REHABILITACIÓN cardíaca

El experimentar enfermedades del corazón debe ser el comienzo de un estilo de vida nuevo y más saludable.

La rehabilitación cardiaca le ayuda de dos maneras.

  • Haciendo que su corazón se recupere mediante programas de ejercicio físico.
  • Le da información sobre posibles cambios en su estilo de vida, que le ayudarán a mantener un corazón más sano.

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En primer lugar los pacientes que presentan alguna cardiopatía deben extremar la vigilancia de los factores de riesgo, ya que su corazón es más vulnerable que el de una persona sana. Un factor de riesgo es todo aquello que aumenta las probabilidades de que usted sufra una enfermedad del corazón.

Los factores de riesgo más importantes son el colesterol alto, la hipertensión arterial y la diabetes.

La diabetes mellitus es una enfermedad que se produce cuando el páncreas no fabrica insulina suficiente o cuando ésta no consigue actuar en el organismo porque las células no responden a su estímulo. Los pacientes cardiovasculares que padecen este trastorno presentan mayor riesgo de agravar su estado de salud.

El diagnóstico precoz de la diabetes en pacientes con enfermedad cardiovascular es importante para reducir las complicaciones y disminuir la mortalidad.

Es imprescindible controlar la glucemia y mantener a raya los demás factores de riesgo cardiovascular, especialmente la hipertensión, el colesterol y el tabaquismo.

Uno de los objetivos más importantes para los pacientes que han sufrido un infarto de miocardio es conseguir que las cifras de colesterol plasmático se mantengan bajas, por debajo incluso de los niveles considerados aceptables para la población general, lo que evitará que progrese la arteriosclerosis ya existente. La hipercolesterolemia se puede prevenir siguiendo algunas recomendaciones:

  • Alimentación equilibrada y sin grasas saturadas. La dieta mediterránea es la idónea porque su aporte de grasas proviene fundamentalmente de los ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados presentes en el pescado y los aceites de oliva y de semillas. También es importante el consumo de vegetales, legumbres, cereales, hortalizas y frutas.
  • Programa de ejercicio aeróbico. (caminar, carrera suave, ciclismo, natación…), a intensidad moderada (65-70 por ciento de frecuencia cardiaca máxima) y desarrollado de manera regular (tres a cinco sesiones por semana), aumenta el HDL (colesterol bueno) y reduce el LDL (colesterol malo) y los niveles de triglicéridos.

Una vez diagnosticada la dislipemia, y si la dieta y el ejercicio físico no logran reducir los niveles, el médico optará por un tratamiento con medicamentos.

Los cardiópatas con problemas de colesterol o triglicéridos altos deben mantener un seguimiento metabólico y controlar posibles alteraciones en el perfil lipídico. Además, en los casos de dislipemia se realiza un estudio de los familiares cercanos para analizar su estado y evitar que en el futuro presenten un episodio cardiovascular agudo.

Es imprescindible mantener los niveles de presión arterial bien controlados para evitar la sobrecarga de trabajo del miocardio ya dañado por el infarto. Las cifras de tensión arterial de los pacientes infartados deben ser más bajas que en la población sana. Así, como norma general, en prevención secundaria se persigue que los niveles máximos de presión arterial sistólica nunca sean inferiores a 130 mmHg de sistólica (alta) y 80 mmHg (diastólica (baja).

Para ello, en un porcentaje importante de casos habrá que recurrir al tratamiento farmacológico, además de insistir en el cumplimiento de las medidas dietéticas (como la reducción de peso y la restricción de sal) y de estilo de vida (práctica regular de ejercicio físico). Para rebajar las cifras de tensión arterial es fundamental seguir un estilo de vida cardiosaludable.

  • Controlar el alcohol.
  • No fumar. El tabaco aumenta la presión arterial y la frecuencia cardiaca. Los efectos positivos de dejar de fumar son superiores a cualquier fármaco para la hipertensión.
  • Vigile su peso. El sobrepeso aumenta la tensión. Rebajarlo reduce la presión arterial y disminuye el riesgo coronario y de diabetes.
  • Ejercicio. La práctica de ejercicio físico regular logra rebajar las cifras de presión arterial, ayuda a controlar el peso y disminuye el riesgo cardiovascular.
  • Dieta cardiosaludable. Los hipertensos tienen que reducir el consumo de sal y alimentos que la contengan. Además, deben consumir frutas, verduras, legumbres, frutos secos, pan y otros cereales. Por último, hay que utilizar el aceite de oliva como grasa principal e incrementar la ingesta de aves y pescado en detrimento de las carnes rojas.

