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miércoles 30 septiembre de 2009

La Clínica Universidad de Navarra, único hospital español con capacidad de sintetizar y aplicar hasta 12 radiofármacos diferentes para el diagnóstico de cáncer, Alzheimer y Parkinson

 

El laboratorio PET GMP permite personalizar el radiofármaco, según la enfermedad que sea necesario diagnosticar y las características del paciente.

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La Clínica Universidad de Navarra es el primer hospital español capaz de sintetizar y aplicar hasta 12 radiofármacos diferentes, utilizados para obtener un diagnóstico preciso de determinadas enfermedades oncológicas, Alzheimer y Parkinson, entre otras patologías. La capacidad de producción y aplicación de otros centros españoles se sitúa entre 1 y 3 radiofármacos. La inauguración del nuevo laboratorio GMP (Good Manufacturing Practices) de Medicina Nuclear se suma al laboratorio ya existente, permitiendo a la Clínica ampliar la producción del número de radiofármacos utilizados hasta la fecha para efectuar pruebas diagnósticas mediante tecnología PET (Tomografía por Emisión de Positrones).

Además, las nuevas instalaciones aumentan las posibilidades futuras de producción de otros compuestos radiactivos. En concreto, el Departamento de Medicina Nuclear de la Clínica Universidad de Navarra tiene en fase de estudio la elaboración de otros 6 nuevos radiofármacos.

El nuevo laboratorio GMP ha supuesto una inversión de 1.156.000 euros y ha contado con una subvención en concepto de infraestructuras del Ministerio de Ciencia e Innovación por un importe total de 278.237 euros, además de una partida de financiación (para reembolsar), emitida por el mismo ministerio, por valor de 707.827 euros.

La Clínica Universidad de Navarra se convierte así en uno de los hospitales europeos pioneros en la producción de radiofármacos, tanto por la cantidad como por la variedad de compuestos que es capaz de sintetizar, atendiendo a las necesidades clínicas que surgen en el propio centro. Cabe precisar que en la Clínica, la utilización de radiofármacos aplicados a la tecnología PET presenta una doble vertiente: el diagnóstico clínico y la investigación.

“Actualmente hay muchos tomógrafos en España. Centros donde se produzca también el radiofármaco, muchos menos, y que cuenten con un equipo de ciclotrón con el que se produce el isótopo radiactivo, cerca de una decena. Instalaciones como el nuevo laboratorio GMP de Medicina Nuclear que ahora inauguramos nosotros, sumado al laboratorio ya existente, al ciclotrón y al equipo de PET-TAC y con la capacidad de producción de radiofármacos que ofrece actualmente la Clínica, somos los únicos”, asegura el doctor José Angel Richter, director del Departamento de Medicina Nuclear de la Clínica Universidad de Navarra.

Capacidad para nuevos compuestos

Según el especialista, “la puesta en marcha de este laboratorio GMP, unido al ya existente desde hace 13 años, nos permite acceder a nuevos compuestos que nos capacitan para el estudio de patologías complejas, dentro de campos tan diversos como la oncología, la neurología o las enfermedades inflamatorias”. De este modo, advierte, el beneficio que supone la síntesis de una amplia variedad de radiofármacos -como la metionina, la colina, la timidina, el acetato, la dopa o el PIB, entre otros- reside en “las enormes expectativas que surgen a la hora de determinar el tratamiento más preciso o el manejo terapéutico más adecuado en patologías tan complejas como tumores de próstata, cerebrales, de hígado o enfermedades degenerativas cerebrales, como la enfermedad de Parkinson, Alzheimer o demencias en general”.

Aplicación diagnóstica personalizada

Con las nuevas instalaciones, además de aumentar el número de radiofármacos, se mejoran las condiciones de producción de los medicamentos, tanto en cuestiones de protección radiológica como en la dosificación personalizada para cada paciente. El nuevo laboratorio GMP para la síntesis de radiofármacos, se enmarca dentro del Departamento de Medicina Nuclear. El director de las nuevas instalaciones es el especialista en Radiofarmacia doctor Iván Peñuelas, y el responsable de su diseño estructural y jefe de Protección Radiológica de la Clínica, el doctor en Radiofísica, Josep Martí.

