Hepatitis 

un 90% de las hepatitis B se curan

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Diagnóstico y tratamiento de la hepatitis en la Clínica

El dato que inicialmente lleva al diagnóstico es el aumento de los niveles en sangre de las transaminasas, enzimas que son liberadas a la sangre por la muerte celular producida por la inflamación del hígado.

Esta elevación puede ser muy importante en las hepatitis agudas, y es leve o moderada en las hepatitis crónicas.

A partir de ahí, el diagnóstico se completa con otras determinaciones analíticas que, además, ayudarán a encontrar la causa de la hepatitis y a determinar su severidad y su pronóstico.

Para el diagnóstico definitivo es necesario en muchos casos realizar una biopsia hepática.

Las hepatitis agudas por virus A y E no se tratan, debido a que la mayoría se curan espontáneamente. Únicamente hay que seguir su evolución para vigilar si hay casos de evolución muy agresiva o fulminante.

Tratamiento de las hepatitis agudas:

  • La hepatitis aguda por virus B tampoco se trata, siguiendo su evolución para evitar complicaciones y valorar su posible cronificación.
  • La hepatitis aguda C, dada su alta tasa de cronificación, se trata con interferón alfa.

Las hepatitis crónicas, debido al potencial desarrollo de cirrosis, habitualmente se tratan siempre bajo supervisión del especialista.

  • La hepatitis crónica B se trata con fármacos antivirales, como interferón alfa, lamivudina, adefovir dipivoxil, entecavir, o con combinaciones de estos fármacos.
  • La hepatitis crónica C también se trata con medicamentos antivirales. Actualmente el tratamiento indicado es la combinación de dos medicamentos, el interferón alfa pegilado y la ribavirina. La hepatitis delta se trata también con interferón alfa.
  • Por último las hepatitis autoinmunes se tratan con corticoides, y, en muchas ocasiones, con otros fármacos inmunosupresores asociados, como azatioprina, ciclosporina, tacrolimus o micofenolato.

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La Clínica lleva a cabo numerosos estudios de investigación en relación con las hepatitis virales, y pone a su disposición la más avanzada tecnología y los últimos avances terapéuticos.

Existe una vacuna muy eficaz y segura que previene la infección por el virus B y, consiguientemente, la sobreinfección por virus delta que sólo ocurre en portadores del virus B.

Saber más sobre la hepatitis

Las hepatitis son un grupo de enfermedades caracterizadas por producir inflamación del hígado.

Cuando esta inflamación ha aparecido recientemente hablamos de hepatitis aguda y a los procesos que duran más de seis meses les llamamos hepatitis crónicas.

 

 

Tipos más frecuentes de hepatitis virales:

La hepatitis aguda puede no producir ningún síntoma y pasar desapercibida para el enfermo. En otras ocasiones pueden existir síntomas inespecíficos, como malestar general, cansancio, náuseas. Además, en algunos casos se desarrolla ictericia, es decir, pigmentación amarilla de la piel y las mucosas, que se acompaña de orinas de color oscuro (coluria) y deposiciones blancas o amarillentas (acolia).

Las hepatitis crónicas también se caracterizan por producir muy pocos síntomas y, en muchas ocasiones, se diagnostican de forma casual al realizar análisis por otros motivos.

Cuando existen síntomas, los más frecuentes son cansancio, molestias leves e inespecíficas en lado derecho del abdomen o trastornos leves de la digestión.

Numerosas causas son capaces de producir hepatitis, bien como única manifestación o bien en el conjunto de una enfermedad que puede afectar a otros órganos y sistemas.

A efectos prácticos, podemos dividir las posibles causas de hepatitis en tres grandes grupos: agentes vivos, fármacos o tóxicos, y un último grupo de enfermedades de causa desconocida, en el que aún tendríamos que incluir el todavía numeroso grupo de enfermos en el que la medicina no es capaz de identificar una causa para su hepatitis.

En el primer grupo de agentes vivos encontramos los virus de las hepatitis, que son, con diferencia, la causa más frecuente de hepatitis en nuestro entorno.

Aunque el "abecedario" de las hepatitis se ha ido incrementando en los últimos años, los virus más comunes son los A y E -causantes de hepatitis agudas epidémicas, transmitidas por el agua o alimentos contaminados- y los virus B, C y delta,-causantes tanto de hepatitis agudas como crónicas-, que se transmiten fundamentalmente por vía parenteral, es decir, a través de transfusiones, agujas contaminadas o por las relaciones sexuales.

El segundo grupo, los fármacos y tóxicos, está encabezado por el alcohol. La ingesta de bebidas alcohólicas constituye una de las principales causas de hepatitis en el mundo occidental. Algunos fármacos también son capaces de producir hepatitis, sobre todo agudas, pero son una causa poco frecuente de hepatitis crónica.

Por último, el capítulo de enfermedades de causa no conocida, en el que se incluyen la hepatitis autoinmune, en la que el propio sistema inmune del enfermo daña su hígado, y la hepatitis criptogenética (sin causa conocida) propiamente dicha.

Las hepatitis virales son enfermedades transmisibles, y, por tanto, potencialmente se pueden prevenir.

La trasmisión de los virus A y E se produce a través del agua y alimentos contaminados, por lo que una buena higiene en la alimentación y un tratamiento adecuado del agua y los alimentos puede ayudar a prevenir el contagio. Además, para el virus de la hepatitis A existe una vacuna muy eficaz que ya se está empezando a incluir en los calendarios de vacunación.

Los virus B, C y delta se transmiten por la sangre y por las relaciones sexuales, aunque el virus C es muy poco eficaz en su transmisión por vía sexual. Los bancos de sangre examinan todas las muestras para descartar la infección por estos virus, por lo que el contagio se ha reducido enormemente en los últimos años.

Existe una vacuna muy eficaz y segura que previene la infección por el virus B y, consiguientemente, la sobreinfección por virus delta que sólo ocurre en portadores del virus B. Esta vacuna está ya incluida en el calendario vacunal. Desgraciadamente no existe todavía vacuna que prevenga la infección por el virus C.

Las hepatitis autoinmunes, de causa desconocida, no pueden prevenirse.

Las hepatitis agudas epidémicas, producidas por los virus A y E, nunca se hacen crónicas, y se curan espontáneamente en la mayor parte de los casos, aun cuando menos del 1 por ciento puede tener un curso fulminante que requiera tratamiento urgente e incluso trasplante hepático.

La hepatitis B aguda se cura en un 90 por ciento de los casos, pero el 10 por ciento restante evoluciona hacia una hepatitis crónica.

La hepatitis aguda por virus C se hace crónica hasta en un 80-90 por ciento de los casos.

La hepatitis autoinmune es siempre crónica. Todas las hepatitis crónicas pueden evolucionar hacia una cirrosis hepática, con las complicaciones que de ella pueden derivarse.

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