Parto de nalgas

La postura que menos problemas causa al bebé en el parto vaginal es la cefálica, es decir, con la cabeza hacia abajo, abriéndose camino con la coronilla y con las piernas y los brazos flexionados contra el pecho.

Sin embargo, aproximadamente en un 4% de los partos simples el niño no adopta esta posición sino la contraria, es decir, de nalgas.

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Los bebés no siempre nacen de cabeza. Aunque lo más normal es que se encajen en esta posición semanas antes de su fecha prevista de nacimiento con el objetivo de poder descender fácilmente por el canal del parto, hay veces en que el bebé se coloca de nalgas.

Existen varias posturas de nalgas: nalgas francas (tiene las nalgas abajo, las piernas dobladas y los pies cerca de la cabeza), nalgas completas (tiene las nalgas abajo y las piernas cruzadas estilo indio) o posición podálica (uno o ambos pies abajo, listos para salir primero).

Generalmente, el médico puede saber en qué posición exacta se encuentra el bebé al tocar tu abdomen y localizar su cabeza, espalda y nalgas. Si no queda claro cuál es la posición con el tacto abdominal, puede hacer un tacto vaginal para determinar qué parte del bebé está en la pelvis. En algunos casos, tal vez necesite hacer una ecografía para confirmar la posición.

En el caso de que, efectivamente, esté de nalgas el parto puede complicarse, de ahí que la mayoría veces se recurra a la cesárea, pues ha demostrado ser el modo más seguro de dar a luz a un bebé en esta posición. Sin embargo, en ausencia de otros factores de riesgo, algunas veces puede producirse el parto vaginal.

Por otro lado, como veremos más adelante, en algunos centros también se llevan a cabo unas manipulaciones encaminadas a dar la vuelta al bebé unos días antes de dar a luz.

La postura del bebé

Durante la gestación, el feto flota en el líquido amniótico y cambia de postura a su antojo, hasta que entre las semanas 28 y 32 la falta de espacio interior, la disminución del líquido y el cambio en la forma del útero, que pasa de ser esférico a ser como una pera, le obligan a buscar una postura más cómoda, que es también la mejor para atravesar el canal del parto: con la cabeza encajada en el cuello del útero (la coronilla es su diámetro más estrecho) y con su diámetro más ancho, el culete y las piernas cruzadas, situado en el fondo uterino, hacia las costillas maternas. Para ello el niño realiza una voltereta (se denomina “versión”) en la fecha citada y casi siempre antes de la semana 37 de embarazo.

  • Equipo de expertos: contamos con un equipo de especialistas compartido con un equipo de matronas especialmente formado en el control del embarazo y de un equipo de pediatras junto a una unidad de neonatología que garantiza los cuidados al recién nacido.
  • Asistencia individualizada y especializada: asistencia prenatal y del parto en embarazo de bajo y alto riesgo.
  • Tecnología avanzada: contamos con la última tecnología, como una ecografía de alta resolución en el diagnóstico prenatal.
  • Microcirugía tubárica: reversión de la ligadura de trompas.
  • Diagnóstico prenatal: evaluación de células fetales, líquido amniótico o membranas amnióticas para detectar anomalías fetales.

 

Aunque en un 50-80% de casos no hay una causa aparente que justifique esta posición, ésta sería una de las razones por las que gran parte de los prematuros vienen de nalgas: el parto les ha sorprendido y no han tenido tiempo de darse la vuelta.

En concreto, al 35% de los que nacen antes de la semana 28, al 17% de los nacidos entre las semanas 28 y 31, al 9% de los que llegan entre la 32 y la 36 y al 3% de los que nacen en la semana 37 les ha pasado esto.

Pero además de la prematuridad, otros factores explicarían por qué un bebé no gira y se queda sentado en el útero:

  • Un cordón umbilical demasiado corto o anudado al cuerpo o al cuello del bebé. Es una de las causas más habituales que impiden la voltereta.
  • Un embarazo gemelar. La falta de espacio puede hacer que ninguno de ellos se voltee o que sólo uno lo consiga.
  • Una carencia importante o un exceso de líquido amniótico. La escasez de líquido dificulta sus movimientos, mientras que una gran cantidad le hace intuir que aún no ha llegado el momento del parto, y no tiene prisa por colocarse.
  • Una implantación incorrecta de la placenta, entre ellas la placenta previa.
  • Problemas uterinos como el útero bicorne (dividido en dos zonas) o los miomas. A veces éstos crecen tanto que restan espacio al niño y le impiden girar.
  • Malformaciones fetales como espina bífida, hidrocefalia, riñones poliquísticos, etc. Y alteraciones cromosómicas como el síndrome de Down. Pero, todo hay que decirlo, la gran mayoría de las veces no existe ningún factor que justifique esta postura.

El parto

Si nos centramos sólo en el proceso, el parto vaginal de nalgas y el cefálico se desencadenan igual, con la salvedad de que en uno lo primero en salir son las nalgas o los pies y en el otro, la cabeza.

Pero la postura de nalgas no es la idónea para nacer y el parto vaginal en estas circunstancias se considera de alto riesgo y debe ser atendido por un obstetra experimentado ya que puede producirse el prolapso de cordón, la asfixia fetal o dificultad en la extracción de la cabeza un vez que ha salido el cuerpo del feto.

En efecto, entre los problemas que pueden surgir existe la posibilidad de que en el transcurso del parto, salga también un trozo de cordón y quede aprisionado, restando oxígeno al feto.

Otra complicación es que en el proceso de giro y salida, el niño estire la cabeza (en lugar de mantenerla pegada al pecho). En este caso la cabeza no ofrece su diámetro más estrecho, ni se ha amoldado al canal vaginal, como ocurre en el parto normal, así que puede quedar atrapada.

En todo caso, la decisión del tipo de parto se retrasa hasta la semana 37, cuando se estima que el bebé ya no se dará la vuelta. A pesar de que los protocolos médicos aconsejan la realización del parto vaginal cuando el canal del parto (el trayecto por el cual pasa el bebé para nacer) es lo suficientemente grande, la dilatación del cuello uterino es correcta y no existe ninguna complicación, una presentación de nalgas significa en muchas circunstancias la realización de una cesárea fundamentalmente si se es primípara.

¿Qué es la versión cefálica externa?

Si llegados a la semana 37 el bebé aún se encuentra de nalgas, el médico puede recomendar un procedimiento que se denomina versión cefálica externa (VCE) para intentar darle la vuelta y ofrecer la oportunidad de tener un parto vaginal.

Se debe esperar hasta las semanas 37-39 y, entonces, si se dan las circunstancias adecuadas realizar el intento.

Esto se realiza presionando el abdomen de la madre y manipulando al bebé para ubicarlo cabeza abajo.

La VCE funciona en aproximadamente en el 70% de los casos. Sin embargo, a veces el bebé se niega a moverse. Y algunos incluso vuelven a la posición de nalgas después de una VCE exitosa.

Para que sea efectiva esta manipulación, deben darse unas condiciones muy concretas como multiparidad, abdomen relajado, presentación flotante, placenta posterior y peso fetal adecuado.

Además, está contraindicada en las siguientes circunstancias: anomalía fetal, retardo de crecimiento fetal, parto en curso, bolsa amniótica rota, signos de sufrimiento fetal, diabetes, hipertensión arterial asociada al embarazo, oligoamnios, hidramnios, cesárea previa y circular cordón.

Y algo que también debe tenerse en cuenta es que se trata de una práctica no exenta de riesgos, como problemas con el cordón umbilical, asfixia fetal, desprendimiento de placenta, hemorragia feto-materna e incluso la muerte fetal.

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