sistema del ventrículo artificial.

¿Por qué se decantaron por esta opción?
Porque nos lo aconsejó el doctor Rábago. Nos dijo que era lo mejor en mi situación. Como tengo mucha confianza en él, le dije: adelante. Pensé que me encontraba al 50% y que me tenía que arriesgar. Y ha salido bien.

¿Le ha resultado compleja la adaptación a este dispositivo?
Me operaron el 26 de septiembre y el 27 por la tarde ya estaba de pie. Muy cansado, pero de pie. En la UCI estuve ingresado cerca de una semana.

¿Cómo fue la operación?
Duró más de 5 horas. La recuperación posterior ha sido muy buena. He estado rodeado de muy buenos profesionales.

¿Sabe que la suya ha sido una de las primeras intervenciones para implantar este dispositivo de forma permanente?
Me lo advirtió el doctor Rábago y no me lo pensé porque estaba en las condiciones que estaba, a menos del 50%. Tengo mucha confianza en él. Echo la vista atrás y me acuerdo de cómo me encontraba y pienso que me podía haber pasado cualquier cosa con el camión. Una vez me salí de la carretera, pero tuve suerte de que no volcar y pude hacerme con el vehículo. Todo se quedó en un susto.

Semanas después de la intervención, ¿advierte ya diferencias respecto a su anterior estado de salud?
Mi estado actual es una maravilla respecto a cómo me encontraba antes. Me cansaba muchísimo. Aunque intentaba disimularlo y tirar para adelante, pero mi mujer y mis tres hijos me mentalizaron y me dijeron que no podía seguir así porque me iba a ir. Entre unos y otros me convencieron de que había que apostar todo y seguir adelante. La principal diferencia que he notado es que no me canso. El primer cambio lo he sentido en la pierna izquierda porque me dolía mucho al andar, se me agarrotaba, y aunque todavía no he caminado largas distancias, ya he comprobado que puedo andar y que voy muy bien.

¿Cómo es actualmente su vida?
Hago una vida normal, como la de antes. Una vida familiar. No soy muy de amigos porque las reuniones suelen ser en el bar y el ambiente que hay allí no me beneficia. El cambio principal es que llevo encima dos ordenadores. Si uno falla, el otro entra en funcionamiento. El dispositivo tiene su fuente de energía en dos baterías que llevo incorporadas en un cinturón. Cuando llego a casa dejo las dos baterías y me enchufo a la red a través de un ordenador. Me he adaptado perfectamente a dormir con este dispositivo.

Después de años con una salud tan precaria, ¿qué espera ahora del futuro?
Espero mejorar cada día y que con ayuda de la familia y un poco que ponga de mi parte tengamos el tema resuelto. Estoy muy contento. No me lo creo todavía. Además sé que cada día mejoro y que todavía voy a mejorar más. Así que estoy encantado por mí pero, sobre todo, por mi familia porque lo han pasado muy mal.

¿Cómo describiría su estancia en la Clínica?
Perfecta. El trato que he recibido merece un diez sobre diez. En todos los servicios, en todos los turnos y por parte de todos los profesionales. Son grandes profesionales. Supongo que serán con todo el mundo igual, pero cuando estás un poco decaído y te encuentras mal, que te traten así de bien, que te arropen y te mimen, es muy importante. Dadas mis anteriores circunstancias no me puedo creer lo bien que estoy ahora. La verdad es que la cirugía ha experimentado grandes avances.

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