Prepararse para el verano

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El verano

Los cambios que suceden en este periodo de tiempo se van advirtiendo a lo largo de la primavera. La duración del día es mucho mayor, incrementándose de forma notable la exposición lumínica. Esta mayor duración del día viene acompañada por un mayor tono vital.

El organismo humano es sensible a la presencia de una mayor intensidad lumínica. Esa intensidad genera un biorritmo que tiende a prolongar la actividad a lo largo del día. De hecho, incluso el estado de ánimo resulta estimulado por esa mayor presencia de la luz solar, que no sólo viene determinada por la duración del día, sino por la intensidad de las radiaciones que la conforman.

Por otro lado, se produce un aumento de la temperatura, aunque dependiendo de la estabilidad climatológica. Ese calor propio del verano se establece con una mayor o menor regularidad.

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Las vacaciones conforman el centro del verano. Esas vacaciones, hace unos años, se acumulaban en un mes y, habitualmente, se vivían cerca o incluso en el propio lugar de residencia. Sin embargo, esas vacaciones se han ido relacionando cada vez más con la salida hacia lugares lejanos".

Llega el verano

Al principio, existe una notable diferencia térmica entre la noche y el día, sobre todo en determinadas zonas geográficas. Sin embargo, el calor, no sólo se va haciendo presente por la mañana y tarde, sino también por la noche.

Junto a ese aumento de las temperaturas, es habitual que el clima se vuelva más seco, interrumpido con momentos de inestabilidad atmosférica que, además de provocar precipitaciones, contribuyen a la presencia de cambios térmicos.

Además de todos esos cambios climatológicos, aparecen otros en relación con la presencia de vacaciones. No sólo se modifica el ritmo laboral, sino también todo lo relacionado con la vida familiar, como sucede con los más pequeños y jóvenes al abrirse el período vacacional sin actividades escolares.

El ritmo de vida se modifica sustancialmente, debiéndose adaptar a las nuevas necesidades, sobre todo cuando todavía no se ha empezado con las vacaciones laborales, aunque éstas ya aparezcan en el horizonte.

La necesidad de adaptarse a todos esos cambios

El organismo tiene la capacidad de adaptarse con facilidad a todos los cambios que aparezcan en su entorno. Ahora bien, esa capacidad tiene un límite que no se puede superar. El calor actúa como un elemento nocivo que contrarresta las ventajas de disponer de una mayor duración del día.

Además, es habitual que a lo largo de las horas hayan cambios significativos en la temperatura. Resulta difícil conseguir una indumentaria que se adapte a todos esos cambios. Con frecuencia se recurre a métodos técnicos como el empleo de aire acondicionado, que evita la exposición a altas temperaturas pero, que por otro lado, tiene también sus desventajas (como muchos comprueban al aparecer problemas respiratorios u otorrinolaringológicos).

Consejos antes, durante y después de las vacaciones

  • Planifique un lugar de vacaciones apto para toda la familia.
  • Deben suponer un periodo de tiempo de descanso.
  • Practique hábitos de vida saludables (ejercicio físico).
  • Mantenga un hábito dietético sano.
  • Intente mantener los mismos horarios.
  • Al finalizar las vacaciones vuelva progresivamente a la rutina.
  • Intente mantener las aficiones iniciadas durante el verano.
  • Cuando se incorpore de nuevo a su vida ordinaria mantenga un orden de prioridades.

Aparte de esas condiciones, cuando el calor aprieta, el organismo sufre considerablemente, sobre todo en el manejo de los líquidos corporales. Ese manejo resulta difícil cuando el organismo sufre un deterioro previo (neurológico, cardiológico, renal, metabólico o respiratorio).

El estilo de vida también se adapta a esta época del año. La alimentación se adapta también a esta época del año, con la entrada de alimentos frescos en abundancia que facilitan llevar una dieta más sana. La ingesta de líquidos resulta más importante en estos días de calor.

Con esa necesidad, el agua es fundamental (sobre todo para los más mayores y pequeños), aunque a veces se tiende a abusar de otros tipos de bebida que no son igualmente sanas (por su contenido en hidratos de carbono o gas). Esos cambios en la dieta, habitualmente el organismo puede aguantarlos bien, al contrario cuando se cae en el desorden y en el consumo de alimentos no propios de una dieta sana y equilibrada, apareciendo con frecuencia cambios en el ritmo intestinal (especialmente si se cambia el lugar de residencia).

Dentro de esas actividades propias del verano, no se puede olvidar el ejercicio físico, fundamental, pero que debe realizarse con precaución si existen problemas de salud o un sedentarismo previo importante. El biorritmo se adapta también a todos esos cambios. De hecho, la hora de conciliar el sueño puede retrasarse, aunque se mantenga la calidad del sueño salvo cuando las condiciones climatológicas resultan especialmente adversas (calor sofocante o humedad elevada).

Por otro lado, aunque el biorritmo se modifique de forma limitada, al incrementarse las actividades de ocio o intentar aprovechar mejor esa duración del día, en otros casos ese biorritmo se puede alterar considerablemente (se tiende a trasnochar pretendiendo a la vez mantener un ritmo de trabajo o una vida laboral activa al mismo nivel).

Esos cambios son más intensos cuando aparecen a lo largo de las vacaciones y, de hecho, aunque el organismo puede adaptarse, lo hace de forma limitada y siempre aparecen problemas relacionados con esas alteraciones.

