Artrosis

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Diagnóstico y tratamiento de la artrosis

No existen alteraciones de laboratorio específicas de la artrosis ni marcador alguno que permita hacer un diagnóstico o seguimiento de la enfermedad.

Sin embargo, se están investigando nuevos marcadores de respuesta al tratamiento que probablemente se puedan utilizar en los próximos años. Existe también un test genético que analiza los principales genes asociados a la artrosis avanzada de rodilla y permite instaurar un tratamiento más precoz.

A la exploración física, pueden observarse deformidades articulares, por aumento del componente óseo y capsular y limitación de la movilidad con dolor a la presión, chasquidos y crepitación de la articulación.

El crecimiento de los extremos de los huesos que forman la articulación puede hacer que la articulación se agrande y ensanche.

La radiología en las fases iniciales puede ser normal, aunque lo más típico es observar un estrechamiento de espacio articular asociado a esclerosis subcondral, aparición de osteofitos marginales (prominencias óseas), quistes y anormalidades del contorno óseo.

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El tratamiento y seguimiento de varias de las enfermedades reumáticas se realiza de forma conjunta y multidisciplinar con otros servicios.

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Los objetivos del tratamiento son disminuir los síntomas y la discapacidad de los pacientes, mejorando la calidad de vida de los que padecen la enfermedad. Los nuevos tratamientos nos permiten retrasar o incluso evitar la necesidad de cirugía". 

El objetivo del tratamiento es aliviar el dolor y el mantenimiento de la capacidad funcional. Las claves son el ejercicio, combatir la obesidad y los analgésicos/antiinflamatorios.

Las terapias actualmente disponibles son:

  • Tratamiento no farmacológico: la fisioterapia, el ejercicio aeróbico (natación, paseo).
  • Tratamiento farmacológico: como primera opción, el paracetamol. Como antiinflamatorios no esteroideos se tiende a emplear los inhibidores de la COX-2 (celecoxib y rofecoxib). En algunos momentos pueden ser otros analgésicos como el tramadol o la codeína.
  • El sulfato de glucosamina y el condroitín sulfato estimulan la síntesis de matriz extracelular del cartílago y parece que ejercen un control moderado sobre el dolor articular, si bien los estudios realizados no muestran resultados totalmente definitivos. Los corticoides intraarticulares pueden ser eficaces en casos puntuales.
  • El ácido hialurónico y los factores de crecimiento plaquetario intra-articulares sirven para tratar aquellos pacientes con una artrosis refractaria al tratamiento médico al tener un efecto analgésico-antiinflamatorio y protector del tejido.

Cirugía: indicada en las fases tardías de la enfermedad cuando existe dolor refractario o importante trastorno funcional.

Existen cuatro procedimientos quirúrgicos: la osteotomía (para corregir la distribución de cargas); la artroscopia (con lavado y desbridamiento intraarticular); la artrodesis (o fusión articular, útil en columna y pequeñas articulaciones); y la artroplastia o sustitución articular por una prótesis, muy frecuentes la prótesis de cadera y la prótesis de rodilla.

Saber más sobre la artrosis

La osteoartritis o artrosis es la enfermedad degenerativa articular más frecuente, caracterizada por la destrucción del cartílago hialino que recubre las superficies óseas.

El cartílago es un tejido que hace de amortiguador al proteger los extremos de los huesos y que favorece el movimiento de la articulación. Cuando se desarrolla la artrosis, dicho cartílago pierde sus propiedades. Puede incluso llegar a desaparecer, haciendo que los extremos de ambos huesos rocen directamente, produciendo dolor. 

Habitualmente se localiza en la columna cervical y lumbar, algunas articulaciones del hombro y de los dedos de las manos, la articulación de la raíz del pulgar, la cadera, la rodilla y la articulación del comienzo del dedo gordo del pie.

¿Cuáles son los síntomas más habituales?

  • Dolor articular
  • Deformidad articular
  • Inflamación en las articulaciones
  • Rigidez
Investigaciones que se están desarrollando para el tratamiento de la artrosis.

No está claro si la artrosis es una única enfermedad o un espectro de patologías con unas manifestaciones clínicas y radiológicas similares.

Así, podemos clasificar la artrosis en dos grupos: primaria, sin una causa definida y secundaria, asociada a otras patologías (hemocromatosis, gota, diabetes mellitus, displasias óseas...).

Sea o no conocida la causa última de la enfermedad, sí que podemos hablar de una serie de factores estrechamente ligados a su desarrollo:

  1. Factores sistémicos: sexo, edad, herencia, osteoporosis (estado hormonal).
  2. Factores locales: obesidad, inestabilidad articular (laxitud, deformidades), traumatismos repetidos, sobrecarga articular (ocupacional...).
  3. Factores genéticos: existe una serie de genes estrechamente asociados al desarrollo de la artrosis que pueden estudiarse mediante un simple test de saliva.

El síntoma fundamental es el dolor, de inicio insidioso, profundo y mal localizado. Este dolor suele aparecer cuando se exige un esfuerzo a la articulación enferma y, en general, empeora a medida que avanza el día. Con el progreso de la enfermedad, el dolor puede aparecer con el reposo o el descanso nocturno.

En la artrosis de la columna vertebral, se produce dolor de cuello o de la región lumbar, dificultad para el movimiento y contractura de los músculos de la región afectada.

Otra posibilidad, cuando el paciente aqueja dolor en el muslo (por dolor irradiado), es que la artrosis se localice en la cadera.

Otros síntomas son las deformidades articulares y la limitación de la movilidad con dolor a la presión, chasquidos y crepitación de la articulación. El crecimiento de los extremos de los huesos que forman la articulación puede hacer que la articulación se agrande y ensanche.

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