Trastornos por calor

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Diagnóstico y tratamiento del golpe de calor en la Clínica 

Puede producirse un golpe de calor por un aumento excesivo de la temperatura externa, es el llamado golpe de calor pasivo o clásico, que es el propio del verano, sobre todo en países donde se alcanzan temperaturas muy altas y mantenidas.

Pero también existe el golpe de calor activo o endógeno, como el que se produce por el ejercicio.

Realizar un ejercicio físico intenso o prolongado en condiciones de calor ambiental, y más si la humedad es alta, está asociado a un riesgo muy elevado de padecer un golpe de calor.

El tratamiento del golpe de calor supone una urgencia vital, ya que su mortalidad es menor si se consigue el enfriamiento del paciente lo antes posible. Por ello es muy importante diagnosticar precozmente el síndrome y sospecharlo en cualquier enfermo con fiebre alta y alteración neurológica.

En cuanto sea posible será trasladado a un centro hospitalario, pero hasta entonces el objetivo a conseguir es la reducción de la temperatura corporal del enfermo hasta que se sitúe entre 38 y 39ºC. Para ello, debe ser colocado en el lugar más fresco que se pueda, se le quitará la ropa y se procurará enfriarlo mediante compresas de agua fría.

También puede sumergirse al enfermo en agua fría o templada directamente, pero teniendo en cuenta que el contraste demasiado rápido y excesivo con el frío puede contraer los vasos sanguíneos de la piel y estimular la aparición de escalofríos, lo que puede retrasar el enfriamiento.

Una vez trasladado, se continuará el enfriamiento y se adoptarán además las medidas de soporte necesarias.

Por todo ello, la mejor estrategia en esta enfermedad es la prevención.


La temperatura normal del cuerpo humano es de 37ºC, con oscilaciones fisiológicas alrededor de esta temperatura que son completamente normales.

Habitualmente, la temperatura sigue un ritmo circadiano, de modo que es algo más baja a primera hora del día, en torno a las 6 de la mañana, y alcanza su máximo entre las 4 y las 6 de la tarde. A esa hora, temperaturas de hasta 37,7º pueden ser perfectamente normales.

La temperatura corporal puede tener también variaciones normales en las distintas estaciones del año, varía igualmente en las distintas fases del ciclo menstrual en la mujer y evoluciona con la edad.

¿Cómo se regula la temperatura corporal?

El hombre es capaz de mantener la temperatura corporal dentro de unos márgenes estrechos. Se realiza a través del llamado centro termorregulador, un área neuronal específica situada en una zona del cerebro, el hipotálamo anterior, que regula y equilibra los distintos procesos de producción o de disipación de calor corporal.

El centro termorregulador del hipotálamo es capaz de modificar la temperatura del cuerpo humano por dos vías distintas:

  • Aumentando o reduciendo la producción de calor por el organismo. Las fuentes generadoras de calor corporal son fundamentalmente dos: las reacciones metabólicas, que se dan sobre todo en el hígado, y la actividad del sistema muscular.
  • Poniendo en marcha o no los mecanismos de conservación o disipación de calor. Cuando aumenta la temperatura corporal, aumenta la frecuencia respiratoria y los vasos sanguíneos de la piel se dilatan y se pueda perder más calor con la respiración, con el aumento de la circulación en la piel y por el incremento de la sudación.

El centro termorregulador también envía señales a la corteza cerebral para que se establezcan conductas apropiadas para evitar el aumento excesivo de temperatura del organismo.

Existe un proceso de aclimatación al calor, que puede durar hasta una semana, con el que somos capaces de generar mayores cantidades de sudor y adaptar nuestro sistema circulatorio al aumento de temperatura.


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El tratamiento del golpe de calor supone una urgencia vital, ya que su mortalidad es menor si se consigue el enfriamiento del paciente lo antes posible".

Saber más sobre los trastornos por calor 

El último escalón de la enfermedad por el calor es el golpe de calor.

