10 MITOS DEL TRASTORNO POR
déficit de atención e hiperactividad

El desconocimiento que todavía existe sobre el TDAH hace que todo el mundo opine sobre el comportamiento del niño y, finalmente, se acabe culpando a los padres.

Se trata de un mecanismo de defensa ante una situación descontrolada. Este artículo pretende arrojar luz sobre algunos de los falsos mitos sobre el TDAH y facilitar su detección precoz.

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Se trata de evitar los síntomas antes de disponer de un correcto diagnóstico y de un tratamiento eficaz y seguro.

Desgranaremos una decena de mitos.

1.- Los padres tienen la culpa del TDAH y el diagnóstico es poco fiable.

Su origen es biológico, con un alto porcentaje de transmisión genética (75%). Este trastorno psiquiátrico afecta a la capacidad de las personas que lo padecen. La afección tiene varias posibilidades:

  • Altera el nivel de actividad, por su componente hiperactivo.
  • Inhibe o frena ideas, pensamiento o comportamiento, por la impulsividad.
  • Altera la atención sobre las acciones, por la inatención.

Los niños afectados se encuentran con problemas serios de atención y concentración, una actividad inadecuada e impulsividad. Pero ello no es culpa de los padres, quienes en ocasiones no saben controlar al niño de modo eficaz. Por ello, no deben aceptar que se les culpe por ello, igual que no se les culpa por otras enfermedades. Existen en todo el mundo asociaciones de padres con hijos que padecen TDAH.

Su diagnóstico es muy fiable.

2.- El TDAH es una enfermedad nueva, existe en EE.UU., es un invento.

El TDAH se conoce así desde 1994, pero se conoce desde 1865, fecha en la que aparece en el cuento “Der Stuwwelpeter”. Inicialmente, se llamó Disfunción Cerebral Mínima, en 1950 se denominó Síndrome Hipercinético y una década después Síndrome del Niño Hiperactivo o Reacción Hipercinética de la Infancia.

A partir de 1980 se llamó Trastorno por Déficit de Atención (con o sin Hiperactividad) (TDA con H, TDA sin H).

Existen tres subtipos: combinado, inatento e hiperactivo-impulsivo. Su frecuencia es parecida en todo el mundo, oscilando entre el 2 y el 6%.

3.- Los síntomas de TDAH son leves, es una enfermedad falsa, debida a la poca paciencia de los padres, el perfeccionismo y la excesiva exigencia.

Si no se trata el TDAH, éste tiene un efecto negativo sobre el niño, ya que reduce notablemente el rendimiento académico y aboca al fracaso escolar: repetición de curso, abandono de estudios, etc. Si pasan de curso, arrastran lagunas en el conocimiento que hacen más duro el nivel siguiente.

Ofrecemos evaluación, diagnóstico y tratamiento en consulta para niños y adolescentes con problemas emocionales, del comportamiento y del desarrollo.

Nuestro objetivo es atender al niño y a su familia de manera práctica, rápida y eficaz, ofreciendo un servicio médico de alta calidad técnica y humana.

La entrevista y evaluación inicial es la parte más importante, aunque un seguimiento detallado es fundamental para lograr la recuperación del niño.

El objetivo es mejorar la situación general del niño y su relación con su entorno familiar, escolar y social, no sólo controlar los síntomas.

Cómo distinguir si un niño es travieso o hiperactivo

También se ve afectada su vida social y emocional por problemas en las relaciones con los compañeros por su impulsividad. Tienen pocos amigos y poco duraderos, a lo que contribuyen los fracasos repetidos en el colegio y el mal comportamiento. Esta situación puede desembocar en cuadros de depresión. Además, los niños con TDAH no tratados desarrollan comportamientos negativistas: desobediencia, desafío, incluso abuso de alcohol y drogas (de modo especial porros).

Si estos niños no reciben un tratamiento correcto, en el futuro sus trabajos estarán por debajo de su capacidad. A ello se añaden problemas como más embarazos a edades tempranas, mayor tasa de abuso de sustancias, menor progresión laboral y menor retención de un empleo.

4.- El TDAH afecta sólo a niños y desaparece después.

Algunos síntomas de hiperactividad disminuyen con el paso de los años, perdiendo intensidad, pero la inatención y, sobre todo, la impulsividad persisten en adolescentes y adultos.

Un tercio de los niños con TDAH dejará de tenerlo TDAH antes de la adolescencia , la tercera parte dejará de tener TDAH antes de la edad adulta, y el tercio restante seguirá teniendo TDAH de adultos. Pero algunos mantienen síntomas que les afectan, por lo que se considera al TDAH un problema crónico que requiere manejo a largo plazo.

5.- El TDAH sólo afecta a los niños y no a las niñas.

El TDHA pasa más desapercibido en niñas, porque tienen menos hiperactividad y oposicionalidad, es decir, son menos negativas en la conducta y en el aprendizaje –no suelen tener problemas de rendimiento escolar hasta la Secundaria-, sufren menos depresión, pero padecen más trastornos de ansiedad.

