Diabetes gestacional

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PREGUNTAS MÁS FRECUENTES

Estas preguntas más frecuentes sobre la diabetes gestacional le ayudarán a conocer mejor su enfermedad y participar activamente en las decisiones sobre su propio cuidado.

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El embarazo es un estado diabetógeno que produce una leve elevación del azúcar en la sangre. Este estado genera hormonas en grandes cantidades. Una de ellas es el lactógeno placentario, que produce cierta resistencia a la acción de la insulina.

Las pacientes que, sin ser diabéticas antes producen unos niveles de azúcar en sangre suficientemente elevados durante el embarazo, se puede decir que han desarrollado una diabetes gestacional.

Estas pacientes tienen menos riesgos que las que presentan diabetes previa al embarazo, pero también deben controlarse y tratarse.

La diabetes gestacional aumenta el riesgo de diversas complicaciones obstétricas como son: sufrimiento fetal, macrosomía, muerte intrauterina, partos por cesárea y problemas neonatales.

Lo primero que nota un paciente con diabetes es que tiene mucha sed porque también orina mucho. El azúcar se pierde por la orina y hace que se produzca mucha orina para poder eliminarlo. Además suelen tener mucha hambre.

Hay otras manifestaciones que se derivan de las complicaciones de la diabetes, como alteraciones en los nervios, neuropatía, o un coma diabético que es una complicación seria.

A largo plazo, la enfermedad, cuando no se controla bien la glucemia, puede producir alteraciones en los vasos sanguíneos más pequeños, los capilares, y afectar al riñón y a la retina, lo que favorece a que aparezcan arterioesclerosis y nefropatía.

Existen diversas circunstancias que aumentan el riesgo de padecer una diabetes gestacional. Es importante conocerlos para realizar los controles oportunos y evitar complicaciones:

  • Antecedentes familiares de diabetes.
  • Embarazo a una edad mayor de 35 años.
  • Antecedentes de un anterior parto con un bebé con peso mayor de 4 kg.
  • Antecedentes de abortos espontáneos.
  • Hipertensión arterial.
  • Sobrepeso u obesidad antes del embarazo.

Lo más importante es controlar adecuadamente los niveles de azúcar en la madre con dieta, ejercicio ligero y, si es necesario, insulina. En ocasiones es necesario ingresar a la madre hasta conseguir los mejores niveles y perfiles de azúcar. No se deben tomar antidiabéticos orales.

Aunque ya se haya instaurado el tratamiento adecuado, se tienen que hacer análisis con frecuencia: glucemia en ayunas, perfiles con la dieta establecida y curvas de glucemia.

Los períodos de ayunas deben ser cortos y la madre no debe tomar bebidas alcohólicas ni fumar.

Hay que vigilar el crecimiento fetal y monitorizar su bienestar desde la semana 34 de embarazo. Si no se controla bien la glucemia, se puede valorar acabar antes si el feto es maduro. Si los controles son adecuados, no hace falta inducir el parto antes de la semana 40.

Si la diabetes era de riesgo, con alteraciones vasculares, es posible que se produzcan alteraciones del crecimiento y sea necesario entonces tomar las medidas oportunas: reposo, alimentación adecuada, y, en caso de riesgo, inducir el parto.

En principio el parto debe intentarse por vía vaginal salvo cuando por otros motivos se deba considerar la cesárea. La diabetes en sí misma no es una indicación de cesárea.

Efectos en la madre
  • Descompensaciones en el nivel de azúcar de la sangre
  • Es más frecuente que se produzcan cetoacidosis o hipoglucemias, si el control es deficiente o excesivo respectivamente
  • Facilidad de adquirir infecciones vaginales por hongos, pielonefritis, etc.
  • El volumen de líquido amniótico puede ser mayor de lo normal
  • Aparecen con más frecuencia alteraciones de la tensión arterial
  • En el parto, como los fetos suelen ser más grandes, existe el riesgo de desgarros de la vagina y más necesidad de utilizar instrumental
 
Efectos en el feto
  • Si el nivel de azúcar en la sangre materna es elevado al comienzo del embarazo, existen más posibilidades de producirse abortos espontáneos y malformaciones fetales.
  • Si la diabetes es previa al embarazo y ya hay alguna complicación vascular, se pueden añadir los riesgos derivados de ello: insuficiencia placentaria (la placenta no funciona suficientemente bien como para nutrir al feto) con retraso de crecimiento y/o sufrimiento fetal intraútero.
  • El aumento del azúcar en la sangre de la madre también induce aumento del azúcar en la sangre del feto y una secreción alta de insulina fetal para compensarla.
  • El efecto de la insulina al introducir el azúcar en las células, entre otros, se traduce como un aumento del tamaño, más crecimiento fetal, acumulación de grasa. Pero al nacer ese aumento de insulina actúa de otro modo, induciendo hipoglucemias, por lo que son al nacer niños grandes pero frágiles. 

La diabetes previa al embarazo no tiene por qué agravarse tras este. Tienen que hacerse controles y determinar la nueva dosis de insulina.

La diabetes inducida por el embarazo, tipo A1 y A2, sí tiene más riesgo de provocar que la madre desarrolle en un futuro diabetes tipo 2. Salvo en este caso y las complicaciones propias derivadas del embarazo y parto, no existen otros riesgos añadidos.

El test de O’Sullivan es la prueba que confirma si existe diabetes gestacional.

Para el diagnóstico de posible diabetes inducida por el embarazo, uno de los signos externos es una importante ganancia de peso de la madre entre una y otra visita al médico.

Si una mujer presenta este aumento, se llevará a cabo una prueba de “screening” o despistaje de diabetes. A este análisis se le llama “test de O'Sullivan”. Debe realizarse entre las semanas 24 y 28. Si está alterado, debe hacerse la curva de glucemia, en ayunas, con 100 g de glucosa durante tres horas. El diagnóstico se hace si hay dos o más datos elevados incluyendo el de ayunas.

Generalmente, la diabetes de las mujeres que se quedan embarazadas es de tipo 1, porque suelen ser jóvenes.

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