Síndrome de isquemia aguda

antes de 6 horas tras el inicio de los síntomas, debe tratarse

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Diagnóstico y tratamiento en la Clínica 

En la mayoría de las ocasiones es suficiente que el médico vea al paciente y le explore para llegar al diagnóstico de isquemia aguda.

Al realizar la historia clínica se hará constar antecedentes de riesgo arterioesclerótico (tabaquismo, HTA, diabetes o hiperlipemia) que ayuden a filiar el cuadro como probable trombosis o embolia. También habrá que indagar sobre antecedentes cardiológico y tratamientos previos.

Para conocer si se trata de una trombosis o de una embolia, casi siempre será necesario realizar pruebas complementarias, entre las que se encuentran el electrocardiograma, el doppler y la arteriografía.

El tratamiento dependerá del estado del paciente y de los resultados de las pruebas diagnósticas y podrá ser médico y/o quirúrgico.

Cuando se trata de una embolia, generalmente el tratamiento es quirúrgico y consiste en extraer el coágulo del vaso afectado (embolectomía).

Si la causa del problema es una trombosis, la situación puede manejarse inicialmente con tratamiento médico (analgésicos, anticoagulantes, fibrinolíticos, hemorreológicos), siendo necesaria en la mayoría de las ocasiones una intervención quirúrgica posterior (endarterectomía, angioplastia, "bypass").


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Las tres causas fundamentales capaces de producirla son la trombosis, la embolia y el traumatismo".

Saber más sobre el síndrome de isquemia aguda

La isquemia aguda es la supresión brusca del aporte sanguíneo a un determinado territorio como consecuencia de la obstrucción del flujo sanguíneo en una o más arterias.

Dentro de la isquemia aguda, se distinguen dos entidades: trombosis y embolia.

¿Cuáles son los síntomas más habituales?

  • Dolor intenso
  • Frialdad
  • Palidez

Las tres causas fundamentales capaces de producirla son:

  • Trombosis arterial aguda es la obstrucción de un vaso sanguíneo por un coágulo formado en el mismo lugar en el que se produce la obstrucción debido fundamentalmente a la afectación arteriosclerótica de su pared. 
  • Embolia: es la obstrucción brusca de un vaso, generalmente sano, por un coágulo formado en otro lugar y arrastrado hasta allí por la corriente sanguínea. Lo más frecuente es que el émbolo se forme en el corazón y sea bombeado al torrente circulatorio por el que «navega» hasta quedar impactado en una arteria de calibre inferior a su diámetro.
  • Los traumatismos arteriales provocan la isquemia del territorio afectado por la lesión del vaso que le aporta la sangre necesaria.

Independientemente de la causa que la produzca la isquemia aguda es un cuadro de dolor de instauración súbita acompañado de frialdad y palidez. El dolor es muy intenso y no responde a los calmantes habituales.

Puede suceder en cualquier territorio pero lo más frecuente es que ocurra en las extremidades y, sobre todo, en las extremidades inferiores.

En cuadros muy evolucionados puede aparecer ausencia de pulso, falta de sensibilidad, parálisis e incluso gangrena franca.

Dependerá de cada caso pero, en términos generales, el factor pronóstico más importante es el tiempo transcurrido entre el inicio de los síntomas y el comienzo del tratamiento, que no debería ser superior a seis horas.

Cuadros muy evolucionados pueden conducir a la amputación de la extremidad e incluso a la muerte por la existencia de complicaciones asociadas.

Es frecuente en pacientes con sintomatología previa de dolor en las extremidades, coincidiendo con la marcha (claudicación intermitente) y es mucho más frecuente en enfermos con factores de riesgo aterosclerótico; varones por encima de los 60-70 años con historia de hipertensión arterial, fumadores y con cifras elevadas de colesterol.

También es frecuente en pacientes con determinadas arritmias cardiacas y/o enfermedades de las válvulas del corazón, sobre todo estenosis mitral, así como en portadores de válvulas mecánicas.

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