En general, los radiofármacos en Medicina Nuclear se utilizan como compuesto de contraste que se inyecta al paciente y “permite observar el interior del organismo, in vivo, de una manera no invasiva y obtener así la imagen molecular del organismo o de la patología determinada que se pretende estudiar”, describe el doctor Richter.

Tecnología PET

El fundamento de la tecnología PET se basa en marcar, con isótopos emisores de positrones, las moléculas o sustratos metabólicos que se desean utilizar en los estudios diagnósticos. Para ello, el radiofármaco se inyecta al paciente antes de practicarle la prueba en el tomógrafo. “La tecnología PET permite utilizar diversos radiofármacos para obtener el diagnóstico de determinadas patologías de forma muy específica. Así, por ejemplo, un paciente con sospecha de tener un tumor cerebral, en lugar de aplicarle el radiofármaco FDG -uno de los más utilizados en el estudio de la patología tumoral-, en la Clínica empleamos otro denominado metionina, específico para tumores cerebrales. Sin embargo, si sospechamos que el paciente que debemos estudiar presenta un hepatocarcinoma, entonces emplearemos un radiofármaco distinto, y otro diferente si tenemos que determinar un diagnóstico de Parkinson”, explica el doctor Peñuelas.

Estructura del laboratorio GMP y recepción de productos

Las recién inauguradas instalaciones cumplen así con las condiciones GMP o normas de correcta elaboración establecidas internacionalmente. Cabe subrayar que la puesta en funcionamiento del nuevo laboratorio PET GMP ha sido aprobada por el Departamento de Innovación, Empresa y Empleo del Gobierno de Navarra, con el informe favorable del Consejo de Seguridad Nuclear.
La estructura del nuevo laboratorio se extiende en un espacio de cien metros cuadrados, donde se ubica una primera sala de recepción de los productos o materiales que se utilizarán en la síntesis de los radiofármacos. Este primer espacio está en contacto con el exterior, por lo que para introducir los productos a las estancias de producción debe hacerse a través de un SAS (Safety Airlock System) o pequeña esclusa que, a través de un sistema de diferencias de presión, impide la entrada de aire del exterior.

En general, todas las instalaciones GMP deben cumplir con un flujo unidireccional de materiales y productos, de ahí su habitual diseño en forma de U para evitar, de esta manera, la entrada de agentes potencialmente contaminantes. El nuevo laboratorio se ha diseñado además “optimizando la protección radiológica, tanto del personal que trabaja en la instalación radiactiva como del resto del personal de la Clínica y del público”, explica el radiofísico, doctor Martí.


Sala de producción: elaboración del radiofármaco

Una vez recibidos los materiales, comienza la elaboración del radiofármaco, que es la fase del proceso que se realiza en la sala de producción. Se trata de una zona del laboratorio donde la pureza del aire es superior a la de la sala de recepción. La zona de producción consta de un sistema de filtrado de aire consistente en un control diferencial de presiones que evita contaminaciones procedentes del exterior.

Para procurar mantener el mayor grado posible de asepsia en la sala de producción, el personal debe ataviarse con una vestimenta especial, en un ambiente estéril. En total, los técnicos que trabajan en el laboratorio GMP de Medicina Nuclear deben hacer dos cambios de ropa. La primera, para el acceso inicial al laboratorio, y la segunda, para entrar en la sala de producción, lugar donde se fabrican los compuestos.

Síntesis del radiofármaco

El radiofármaco se prepara a partir de dos componentes: una fracción radiactiva y otro compuesto que actúa como reactivo al que se une la parte radiactiva para constituir el radiofármaco final. La producción del isótopo radiactivo se elabora en un equipo externo a las instalaciones del laboratorio denominado ciclotrón, ubicado en la misma Clínica, próximo al nuevo laboratorio. Una vez elaborada la fracción radiactiva, ésta se traslada desde el ciclotrón hasta el laboratorio, a través de unos tubos subterráneos, situados bajo 40 cm de hormigón, en una zona del área de mantenimiento de la Clínica. Los tubos finalizan en las celdas de síntesis, pequeñas cámaras blindadas ubicadas dentro de la sala de producción. Cada celda tiene un blindaje de 7,5 cm de plomo. “De este modo, en el laboratorio no existe riesgo de irradiación”, subraya Josep Martí.

