Historias de la Clínica

osteosarcomaPEIO

Imagen de Peio y su familia, niño con un osteosarcoma tratado en la Clínica Universidad de Navarra

El paciente Peio N. junto a sus padres. Tras el tratamiento para el osteosarcoma, Peio, ya muy recuperado, continúa utilizando una muleta ocasionalmente.

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En los últimos 20 años hemos tratado un millar de tumores óseos primarios malignos. Somos el centro español con mayor experiencia en estas enfermedades.

Somos pioneros en la realización de la cirugía conservadora. En el 90% de los pacientes es posible conservar la extremidad afectada.

“Hace un año, aprovechando las vacaciones escolares, fuimos a esquiar. Resulta que a Peio no podíamos atarle una de las botas. Nos pareció algo muy extraño y, al mirarle, vimos que tenía la zona del tobillo muy abultada”, recuerda Mónica S., madre del paciente de 11 años, Peio N.

Con tal motivo, esta familia guipuzcoana, de la localidad de Hondarribia, acudió al médico con el niño. El diagnóstico no se hizo esperar: “Peio tenía un tumor, un osteosarcoma, y había que tratarlo rápidamente”.

A su corta edad, el propio paciente asegura encontrarse bien, “y que el tratamiento ha ido bien. En la última revisión me lo han dicho y estoy muy contento”. A día de hoy, Peio, gran aficionado al fútbol y en concreto al equipo de su tierra, la Real Sociedad, apunta que de momento utiliza una muleta para andar de vez en cuando y que su actividad deportiva actual se centra en nadar y andar en bici.

El paciente indica que la terapia “no ha sido tan dramática como se puede pensar. Además, cuando volví al colegio después del tratamiento, me recibieron súperbien”. En cuanto a la actividad escolar, su madre confirma el buen acogimiento de sus compañeros: “La experiencia de Peio les ha servido a todos para desdramatizar y tratar esta enfermedad como una más”.

Con ese abultamiento que advirtieron al ponerle la bota de esquiar, ¿Peio no se había quejado? Alguna vez se había quejado, pero pensamos que eran “crecederas”. Además, la cuestión era un poco caprichosa porque no se quejaba siempre, sino que coincidía que se quejaba cuando hacía deporte. Por eso pensábamos que no tenía ganas de deporte. Luego piensas: ‘Y si le hubiésemos hecho caso...’.

¿Por qué decidieron traer a su hijo a la Clínica?

Yo tengo una buena amiga mía que trabaja aquí. Me dijo que pidiera opinión a los especialistas de la Clínica. Al llegar, nos explicaron cómo iba a ser el tratamiento, la cirugía y la quimioterapia, y vimos que iba a ser diferente al de otros centros. Nos explicaron la técnica quirúrgica del doctor San Julián y la de aplicación de la quimioterapia intrarterial del doctor Bilbao, que va directamente al tumor y nos decidimos por el tratamiento de la Clínica. La verdad es que ha sido un lujazo.

Una intervención ideada por el doctor Cañadell hace ahora 30 años pero que sigue despertando el interés de todo el mundo.

Es cierto, porque a la operación de Peio vinieron unos especialistas de Birmingham y estuvieron viéndola en quirófano mientras el doctor San Julián operaba.

Ahora se les ve muy bien a toda la familia. ¿Cómo reaccionaron cuando le diagnosticaron a Peio el osteosarcoma?

Éramos conscientes de la gravedad, pero creo que, cuando se ve solución, estas cuestiones hay que llevarlas de una manera un poco naïf, sin plantearse mucho más allá, porque si no te puedes venir abajo. Y lo cierto es que ha salido todo de maravilla.

La de Peio fue una intervención con público experto. ¿Le dio buenas noticias el doctor San Julián al salir del quirófano?

Él salió a decirnos que todo había salido bien. Le acompañaban los doctores ingleses que habían venido a presenciar la cirugía. Entonces el doctor San Julián les preguntó qué habrían hecho ellos ante un caso como el de Peio. Y ellos dijeron: ‘amputar’. Entonces pensé: ‘nos hemos librado de una gorda’.

A pesar de lo bien que se encuentra Peio, el conjunto del tratamiento debe ser muy duro y más para un niño.

Ha sido duro. A partir de abril del año pasado, le dieron 10 sesiones de quimioterapia cada tres semanas con las consecuencias típicas de la quimio: vómitos, etc... En todo el proceso, Peio no ha tenido ni una décima de fiebre. Además tenemos la suerte de vivir en Fuenterrabía, a tan sólo una hora de Pamplona. Mientras estuvo ingresado en la Clínica, hacíamos turnos de 24 horas, por lo que no nos ha supuesto ningún gran esfuerzo.

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