Alteraciones en la digestión y absorción

el 20% de la población presenta alguna intolerancia alimentaria

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Alteraciones de la digestión y la absorción. Diagnóstico en la Clínica

El tracto gastrointestinal es el tubo muscular que va desde la boca hasta el ano. Su estructura es diferente en los distintos tramos según los requerimientos de la digestión y absorción de los alimentos.

El tubo a nivel intestinal está recubierto por microvellosidades que contienen sistemas enzimáticos responsables de la digestión y permiten el desarrollo de mecanismos de absorción muy eficaces. Además el tracto está regulado por un complejo sistema de control neurohormonal.

Las alteraciones en los procesos de digestión y absorción pueden producirse a distintos niveles y afectar a diversos componentes de los alimentos.

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El tratamiento principal de la intolerancia alimentaria consiste en la eliminación del alimento en cuestión de la dieta habitual".

Saber más sobre estas pruebas

Estas pruebas se realizan de manera rutinaria en la práctica clínica.

Requieren ingerir una cantidad concreta del elemento que se va a estudiar, esperar un tiempo para que se absorba y posteriormente, extraer una muestra de sangre, orina o heces para analizar su composición.

Entre las pruebas que se realizan más frecuentemente para determinar si existe alteración en su absorción o digestión están:

¿En qué enfermedades se realiza esta prueba?

  • Intolerancia a la fructosa, galactosa, glucosa y lactosa
  • Intolerancia al gluten
  • Sobrecrecimiento bacteriano

Permite descartar/detectar problemas de absorción por alteración en la superficie intestinal. 

El paciente ingiere 25 gramos de D-xilosa disueltos en medio litro de agua. Después se obtiene la orina emitida durante las 5 horas siguientes.

Si no hay ninguna alteración renal, lo normal es que en orina se detecte, al menos, el 25% de la dosis administrada.

Niveles reducidos de xilosa en orina sugieren la presencia de un defecto de absorción a nivel de intestino delgado aunque también se pueden observar niveles bajos en situaciones de ascitis, vómitos, retardo del vaciamiento gástrico, alto consumo de aspirinas, en algunos tratamientos farmacológicos y en alteración de la función renal.

En casos en que el paciente presente un proceso diarreico, en el que se sospeche alguna alteración en el proceso de digestión o absorción, se recomienda obtener una muestra de heces en la que se determina el color, aspecto y pH y además, se observa al microscopio para detectar la presencia de grasa, almidón o fibras musculares sin digerir.

Si se detecta grasa en las heces, puede sospecharse de una esteatorrea, un síndrome caracterizado por una mala absorción de grasas de la dieta. Conviene realizar un balance de grasas en heces, para lo que se recogen las heces emitidas durante 3 días mientras el paciente ingiere una cantidad conocida de grasa. En niños no debe detectarse más de 2 gr. de grasa en 24 horas y en adultos no más de 7 gr.

Si la cantidad de grasa en las heces excede de los valores normales, puede deberse a un síndrome de Zollinger-Ellison, al incremento de ácido duodenal, a una excreción biliar anormal, a una insuficiencia pancreática que provoque déficit de los enzimas digestivos, a trastornos de la mucosa intestinal o a una enfermedad del intestino grueso que provoque una interrupción de la circulación enterohepática.

Los hidratos de carbono ingeridos en la dieta deben convertirse en moléculas sencillas, monosacáridos, que pueden absorberse a nivel intestinal. En esta conversión participan diversas enzimas como la amilasa salivar y la amilasa y disacaridasas intestinales.

Uno de los problemas digestivos más frecuentes, tradicionalmente en niños y cada vez más en adultos, es la intolerancia a la lactosa. Se debe al déficit de una de esas disacaridasas, la lactasa. Si las personas que presentan este déficit ingieren leche o productos lácteos, se producirán cólicos, gases y diarreas.

El diagnóstico de este trastorno se realiza con la prueba de tolerancia a la lactosa. El el paciente ingiere 50 gr. de lactosa disueltos en agua y se recogen muestras de sangre basal, a los 5, 10, 30, 60, 90 y 120 minutos para determinar glucosa. Para que la glucosa aparezca en sangre es necesario que la lactosa haya sido adecuadamente degradada y absorbida. Lo normal es que la glucosa en sangre se eleve a más de 200 mg./dl. por encima del valor basal.

Recientemente se ha observado que la mejor forma de determinar la digestión y absorción de glucosa es midiendo la cantidad de hidrógeno en el aire espirado tras la administración oral de lactosa. Lo normal es que se detecten menos de 10 partes por millón de hidrógeno en el aliento mientras que en los pacientes con intolerancia puede pasar de 50.

Los isótopos estables se encuentran en la naturaleza. Son inocuos para el medio ambiente, sin efectos adversos y permiten realizar estudios repetidos en el mismo paciente. Recientemente se han desarrollado pruebas que utilizan isótopos estables para valorar la función pancreática, el vaciamiento gástrico, los procesos de digestión, el tránsito orocecal, el sobrecrecimiento bactariano y la presencia del Helicobacter pylori.

En el test para valorar la función pancreática, el paciente ingiere un triglicérido mixto en el que uno de los ácidos grasos que lo forman está marcado con 13C. Si la función pancreática es normal, la lipasa secretada por el páncreas hacia el intestino degradará el triglicérido y el ácido graso marcado se oxidará para formar 13 CO2 que se eliminará y cuantificará en el aliento.

Con una prueba similar que utiliza otro compuesto marcado, el 13C-octanoico, se puede valorar la velocidad a la que se produce el vaciamiento gástrico, detectándose los casos en que éste se encuentra acelerado o retrasado.

Para detectar la presencia de Helicobacter pylori en el estómago, asociado a gastritis y tumores gástricos, se realiza otra prueba de aliento. El paciente ingiere urea marcada con 13C. Por acción de la uresasa que posee el Helicobacter, la urea se degrada formando 13CO2 que se detectará en el aliento. Si el resultado es positivo, tras el tratamiento antibiótico se vuelve a realizar la prueba para confirmar su eliminación.

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