Prevención de las infecciones de piel

La piel constituye una barrera de protección frente a las agresiones externas. Nos protege de múltiples agresiones. En el ambiente que nos rodea sobreviven múltiples gérmenes.

La piel con su capa externa denominada epidermis, la dermis y el tejido celular subcutáneo impiden que esos gérmenes penetren en nuestro cuerpo.

Las heridas infectadas

En la piel existen gérmenes que si la penetran pueden ser nocivos.

Entre ellos destaca el Stafilococo, responsable de la mayor parte de las infecciones cutáneas. Cuando una herida se infecta, pueden aparecer los fenómenos comentados en el apartado anterior. Se vuelve roja, edematosa y caliente, apareciendo a continuación una secreción de aspecto sucio y maloliente.

La causa más frecuente es una mala limpieza de la misma. Por ello, la principal prevención reside en una adecuada limpieza y eliminación de cuerpos extraños, así como evitar el contacto con la suciedad. Ésta es la principal razón para proteger o vendar una herida, sin que se produzca su maceración. Un ambiente cerrado y poco transpirable puede facilitar el crecimiento de gérmenes más agresivos, como ocurre cuando una herida se cierra en "falso" o está situada en un pliegue de la piel.

La falta de oxígeno favorece el crecimiento de estos gérmenes denominados anaerobios, y la maceración de la misma por humedad y secreciones, puede facilitar el anidamiento de hongos sobre la misma. En todo caso, el tratamiento pasa por una limpieza de la herida con eliminación de cualquier material o tejido necrótico. Los antisépticos son útiles si son aplicados correctamente y durante un tiempo suficiente (varios minutos). El agua oxigenada destruye gérmenes de forma eficaz por la acción del oxígeno.

El alcohol es capaz de eliminar la capa protectora de muchas bacterias debilitándolas y favoreciendo su destrucción. El empleo de antibióticos debe ser evaluado por un facultativo, quien debe decidir la oportunidad de su utilización por vía tópica (para infecciones leves o no complicadas) u oral (a veces la única forma de que llegue correctamente a la zona infectada). La presencia de una infección en la herida dificulta su cicatrización.

Deben ser especialmente cautas las personas inmunosuprimidas o con una mala vascularización de la piel como los diabéticos. En estos casos, la prevención pasa por evitar la aparición de cualquier herida, manteniendo en buen estado la piel (eliminando durezas, hidratándola adecuadamente, etc...). 

Consejos

  • Las heridas deben ser limpiadas de forma conveniente eliminando cualquier cuerpo extraño o suciedad. Para ello, podemos aplicar agua a presión sobre la herida.
  • Una vez limpia la herida aplicar, algún antiséptico dejándolo actuar al menos durante cinco a diez minutos. Podemos emplear cualquiera que tengamos a mano (alcohol, agua oxigenada, etc...) vigilando su caducidad y la buena conservación del envase.
  • Tapar la herida, sólo para protegerla de la suciedad o roce, o en el caso de que sangre para evitar la hemorragia. Para ello podemos emplear vendas o paños limpios hasta que sea valorada por un servicio médico. Si la herida es amplia, puede exudar un líquido seroso que al contacto con el aire se vuelve pegajoso. En estos casos, no aplicar algodón o tejidos filamentosos sobre la herida.
  • Vigilar periódicamente la herida por si apareciera cualquier signo de infección, sobretodo si tiene que estar cubierta o está oculta por algún pliegue.

Precaución

Acudir a un servicio médico cuando:

  • Se observe alrededor de la herida una hinchazón o enrojecimiento muy doloroso, que separe los bordes de la misma.
  • Aparezca un líquido sucio y maloliente por la herida.
  • El fondo de la herida deje de tener un aspecto rojo o "carnoso", apareciendo en su lugar un tejido de aspecto desvitalizado, blanco o verdoso.

Cuando se infecta una herida, si no se evacúa el pus, se dificulta su curación. Nunca debe ser manipulada por personal no preparado, debido al riesgo de favorecer la extensión de la infección o incluso el paso de gérmenes a la sangre.

Deben vigilarse con especial atención las infecciones situadas en la región perinasal, por la proximidad de vasos que se comunican con la sistema circulatorio (sobretodo venoso) del cerebro, y las que se encuentran cerca de un hueso (antepierna) por el riesgo de que la infección se propague hacia esa zona (osteomielitis).