Rubor facial 

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Diagnóstico y tratamiento del rubor facial en la Clínica

El diagnóstico del rubor facial comienza por una valoración dermatológica y psicológica.

Es el especialista en Dermatología quien evalúa al paciente. Al tratarse de una patología con unos síntomas tan característicos, no es necesario realizar ninguna prueba adicional.

El tratamiento del rubor se realiza desde un punto de vista multidisciplinar, con la participación de especialistas en dermatología, psicología clínica y cirugía torácica, que analizan las características individuales del paciente y del problema que presenta antes de proponer el tratamiento a seguir.

En los casos más severos, se recurre a la cirugía, con un porcentaje de éxito del 80%.

La Clínica ha desarrollado una nueva técnica, la radiofrecuencia percutánea, para aquellos pacientes que presentan contraindicaciones a la cirugía o no quieren pasar por un quirófano.

¿Quiere saber más sobre la Unidad de Hiperhidrosis?

Trabajamos de manera coordinada para evaluar el problema de una manera global, ofreciendo la mejor solución en cada caso.

En la Clínica hemos desarrollado un tratamiento alternativo consistente en la aplicación de radiofrecuencia percutánea, con control radiológico, encargada de transmitir los impulsos nerviosos desencadenantes del sudor".

El planteamiento que se realiza es de tipo multidisciplinar, con la participación de especialistas en dermatología, psicología clínica y cirugía torácica, que analizan las características individuales del paciente y del problema que presenta antes de proponer el tratamiento a seguir.

Desde el punto de vista psicológico, se trabaja con los pensamientos y las atribuciones o interpretaciones que el paciente realiza de sus síntomas para rebatir sus creencias erróneas, porque tales creencias repercuten en la intensidad de los síntomas que presenta. Se enseñan al paciente técnicas para el manejo y control de la ansiedad y se realiza un programa de exposición paulatina a las situaciones temidas. 

En el caso de que los tratamientos dermatológicos y psicológicos no den los resultados deseados, se plantea un abordaje de tipo psiquiátrico con un tratamiento psicofarmacológico y, en los casos más severos en que tampoco el tratamiento psiquiátrico ofrece los resultados deseados, se plantea la posibilidad de un tratamiento quirúrgico.

La cirugía se contemplará como la última opción dentro del abordaje terapéutico de estos enfermos. Lo primero será intentar controlar la enfermedad desde el punto de vista médico y psicológico. Aquellos casos que no respondan bien a dichos tratamientos podrían ser candidatos para recibir un tratamiento quirúrgico.

La operación se lleva a cabo bajo anestesia general y consiste en practicar 1 incisión de aproximadamente 2 cm, en cada lado del tórax, por donde se introduce una óptica para localizar la cadena simpática ganglionar torácica. Esta es la vía nerviosa por donde se transmiten los impulsos nerviosos que generan el rubor facial.

Una vez localizada esta se secciona a un nivel determinado, a la altura del segundo ganglio simpático torácico. De esta manera dejan de transmitirse impulsos nerviosos por dicha cadena y por consiguiente se frena el rubor facial.

El procedimiento requiere de un ingreso de 24 horas y a la semana el paciente se suele reincorporar a su vida normal.

El principal efecto indeseado es la sudoración compensatoria. Esta se presenta en aquellos sujetos que además de rubor presentan hipersudoración de cara, manos o axilas. Lo que se produce es un aumento de la sudoración de áreas que antes no sudaban como el tronco o las ingles. En la mayoría de los casos esta es de carácter leve y se tolera bien.

Aproximadamente el 80% de los pacientes refieren mejoría en su calidad de vida tras la intervención.

Esto quiere decir que notan un descenso en la intensidad del rubor facial o una completa remisión de este, lo que les permite mejorar su vida personal y social.

 

Es conveniente evaluar al enfermo al mes, a los 6 meses y al año tras la intervención. Así se estudia adecuadamente el beneficio psicológico y social que le haya podido reportar la intervención.

La Clínica ha desarrollado la utilización de la radiofrecuencia percutánea para el rubor facial, que es un procedimiento indoloro, sin anestesia general ni ingreso hospitalario, que se aplica como alternativa a la cirugía para resolver casos severos de sudoración excesiva.

Su objetivo es interrumpir los impulsos nerviosos en determinados niveles de la cadena simpática mediante la utilización de ondas de radiofrecuencia.

El tratamiento tiene una duración aproximada de una hora, es ambulatorio y sólo requiere leve sedación y anestesia local. El procedimiento consiste en realizar punciones en diferentes puntos de la espalda mediante una aguja conectada a un equipo emisor de ondas de alta frecuencia.

La temperatura elevada consigue interrumpir la conducción del impulso nervioso generador del la ruboración, lo que contribuye a aliviar la sintomatología del paciente. La radiofrecuencia percutánea se realiza mediante control radiológico, bien en quirófano ambulatorio o bien guiado por TAC.

Saber más sobre el rubor facial

El rubor facial es una reacción fisiológica natural y cotidiana que cualquier persona puede experimentar en alguna situación de su vida y que está desencadenada por situaciones que activan nuestro sistema de alerta o se produce ante estímulos físicos o psicológicos.

El problema surge cuando esta reacción de ruboración es excesiva en su intensidad o frecuencia, o se presenta sin que exista ningún estímulo externo que la provoque.

En este caso estamos hablando de rubor facial patológico, un problema serio que puede llevar a la persona afectada a una clara limitación en su vida social o laboral, con el consiguiente malestar psicológico que ello conlleva.

El hecho de que el rubor no se pueda controlar voluntariamente o pueda ponerse en marcha sin motivo alguno, simplemente ante un pensamiento y en los momentos menos deseados, hace que la persona desarrolle en muchas ocasiones un miedo o fobia a enrojecer, lo que se denomina una ereutofobia, en la que la sola idea de enrojecer hace que se produzca la reacción de ruboración

¿Cuáles son los síntomas más habituales?

  • Ansiedad
  • Enrojecimiento facial
  • Sudoración profusa
Ciertas personas afectadas de hiperhidrosis o rubor facial incontrolable pueden beneficiarse de una técnica quirúrgica que logra corregir su afectación en más de un 80% de los casos.

En muchas ocasiones la fobia a enrojecer, al igual que la hiperhidrosis, es un síntoma más de la denominada fobia social, que es un trastorno de ansiedad caracterizado por un temor persistente a situaciones sociales o actuaciones en público, en las que el sujeto teme actuar de forma humillante o embarazosa.

Además de estos síntomas (rubor e hiperhidrosis), los pacientes suelen presentar otros síntomas físicos en las situaciones de relación social, tales como palpitaciones o temblor y es frecuente que presenten déficits en las habilidades sociales, con tendencia a evitar situaciones de relación social y a aislarse, así como una autoestima deteriorada.

En este contexto psicopatológico, el problema suele radicar en la importancia que el paciente da al síntoma (el rubor, la hipersudoración... ), la atención excesiva que presta a sus sensaciones internas y las atribuciones o interpretaciones que hace de los mismos.

Los factores que desencadenan la ruboración son los mismos que los que originan la hiperhidrosis (sudoración exagerada de alguna zona del cuerpo) en manos o axilas.

En general, se trata de situaciones que provocan estrés en la persona, normalmente relacionadas con contextos sociales (hablar en público, temor a ser observado o a permanecer en compañía de otras personas...); es muy extraño que el temor a enrojecer se presente cuando se está sólo.

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