El ocio parece formar parte fundamental de esta época del año. Ese ocio se busca cada vez más en actividades extraordinarias, algo que supone un esfuerzo considerable, no sólo económico sino también para el organismo, que le cuesta seguir a veces un ritmo intenso cuando realmente se debe vivir un período de descanso. Se empieza a apreciar como hay personas que vuelven de las vacaciones todavía más agotadas.

Cuando llegan las vacaciones

A pesar de todos esos cambios, las vacaciones conforman el centro del verano. Además, cuando se habla de las vacaciones casi siempre hay que referirse a la necesidad de realizar un viaje más o menos largo pero muchas veces complicado. Son muy conocidas las recomendaciones que se deben seguir para que ese viaje sea más seguro.

Se defiende la necesidad de planificar el viaje con tranquilidad, eligiendo, no sólo la ruta más adecuada, sino también el horario que facilite el viajar (teniendo en cuenta la densidad del tráfico, el sol y la necesidad de descansar periódicamente). Se deben mantener unas buenas condiciones físicas evitando la somnolencia, no sólo por no descansar (sobre todo cuando se tiende a abusar de la noche previa a la salida), sino también por excederse de la comida o, en el peor de los casos, de las bebidas alcohólicas.

El vehículo debe mantener unas condiciones técnicas óptimas (en los puntos considerados vitales -elementos de visibilidad y seguridad-) y evitar un uso inadecuado del mismo (excesiva carga). Aquellas personas que sufren de mareo o cinetosis deberán recordar la necesidad de tomar algunas precauciones (llevar algún fármaco que prevenga el inicio de ese cuadro, procurando viajar en el asiento delantero, con un ambiente adecuadamente ventilado y en una posición algo reclinada, intentando evitar los movimientos bruscos, así como la lectura que obliga a cambiar continuamente el campo visual).

Por supuesto, cuando los traslados impliquen viajes a países exóticos, será conveniente informarse antes de las condiciones sanitarias y la necesidad de hacer alguna profilaxis e incorporar un mínimo botiquín en la maleta de viaje (incluyendo analgésicos, antitérmicos, antidiarreicos e, incluso, algún antibiótico que pueda ser útil frente a procesos digestivos o respiratorios).

Los aspectos a sopesar cuando se acercan las vacaciones

Se deben tener en cuenta diversos aspectos, desde planificar razonablemente un lugar de vacaciones apto para todos, con los elementos necesarios para disfrutar y descansar, con la tranquilidad suficiente y sin que genere por sí otros elementos de tensión, con unas condiciones climatológicas adecuadas para cada persona y sin que suponga un trastorno serio por la movilidad que requieran o el coste económico que conlleven.

Aprender a disfrutar de las vacaciones

Las vacaciones deben suponer un período de tiempo dedicado al descanso y a poder recuperarse del desgaste propio de una vida laboral o no activa. Existe una liberación frente a una gran cantidad de obligaciones que imprimen, en casi todos los casos, un determinado horario. Así se goza de una gran libertad y de un tiempo libre como no sucede en otros momentos.

Esa libertad se extiende con frecuencia a lo largo de todo un mes. Si bien es tiempo suficiente como para descansar, también es cierto que se adquieren una serie de hábitos que marcan el estilo de vida y que puede tener su influencia positiva o negativa en los meses posteriores a las vacaciones.

Desde el punto de vista positivo, es un momento adecuado para empezar con alguna práctica de ejercicio físico. Ese ejercicio físico se debe realizar con precaución si antes no existía este hábito y con la idea de conseguir un ritmo que se pueda mantener posteriormente. No hace falta hacer grandes inversiones, pero sí mantener la constancia.

El verano es un tiempo adecuado para retomar hábitos dietéticos sanos, como un desayuno equilibrado, y promover un tipo de ocio compatible con un estado de salud adecuado. También se recomienda en el verano buscar una mayor estabilidad emocional y psicológica que otorgue la resistencia suficiente para seguir afrontando las dificultades que seguirán apareciendo después de acabar el periodo vacacional.

Todas esas consideraciones caben en unas vacaciones organizadas con cuidado y sin que se deban hacer grandes preparativos. Por el contrario, con frecuencia esas vacaciones se llenan de actividades y de un ritmo que se aleja del de una época de descanso. Hay vacaciones que transcurren con cambios importantes en el biorritmo, así como en el estilo de vida, que suponen casi siempre un cierto desgaste, además de provocar que el retorno sea más violento.

Este modelo de vacaciones agotadoras si bien tiene un atractivo unido a las experiencias que se pueden vivir, no debe suponer un referente a lo largo de todo el periodo vacaciones. Además, durante esas vacaciones pueden surgir tensiones propias de una relación inestable, que en vez de mejorarlas la someten a un mayor estrés.

Aspectos que hay que valorar

  • El verano aporta ventajas pero también suponen a veces una prueba de esfuerzo que superar, sobre todo para algunas personas.
  • Las vacaciones deben tener un carácter de descanso, pero también tienen que suponer un tiempo para mejorar o poner en marcha un estilo de vida que mejore la salud.
  • Las vacaciones son un elemento indispensable pero en el que no se deben centrar excesivamente los objetivos personales. Siempre se puede descansar o disfrutar en otros momentos y condiciones.

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