El trasplante de riñón de donante vivo incompatible, una opción efectiva para el paciente con insuficiencia renal crónica

Especialistas de la Clínica Universidad de Navarra han efectuado, con resultados satisfactorios, la segunda intervención entre individuos con incompatibilidad de grupo sanguíneo.

Josean Nazábal Polo (receptor) junto a la doctora Paloma Martín (nefróloga de la Clínica) y José Antonio Nazábal Arbilla (donante y padre del receptor). 

20 DE JUNIO de 2012


Especialistas de la Clínica Universidad de Navarra han efectuado con éxito dos trasplantes renales de donante vivo de grupo sanguíneo incompatible. Se trata de aplicar un tratamiento desensibilizador a pacientes que sólo cuentan con un donante vivo y con el que se da la circunstancia de que tienen grupo sanguíneo incompatible. Actualmente, este tipo de trasplantes se realiza en España únicamente en otros tres centros hospitalarios. 

Hasta hace pocos años la incompatibilidad de grupo sanguíneo suponía una contraindicación absoluta para el trasplante renal debido al alto riesgo de desarrollar un rechazo hiperagudo.

“Hoy en día, las alternativas para los pacientes que cuentan con un donante con el que tienen incompatibilidad de grupo sanguíneo son dos: el denominado trasplante ABO incompatible o ser incluidos en el Programa Nacional de Donación Renal Cruzada para encontrar otra pareja donante-receptor de similares características, con la que no haya problema de compatibilidad de grupo sanguíneo ni de otro tipo de anticuerpos”, explica la especialista en Nefrologíade la Clínica Universidad de Navarra, la doctora Paloma Martín.

Ventajas e inconvenientes

La ventaja principal que aporta el trasplante ABO incompatible frente al Programa Nacional de Donación Renal Cruzada es la rapidez del procedimiento. “Para cualquier persona que necesite ser trasplantada siempre es mejor  esperar lo menos posible”, apunta la facultativa.

En el caso del trasplante renal, la necesidad del nuevo órgano no es vital, al contrario de lo que ocurre en los casos de pacientes con necesidad de un corazón o de un hígado, “sin embargo, sí es una situación de deterioro progresivo. Cuanto más tiempo transcurre el paciente en diálisis, más sufre el organismo”.

Por su parte, los principales inconvenientes que presenta el trasplante ABO incompatible residen en la necesidad de aplicar al receptor un tratamiento inmunosupresor mayor que en los casos de donante de grupo sanguíneo compatible, además de su elevado coste. Debido a esta suma de circunstancias, la nefróloga subraya que “es necesario valorar cada caso de forma individual para decidir cuál es la mejor opción”.

Segundo trasplante realizado

El último caso en el que el equipo de especialistas de la Clínica procedió a un trasplante ABO incompatible fue el de un joven, derivado del Hospital de Navarra, que recibió hace dos meses el alta hospitalaria. Tras un intento de donación por parte de la madre, de grupo sanguíneo compatible -rechazado al detectarse problemas médicos-, el paciente permaneció cinco años en diálisis hasta que conocieron la posibilidad de este tipo de trasplante. Fue entonces cuando el padre se ofreció como donante a pesar de tener incompatibilidad de grupo sanguíneo.

Sometido el receptor al tratamiento protocolizado para el trasplante ABO incompatible, la intervención pudo ser llevada a cabo con éxito. El donante recibió el alta hospitalaria a los cuatro días de la intervención, y el receptor a la semana. La intervención se inscribe en el programa conjunto de trasplantes que la Clínica mantiene con el Sistema Navarro de Salud-Osasunbidea.

Características del procedimiento

“El tratamiento para efectuar un trasplante ABO incompatible consiste, fundamentalmente, en reducir la tasa de anticuerpos de grupo sanguíneo del receptor a índices lo suficientemente bajos para que no se produzca el rechazo del órgano”, explica la nefróloga. 

Para ello el trasplante ABO incompatible precisa una preparación especial que deberá iniciarse un mes antes de la intervención quirúrgica. Con esa antelación se administra al receptor un fármaco, el Rituximab, “con el fin de bloquear la producción de anticuerpos de grupo sanguíneo”, indica la doctora Martín.

La semana anterior al trasplante se ingresa al receptor y se inician las sesiones de inmunoadsorción, técnica para eliminar los anticuerpos circulantes en la sangre que generarían el rechazo inmediato del órgano por la incompatibilidad de grupo sanguíneo. La inmunoadsorción es el procedimiento que ha sustituido a la plasmaféresis en los últimos años. El principal problema que supone la plasmaféresis es que altera la coagulación de la sangre, lo que constituye un mayor riesgo de hemorragia durante el trasplante.

La inmunoadsorción sin embargo “es una técnica más segura porque no altera la coagulación sanguínea y además resulta más eficaz”, asegura la especialista. En total son necesarias un mínimo de cinco sesiones de inmunoadsorción antes del trasplante. El objetivo –apunta- radica en llegar a reducir el nivel de anticuerpos de grupo sanguíneo circulantes por debajo de un límite de seguridad”. En caso de que con cinco sesiones no se consiga este propósito, “será necesario continuar realizando inmunoadsorciones y retrasar, por tanto, la fecha del trasplante hasta obtener el nivel de anticuerpos adecuado”. 

Tras las dos últimas sesiones de inmunoadsorción, es necesario administrar inmunoglobulinas como tratamiento complementario para “obtener un efecto inmunomodulador”. Además, añade la facultativa, una semana antes debe comenzarse a administrar al receptor la medicación inmunosupresora habitual, propia de cualquier tipo de trasplante renal.

Durante las dos semanas posteriores a la intervención quirúrgica es necesario mantener una estrecha vigilancia de los niveles de anticuerpo de grupo sanguíneo. En caso de que aumenten por encima del límite de seguridad se le realizarían más sesiones de inmunoadsorción. “El riesgo de rechazo se sitúa en esas dos primeras semanas después del trasplante. Transcurrido ese tiempo se ha descrito que se produce un fenómeno de acomodación inmunológica tras el cual el organismo ya no rechaza el riñón trasplantado aunque vuelvan a aumentar los niveles de anticuerpos de grupo sanguíneo”, detalla la nefróloga. La hospitalización normal del receptor comienza una semana antes del trasplante y finaliza unos 8 días después de la intervención. 

Según concluye la especialista, el trasplante ABO incompatible “se convierte en una opción que ahorra tiempo de espera y un deterioro orgánico mayor para determinados casos en los que no existe un donante vivo de grupo sanguíneo compatible”. Sin embargo, insistió en que las personas con este problema en las que no sea recomendable una inmunosupresión mayor de la habitual tienen también la opción de ser incluidos en el Programa Nacional de Donación Renal Cruzada.

Entrevista a paciente