En el interior de las celdas se ubican los módulos automáticos, espacios donde se produce el radiofármaco como tal. Estos módulos “realmente son minilaboratorios computerizados que funcionan de manera automática según las órdenes de reacción que se le proporcionan a través de un ordenador. De este modo, se evita la manipulación del radiofármaco con el objetivo fundamental de proteger al personal y al medio ambiente frente a la radiación y asegurar la producción del radiofármaco con todos los requerimientos de seguridad farmacéutica necesarios”, subraya Iván Peñuelas.

Así, el proceso de producción dentro de los módulos automáticos de síntesis comienza con la llegada del material radiactivo producido en el ciclotrón. Para obtener el medicamento final es necesario sintetizarlo con un producto reactivo. Según el tipo de radiofármaco se utilizará un reactivo u otro. Cuando este producto ya se ha introducido en el módulo de síntesis, comienzan a producirse las reacciones químicas entre el material radiactivo y el reactivo, necesarias para obtener el radiofármaco. Finalizada la elaboración, el producto se purifica y se extrae del módulo de síntesis en un vial monodosis, calculado para el uso individual de un paciente determinado.

Cabe señalar que para la máxima asepsia, dentro del módulo de síntesis, todo el sistema de tubos y válvulas que intervienen en la recombinación del producto es desechable.

Control de calidad y seguridad

Pero antes de preparar la primera dosis, es necesario realizar un control exhaustivo de la calidad del producto obtenido. Para ello, se analizan todas las propiedades del radiofármaco recién elaborado. Se examinan las características químicas, farmacéuticas y fisicoquímicas del fármaco. Para realizar este análisis de calidad es necesario extraer una primera muestra que, a través del SAS, se pasa desde la sala de producción a la de calidad. “Cuando se comprueba que el radiofármaco cumple con todas las especificaciones previstas, se le da el visto bueno y es entonces cuando se puede dispensar para su administración al paciente”, explica Iván Peñuelas.

Una circunstancia que complica este control de calidad es la rapidez con la que debe practicarse, ya que las propiedades de los radiofármacos permanecen, en general, durante un lapso de tiempo muy corto. “Por este motivo es necesario trabajar deprisa y, a la vez, evitando cualquier posibilidad de error”, advierte el especialista. De este modo, los controles de calidad suelen realizarse en un tiempo inferior a 10 minutos. No obstante, el doctor Peñuelas subraya que en cualquier caso, “los radiofármacos son los medicamentos más seguros que existen porque, además de los rigurosos controles a los que están sometidos, las dosis que se administran a los pacientes son tan reducidas que no existe posibilidad de que produzcan efectos adversos”, asegura.

Finalizada la síntesis y con todos los controles de calidad superados, el fármaco ya está listo para su administración al paciente. “Para ello contamos con un sistema de dispensación automatizada a través de las indicaciones que se le transmiten por ordenador. De este modo, el radiofármaco pasa del módulo de síntesis a otro espacio contiguo, donde se procede a su dosificación en pequeñas cantidades individualizadas, adecuadas al paciente al que va dirigido”.
La dosis preparada en una jeringuilla se traslada a la sala donde se administra el radiofármaco al paciente, próxima al equipo PET. La monodosis del isótopo radiactivo se transporta siempre en un protector plomado que evita la radiación del personal sanitario.

Una vez inyectado, el radiofármaco servirá de producto de contraste, de forma que cuando el paciente es examinado a través del tomógrafo, el equipo PET-TAC es capaz de ofrecer imágenes metabólicas del organismo y muy específicas de los procesos moleculares que ocurren en la patología que se quiere estudiar. De este modo, los especialistas en Medicina Nuclear podrán realizar un diagnóstico preciso de la enfermedad.

Entrevista al dr. Richter.

Listado de radiofármacos.

Ver infográfico.

Ver vídeo.

 

 

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