Cáncer de cérvix uterino 

el
80-100 %
de curación cuando se diagnostica de manera precoz

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Diagnóstico y tratamiento del cáncer de cérvix uterino en la Clínica

El proceso diagnóstico cuando se sospecha un cáncer de cérvix uterino consiste en los siguientes pasos:

  • Exploración clínica que incluye la inspección y palpación del cuello uterino.
  • La colposcopia (lupa de aumento) ayuda a ver lesiones invisibles a simple vista.
  • La citología, aunque esencialmente utilizada para la prevención, puede colaborar a la sospecha del cáncer.
  • Biopsia de cualquier zona sospechosa mediante pinzas específicas para ello, en la consulta y sin necesidad de anestesia o mediante "asa de diatermia" (bisturí eléctrico) con anestesia local también en la consulta.
  • Conización: biopsia en forma de cono que permite un estudio más completo de la lesión que la biopsia convencional.

Cuando se ha encontrado una lesión cancerígena, realizamos la biopsia del ganglio centinela para conocer si existe afectación ganglionar y si la cirugía puede ser más conservadora.

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En la Clínica se ofrece un tratamiento individualizado, de vanguardia y multidisciplinar. Nuestras pacientes se benefician de un plan de tratamiento en el que además del ginecólogo oncólogo, intervienen oncólogos médicos, oncólogos radioterapeutas y patólogos trabajando en equipo de manera rápida y coordinada.

Para pacientes jóvenes con deseos de fertilidad, si el tumor es menor de 2 cm. y no hay afectación de ganglios linfáticos, puede proponerse un tratamiento quirúrgico conservador que extirpa sólo la parte del cuello uterino afectada, así como los ganglios linfáticos".

Cuando todavía no es un cáncer invasor (carcinoma "in situ"), se puede tratar mediante conización o histerectomía dependiendo esencialmente de los deseos de fertilidad y de algunos hallazgos pronósticos evidenciados tras el análisis.

En el cáncer invasor, se requiere un tratamiento más extenso o radical. La histerectomía puede ser suficiente cuando la invasión es de hasta 3 mm. Si la invasión es mayor, se recomienda la histerectomía radical, que además extirpa parte de la vagina y de los tejidos de alrededor, así como los ganglios de la pelvis. Esta cirugía se puede hacer también por laparoscopia o cirugía robótica.

La radioterapia también se puede emplear como tratamiento curativo de estos estadíos precoces, pero por sus efectos secundarios se prefiere el tratamiento quirúrgico. Cuando el tamaño del tumor es mayor de 4 cm. o está ya extendido por fuera del cuello uterino, es el tratamiento de elección, asociada a la quimioterapia que actuaría potenciando el efecto de las radiaciones.

También en algunos casos localmente avanzados hacemos linfadenectomía aórtica por laparoscopia para saber si es necesario irradiar también la zona aórtica.

Cuando tras la radioterapia aparece una recidiva en la pelvis, el tratamiento puede ser la exenteración pélvica que implica la extirpación de los genitales internos junto a la vejiga o al recto. En algunas circunstancias, en nuestro centro, podemos añadir la radioterapia intraoperatoria cuando a pesar de la exenteración puede haber un riesgo añadido de nueva recidiva local. Siempre que se realiza esta cirugía se valora la conservación de la función vesical, rectal y vaginal mediante técnicas quirúrgicas de reconstrucción, para lograr la mayor calidad de vida para la paciente.

En aquellas circunstancias en que la enfermedad pudiera estar avanzada, afectando a otros lugares del cuerpo, la quimioterapia es la opción de tratamiento más frecuente. No obstante, como todas las circunstancias no son iguales, en cada caso se hace un plan de tratamiento individual que en algunos casos supone un tratamiento que puede integrar la cirugía, quimioterapia y la radioterapia.

El cáncer de cuello uterino es un tumor propio de las edades medias de la vida y la mayoría de los casos se diagnostica entre los 35-50 años. Existe un número importante, más del 25% de las mujeres que lo presentan, que tienen menos de 40 años.

Esto, unido a que la edad de la maternidad cada vez es mayor, por encima de los 30 años e incluso cerca de los 40, un número no despreciable de las mujeres que presenten un cáncer de cuello uterino todavía querrán tener un hijo.

El tratamiento quirúrgico recomendado anteriormente para los estadios precoces (IA2 y IB1), tumores que infiltran más de 3 mm o tienen hasta 4 cm de diámetro era la histerectomía radical y la linfadenectomía pélvica. Esta operación conllevaba en todos los casos la pérdida de fertilidad.