Los beneficios del ejercicio físico están totalmente demostrados en pacientes cardiovasculares, constituyendo uno de los componentes terapéuticos principales de los programas de rehabilitación cardiaca. El tipo de ejercicio, su intensidad, duración, frecuencia y control son las variables que tenemos que definir a la hora de planificar un programa de entrenamiento.

En las personas con enfermedades cardiovasculares siempre se ha recomendado realizar fundamentalmente entrenamiento aeróbico (caminar, correr, nadar o montar en bicicleta). Sin embargo, en los últimos tiempos se ha demostrado que la introducción de ejercicios de tipo isodinámico (con pesos leves y muchos movimientos) puede ser beneficiosa para aumentar la fuerza y potencia muscular. En personas de muy baja forma física, estos ejercicios mejoran su capacidad para realizar tareas cotidianas.

Antes de iniciar la práctica de ejercicio físico, los cardiópatas deben someterse a una valoración previa que incluirá la realización de una prueba de esfuerzo o ergometría. De esta manera, el especialista podrá prescribir el ejercicio de forma segura y efectiva. En los programas de rehabilitación cardiaca se realiza inicialmente una estratificación del riesgo para decidir el grado preciso de supervisión cardiológica, así como los cuidados del resto de personal sanitario que interviene en el entrenamiento.

Según esta valoración, se establece también el tiempo de vigilancia mediante sistemas de telemetría en los que se controla el ritmo cardiaco del paciente durante las sesiones de ejercicio. Además, diariamente se mide la presión arterial y la frecuencia cardiaca en reposo, comentando con el paciente su situación física y la presencia de posibles síntomas.

Lo más sencillo es empezar caminando. Debe iniciarse con un ejercicio poco intenso e ir progresando lentamente. La periodicidad ideal de las sesiones es entrenar la mayoría de días de la semana (cuatro como mínimo). La duración empezará siendo corta, por ejemplo 20 minutos, e ir aumentando hasta 45-60 minutos. También podemos realizar dos sesiones al día pero de periodos más cortos, (por ejemplo, 30 minutos).

Por supuesto, también puede realizar otros tipos de ejercicio (nadar, bicicleta…) o combinar varias actividades. Si practicaba algún deporte concreto, pregunte a su especialista si puede reanudarlo y a qué intensidad.

Cuando lleve cierto tiempo entrenando de forma habitual, puede añadir algún ejercicio en el que movilice pequeños pesos (1-2 kilos). Consulte siempre con su especialista esta posibilidad.

Si durante el entrenamiento presenta dolor de tipo anginoso, detenga la actividad inmediatamente y siéntese a descansar. Si no desaparece, utilize nitratos sublinguales. Cualquier otra sintomatología (palpitaciones, fatiga excesiva, etc.) también debe ser comentada.

El entrenamiento debe mantenerse en el tiempo si queremos obtener beneficios. Si lo suspendemos, en poco tiempo perderemos la forma física y los efectos positivos que hayamos adquirido.

Medicamentos que se utilizan más frecuentemente para tratar los trastornos cardiovasculares:
  • Los vasodilatadores que pueden disminuir la presión arterial permitiendo que los vasos sanguíneos se relajen y ensanchen.
  • La aspirina que reduce la probabilidad de que se formen coágulos de sangre 
  • Las estatinas que sirven para bajar el colesterol y, además, parecen tener un efecto sobre la regresión de la placa de ateroma.
  • Los betabloqueantes que relajan el musculo cardiaco permitiéndole al corazón bombear sangre con más facilidad.

El consumo de tabaco es el factor de riesgo cardiovascular más importante, ya que la incidencia de la patología coronaria en los fumadores es tres veces mayor que en el resto de la población. La posibilidad de padecer una enfermedad de corazón es proporcional a la cantidad de cigarrillos fumados al día y al número de años en los que se mantiene este hábito nocivo.

