Colon irritable

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Diagnóstico y tratamiento del colon irritable en la Clínica

El diagnóstico del colon irritable se basa en una minuciosa historia clínica junto a una completa exploración física, que orientarán hacia la posibilidad de tratarse de un síndrome del intestino irritable (SII).

Para completar el diagnóstico de sospecha, se realizan diversas pruebas complementarias que descarten la existencia de patología orgánica.

Entre estas pruebas se incluyen análisis generales y específicos de sangre, orina y heces, estudios radiológicos de abdomen con y sin contraste, ecografía abdominal y sigmoidoscopia/colonoscopia.

Dependiendo de los síntomas y de la edad del paciente, se determinan en cada caso las pruebas más adecuadas para llegar al diagnóstico de SII.

El paciente debe disponer de información adecuada y comprensible sobre las características de su enfermedad, especialmente sobre la cronicidad y el pronóstico benigno.

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En la Clínica tratamos a aquellos pacientes que presentan trastornos funcionales digestivos, ofreciendo toda la información sobre las características de su enfermedad y tratamiento individualizado en función de sus síntomas.

Es muy importante consultar al médico si usted sufre molestias digestivas de este tipo en forma recurrente".

Una vez que el paciente haya entendido su enfermedad y haya podido resolver todas sus dudas, se pueden iniciar diversos tratamientos dependiendo de la naturaleza e intensidad de los síntomas.

Las posibilidades actualmente disponibles incluyen, en primer lugar, medidas higiénico-dietéticas, siendo posible una valoración específica por la Unidad de Nutrición y Dietética para diseñar la dieta más adecuada en cada caso.

Cuando la intensidad de los síntomas lo aconseje, se indicará tratamiento farmacológico dirigido a controlar el síntoma predominante y durante un periodo limitado de tiempo.

Pueden ser inhibidores de los espasmos (espasmolíticos), estimulantes de la motilidad (procinéticos), antidiarréicos, laxantes, antidepresivos y ansiolíticos.

Por último, se contemplan otras opciones terapéuticas como psicoterapia, acupuntura e hipnoterapia.

  • Evitar temporalmente aquellos alimentos y bebidas que desencadenen o empeoren sus síntomas (tabaco, café, especias, alcohol, tónica, sopas de sobres, cacao, derivados lácteos, quesos, yogurt, bollería, pasteles, helados, mantequilla,...).
  • Utilizar suplementos de salvado de trigo: 4 a 8 cucharadas al día, mezclados con líquidos o alimentos.
  • Evitar comida copiosas, son preferibles comidas más frecuentes y menos abundantes.
  • Evitar las bebidas con gas y los alimentos flatulentos como: col, garbanzos, lentejas, cebollas, puerros, guisantes, frutos secos y en conserva.
  • Evitar, en lo posible, las situaciones que le pongan nervioso o estresen.
  • Si predomina el estreñimiento habrá que aconsejar el aumento en la ingesta de fibra (frutas, verduras, cereales, ensaladas, ...).
  • Si lo que predomina es la diarrea, habrá que evitar los derivados lácteos, café, té y chocolate.
  • Realizar ejercicio físico adecuado a su edad y evitar el sedentarismo.

Saber más sobre el colon irritable

El colon irritable, cuya denominación más exacta es «Síndrome del Intestino Irritable» (SII), es un cuadro crónico y recidivante, caracterizado por la existencia de dolor abdominal y/o cambios en el ritmo intestinal (diarrea o estreñimiento).

Se puede acompañar o no de una sensación de distensión abdominal, sin que se demuestre una alteración en la morfología o en el metabolismo intestinales, ni causas infecciosas que lo justifiquen.

¿Cuáles son los síntomas más habituales?

  • Dolor abdominal
  • Distensión abdominal
  • Alteración del ritmo intestinal
  • Meteorismo

Hasta hoy, no se conoce ningún mecanismo único que explique por qué los pacientes con SII sufren estos síntomas de forma crónica y recidivante.

Desde un punto de vista general, lo más aceptado y demostrado es que existen alteraciones de la motilidad (del movimiento) y/o de la sensibilidad digestiva, influenciadas por factores psicológicos.

Además, se han propuesto otras diferentes alteraciones que también podrían influir en esta enfermedad: gastroenteritis, intolerancias alimentarias, alteraciones hormonales y factores genéticos.

El dolor abdominal suele ser difuso o localizado en hemiabdomen inferior, habitualmente no irradiado, de tipo cólico, opresivo o punzante, en general leve o de moderado intensidad, con una duración inferior a las dos horas, que alivia tras la defecación y que suele respetar el sueño.

El inicio o la presencia del dolor abdominal se asocia habitualmente con deseos de defecar o con cambios en la frecuencia o consistencia de las deposiciones y, frecuentemente, el paciente relaciona su comienzo con la ingesta de algún alimento.

Las alteraciones del ritmo intestinal pueden manifestarse con predominio del estreñimiento o de la diarrea, o de forma alterna diarrea-estreñimiento.

La distensión abdominal y el meteorismo se desarrollan progresivamente a lo largo del día y son referidas como "exceso de gases". Son frecuentes la saciedad precoz tras la ingesta, las nauseas, los vómitos y el ardor torácico (pirosis).

Otros síntomas son la sensación de evacuación incompleta y la presencia de moco en las deposiciones.

El SII es un proceso crónico que cursa con periodos asintomáticos junto a recaídas frecuentes. En general, se asocia con un buen pronóstico, siendo la expectativa de vida similar a la de pacientes sin la enfermedad.

El problema redunda en la calidad de vida: los síntomas y las limitaciones impuestas por la enfermedad empeoran la calidad de vida en todas las esferas (limitaciones sociales, absentismo laboral, actividad física, percepción de su salud).

El SII muestra una clara predilección por las mujeres (14-24% frente al 5-19% en los varones).

Suele aparecer antes de los 35 años, disminuyendo su incidencia a partir de los 60 años.

Es más frecuente en pacientes con otras patologías digestivas funcionales (sobre todo dispepsia -molestias inespecíficas de estómago- no ulcerosa), en mujeres con alteraciones ginecológicas (dismenorrea) y en pacientes con enfermedades psiquiátricas (bulimia, depresión, esquizofrenia).

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