En éste lo que se produce es una elevación incontrolada de la temperatura debida a un fallo de los mecanismos termorreguladores, y puede conducir, si no se trata precoz y adecuadamente, a un grave fallo multiorgánico y a la muerte.

En este caso los enfermos tienen fiebre, casi siempre mayor de 39-40ºC, alteración del nivel de conciencia, que puede llegar hasta el coma profundo, y la piel está caliente y seca, a diferencia de lo que ocurría en el colapso por calor.

¿Cuáles son los síntomas más habituales?

  • Calambres
  • Debilidad
  • Dolor de cabeza
  • Mareo

Las enfermedades producidas por el calor de forma aguda son frecuentes, aunque generalmente de escasa gravedad en nuestro medio.

Una primera manifestación leve son los calambres por calor, que ocurren en las personas que realizan una actividad física en condiciones ambientales de calor o de humedad elevada.

Un cuadro más importante es el llamado agotamiento o colapso por calor, que se caracteriza porque se mantiene una buena respuesta del centro termorregulador hipotalámico, pero existe sin embargo un fallo en los mecanismos cardio-circulatorios de adaptación al calor.

Los síntomas más comunes son la debilidad, el dolor de cabeza, sensación de mareo, náuseas y vómitos, pero puede progresar hasta situaciones de incoordinación muscular y alteración del nivel de conciencia, resultando difícil diferenciar estas formas más graves del golpe de calor.

Un hecho característico en el colapso por calor es que los enfermos están pálidos y sudorosos, pero su temperatura es normal o está sólo ligeramente elevada.

Las causas más comunes de golpe de calor son las siguientes:

Causas ambientales

  • Temperatura ambiental superior a la corporal.
  • Humedad atmosférica elevada.
  • Sobrecarga de calor por radiación (edificios metálicos, automóviles).

Causas endógenas

  • Fiebre.
  • Esfuerzo muscular por trabajo o deporte.
  • Hipertermia maligna.

Existen muchos otros factores que favorecen el desarrollo de un golpe de calor. Es más frecuente en las personas cuyos mecanismos reguladores son más deficientes, como son los niños y los ancianos. También en personas debilitadas, deshidratadas u obesas.

Por último, la coexistencia de otras enfermedades (como la diabetes, hipertiroidismo, enfermedades neurológicas, cardiovasculares, pulmonares o renales, etc.), el alcoholismo y la toma de medicamentos de distintos tipos también aumentan el riesgo de padecer un golpe de calor.

Estos trastornos afectan más a niños y ancianos porque sus mecanismos autoreguladores son más débiles.

A pesar de un tratamiento adecuado, la mortalidad del golpe de calor sigue siendo elevada, y los supervivientes pueden presentar distintas secuelas neurológicas y de otro tipo.

Esta enfermedad tiene un peor pronóstico en personas mayores, si existe una afectación neurológica grave, signos de daño multiorgánico, o si el enfriamiento se retrasa más de una hora.

Por todo ello, la mejor estrategia en esta enfermedad es la prevención. Algunos de los consejos básicos que contribuyen a prevenir el daño por calor en todas sus formas son:

  • Evitar la exposición al sol y el ejercicio físico en las horas centrales del día.
  • Protegerse del sol adecuadamente, ya que las quemaduras solares dificultan la disipación de calor.
  • Mantener una buena hidratación durante todo el día. No esperar a tener sed.
  • Beber especialmente antes, durante y después del ejercicio físico. Se puede emplear agua y, aún mejor, soluciones isotónicas.
  • Reducir la actividad física en lo posible si la temperatura y la humedad son elevadas.
  • Evitar la ingesta de bebidas alcohólicas.
  • Emplear ropa ligera, de colores claros y holgada, adecuada a la temperatura en verano.
  • No abrigar excesivamente a los niños durante la época de calor.
  • Ventilar adecuadamente las viviendas.

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