6.- El TDAH lo debe diagnosticar y tratar el neurólogo o neuropediatra. Si no mejora, el psiquiatra infantil.

Para manejar correctamente el TDHA y prevenir sus complicaciones, se requiere un diagnóstico correcto y temprano. Los padres y el entorno escolar del niño son los primeros que pueden sospechar de un TDHA. Un pediatra experto y formado puede efectuar un diagnóstico inicial e iniciar un tratamiento.

El diagnóstico definitivo lo realiza un psiquiatra del niño y del adolescente, neuropediatra, psiquiatra, o psicólogo clínico. Cuando se tiene ya el diagnóstico, se diseña un plan de tratamiento, en el que pueden participar un psicólogo clínico, pedagogo, profesor de apoyo, y otros profesionales. El psiquiatra infantil y adolescente es un experto en el TDAH que ayuda a los padres y al niño.

7.- Tratar el TDAH sin medicación, porque los fármacos son peligrosos, y si no mejora, se puede usar medicación.

Tratar el TDAH debe incluir entrenar a los padres sobre el TDAH y el manejo de la conducta del niño; apoyo y adaptación escolar; y, un tratamiento médico con una medicación que mejore los déficits en neurotransmisores en algunas zonas del cerebro.

Los padres podrán ayudar mejor a sus hijos en la medida en que sepan más. Además, conviene que cuenten con un médico experto en niños con TDAH, con disponibilidad y paciencia para seguir al niño.

Respecto a los padres, ello pueden definir reglas claras de consecuencias y premios ante algunos comportamientos; colaborar con el niño en las tareas fraccionándolas; aumentar la estructura y el orden de la casa; definir rutinas estables y predecibles de organización del tiempo; eliminar distracciones; modificar la conducta del niño; y motivarles.

Existen varias medicinas eficaces frente al TDAH aprobadas para su uso: los estimulantes (en España Metilfenidato: Rubifén®, Concerta® y Medikinet®; fuera de España también Dextro- metilfenidato, dextroanfetamina y mezcla de sales de anfetamina).

Actúan principalmente sobre la dopamina. También ayudan las medicaciones no estimulantes, como atomoxetina (Strattera®) con efecto principalmente sobre la noradrenalina. Su elección debe hacerse de forma individualizada. Habrá una fase inicial del tratamiento en la que se busca la dosis adecuada, una fase de mantenimiento y una fase de perfeccionamiento, con retoques y atención a problemas emergentes o nuevos síntomas.

8.- Es mejor la psicoterapia u otros abordajes no farmacológicos frente a la medicación

La psicoterapia que ayuda al niño con TDAH es el entrenamiento de los padres sobre los síntomas, y el control y manejo del comportamiento del niño. La psicoterapia psicoanalítica, la de juego, ni el entrenamiento cognitivo para "mejorar" la concentración, memoria o atención no funcionan con el TDHA. Es beneficioso el apoyo escolar, con técnicas de estudio, recuperando las áreas de especial dificultad o retraso del niño respecto a sus compañeros.

No existe evidencia de que métodos mágicos, de alto coste económico, sirvan para nada. Conviene desconfiar de los remedios fáciles que prometen "curación" permanente, rápida, sin esfuerzo y con gran desembolso económico inicial. Igual ocurre con tratamientos no publicados en revistas científicas, que conlleven el uso de algún artilugio patentado o medicación con componente secreto o no claramente conocido.

9.- Las medicaciones producen adicción, porque son drogas

El metilfenidato no produce adicción. Aunque químicamente es similar a la anfetamina, a dosis normales en TDAH y por vía oral no produce efecto euforizante. Es más, reduce el riesgo de que el niño en el futuro abuse de drogas, porque disminuye su impulsividad. Sin embargo, dosis altas de metilfenidato podrían causar efecto euforizante, por lo que en chicos que abusan de drogas o alcohol, debe controlarse cercanamente.

Son los padres quienes deben guardar y administrar la medicación. La forma OROS®-Metilfenidato al ser una cápsula de liberación prolongada, tiene menor riesgo de abuso. La atomoxetina tampoco produce ningún efecto euforizante ni tiene riesgo de adicción.

10.- La medicación afecta al crecimiento del niño

Ante la preocupación de los padres por si la medicación afecta al crecimiento de sus hijos, algunos estudios han mostrado un crecimiento más lento en los primeros 3 años de tratamiento, aunque la significación clínica de éstos datos es difícil de valorar.

Otros estudios encontraron una menor talla de los niños con TDAH tratados con estimulantes a los 18 años, pero no se ven diferencias después, ya que aparecen tallas similares a la media.

En estudios donde se interrumpía el metilfenidato los fines de semana y en vacaciones no se aprecia ventaja en el crecimiento, por lo que es preferible no parar el tratamiento en esos periodos.

La talla y el peso deben monitorizarse de cerca. En niños que pierden peso o no ganan peso adecuadamente se pueden usar suplementos energéticos y calóricos. 

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