Entre los pacientes fumadores de 65 a 74 años, el riesgo de muerte por enfermedad coronaria se incrementa en un 52%. El peligro experimenta un notable descenso entre 1 y 5 años después de abandonar el tabaco.

Si no somos capaces de dejar de fumar por nosotros mismos debemos acudir a los profesionales de la salud para que nos asesoren sobre el mejor método a seguir en nuestro caso.

Existen algunos aspectos psicológicos de las personas que han demostrado predisponer a la aparición de enfermedad coronaria, e incluso, aumentar la frecuencia de arritmias y muerte súbita. Entre ellos destacan el patrón de conducta tipo A, la ansiedad, la depresión, y el estrés.

La incidencia de alteraciones psicológicas también es muy frecuente tras sufrir un episodio cardiovascular. Aunque estos trastornos van a depender de la personalidad previa del paciente y de la evolución de la enfermedad, hay que reconocer que existen una serie de respuestas habituales muy bien diferenciadas.

En los Programas de Rehabilitación Cardiaca se realiza una valoración de las reacciones psicológicas, ya que se considera que este tipo de alteraciones merecen ser evaluadas dentro del contexto del proceso cardiológico. Además, en las Unidades de Rehabilitación Cardiaca multidisciplinarias se utilizan distintas técnicas para el control de la posible afectación psicológica.

  • Charlas informativas. Tratan diferentes aspectos, desde ofrecer información sobre los problemas psicológicos, hasta enseñar a modificar hábitos de conducta o a controlar el estrés.
  • Psicoterapia de grupo. Sesiones en la que cada enfermo cuenta a los demás sus sensaciones, miedos, esperanzas... Se trata de estimular la expresión de los sentimientos, compartiendo experiencias y dudas que pueden ser respondidas por otros miembros del grupo.
  • Técnicas de relajación. Su objetivo es restablecer un estado de equilibrio y armonía, tanto a nivel corporal como psicológico. Van a proporcionar mejoría de la ansiedad y adiestramiento sobre cómo prevenir y afrontar las situaciones de estrés.
  • Psicoterapia individual o familiar. Ayuda a afrontar la situación desde un punto de vista personal o grupal.

En los casos necesarios el psiquiatra instaura el tratamiento farmacológico preciso.

Al finalizar el Programa de Rehabilitación Cardiaca se reevalúa nuevamente al paciente para valorar su evolución y recomendar las pautas a seguir.

Los Programas de Rehabilitación Cardiaca, con sus diferentes actuaciones, han demostrado en numerosos estudios disminuir los niveles de ansiedad y depresión de los pacientes, así como mejorar la respuesta al estrés.

Es importante saber que nuestra reincorporación laboral tras haber sufrido un episodio coronario suele producirse con absoluta normalidad, salvo en aquellos casos en que el cardiólogo lo desaconseje debido a la gravedad de las lesiones, las especiales características del trabajo o la exigencia física que éste requiera. Los programas de rehabilitación cardiaca aumentan las posibilidades de retomar la actividad profesional en mejores condiciones físicas y emocionales.
Los pacientes con enfermedad cardiovascular tienen más posibilidades de padecer disfunción sexual, dada la presencia de una afectación vascular, las alteraciones psicológicas asociadas y la medicación que precisan para su tratamiento.
Los programas de rehabilitación cardiaca multidisciplinares son muy efectivos en el tratamiento de la disfunción sexual. Por una parte, al existir una relación médico-paciente más estrecha durante varias semanas, se consigue ofrecer más y mejor información, así como aclarar las dudas que pueden surgir durante ese tiempo. Además, el entrenamiento físico y las actuaciones psicológicas que se realizan en las Unidades de Rehabilitación Cardiaca consiguen ampliar la capacidad física y disminuir la incidencia de depresión y ansiedad frecuentes tras un episodio cardiovascular. Sólo con estas medidas, se logra que un alto porcentaje de pacientes cardiacos reanude su vida sexual sin ningún tipo de problema.
 
Cualquier tratamiento para tratar la disfunción sexual, ya sea farmacológico o no, debe ser valorado cuidadosamente por el médico, especialmente en pacientes con angina de medianos a pequeños esfuerzos o patologías no controladas como arritmias, insuficiencia cardiaca o hipertensión arterial. En estos casos, la actividad física, y por tanto las relaciones sexuales, pueden estar contraindicadas. 

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