En pacientes jóvenes con deseos de fertilidad, si el tumor es igual o menor de 2 cm de tamaño se puede realizar un tratamiento conservador que extirpa sólo la parte del cuello uterino afectada (traquelectomía) así como los ganglios linfáticos. El estudio de ganglio centinela por vía laparoscópica puede evitar las complicaciones que a veces se derivan de la linfadenectomía.

Con este tratamiento se ha demostrado que las tasas de fertilidad son altas y la reaparición del tumor es baja, resultados muy similares al tratamiento más radical que se realizaba anteriormente.

Las mujeres que hasta ahora, como consecuencia del cáncer, perdían la opción de ser madres a cambio de la curación, pueden tener la oportunidad de curarse con una probabilidad similar a las cirugías más radicales y además poder tener un futuro embarazo con éxito.

La prevención debe comenzar dentro de los tres años siguientes al inicio de las relaciones sexuales en cualquier edad o no más tarde de los 21.

  • Citología cervicovaginal (test de Papanicolau): sirve para detectar las células anormales cuando todavía no se ha producido el cáncer.
  • Test de VPH: para determinar si hay o no esta infección y para determinar cuál de los diferentes tipos (alto o bajo riesgo). La muestra empleada puede ser la misma que la de la citología. La ventaja de este test es que, al detectar alguno de los tipos de alto riesgo, puede adelantarse a los cambios celulares (displasia) que la citología puede ver, pero no la sustituye.
  • Co-Test: es la combinación de la citología y el test del VPH, realizados al mismo tiempo. Esta técnica mejora la sensibilidad de la citología en el sentido de que cuando ambos test son negativos, la posibilidad de desarrollar displasia grave es muy baja en un periodo de hasta cinco años.

Saber más sobre el cáncer de cérvix uterino

Es uno de los cánceres más frecuentes del aparato genital femenino.

El virus llamado del papiloma humano o VPH, infección de transmisión sexual, juega un papel importante en la causa de la mayoría de los casos.

La mayoría son de tipo escamoso y proceden de las células que recubren la superficie del cuello uterino. Los que proceden del canal endocervical que está cubierto por células glandulares se denominan adenocarcinomas.

La mitad de los cánceres de cuello uterino ocurren entre los 35 y 55 años de edad.

Gracias a la prevención mediante la citología cervicovaginal o test de Papanicolau, la muerte por este tipo de cáncer ha disminuido drásticamente en los últimos 50 años.

Dependiendo de la extensión del tumor, el tratamiento puede abarcar desde la extirpación quirúrgica del tumor hasta cirugías más radicales o que se deb a complementar con quimioterapia y/o radioterapia.

¿Cuáles son los síntomas más habituales?

  • Sangrado genital
  • Flujo vaginal sanguinolento o maloliente
  • Dolor pélvico
Imagen preview del infográfico sobre el ganglio centinela
Conozca en qué consiste el estudio del ganglio centinela
Descargar infográfico

En general, el cáncer comienza cuando las células normales adquieren una mutación genética que las transforma en células anormales que crecen y se multiplican sin control y además se hacen inmortales.

El acúmulo de células anormales forma el tumor y también invade los tejidos de alrededor y pueden separarse de él para extenderse por el cuerpo.

Todavía no está claro qué produce esta transformación celular, aunque se sabe que la infección por VPH juega un papel importante. Sin embargo, el VPH es un virus muy frecuente y la mayoría de las mujeres no desarrollarán cáncer sólo por este motivo.

La mayoría de las veces es asintomático, sobre todo al inicio.

Puede asociarse a sangrado genital postcoital o entre las menstruaciones o en la menopausia. A veces puede haber flujo vaginal sanguinolento o maloliente.

El dolor pélvico o durante la relación sexual, también es referido por algunas pacientes.

  • Varias parejas sexuales: a mayor que sea el número por alguna de las dos partes, mayor será la probabilidad de adquirir la infección por VPH.
  • Actividad sexual precoz (menos de 18 años): las células inmaduras parecen ser más susceptibles a los cambios precancerosos que puede provocar el VPH.
  • Sistema inmune deficitario: típico de personas trasplantadas o que padecen VIH u otras circunstancias.
  • El tabaco: aunque el mecanismo exacto no es bien conocido, sobre todo cuando se asocia a la infección por VPH.

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