Hipertensión arterial
y embarazo

La tensión arterial durante el embarazo puede sufrir cambios normales como, por ejemplo, su descenso a mitad de éste.

Pero en ocasiones, por anomalías no identificadas hasta el momento, puede producirse una elevación de la tensión arterial y derivarse de ello consecuencias negativas para la madre y el feto.

Si la madre antes del embarazo era hipertensa, se le deberá realizar un seguimiento especial.

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Hipertensión sin proteinuria o proteinuria aislada
En ocasiones, la madre puede presentar hipertensión arterial leve o proteinuria sin otras alteraciones en los análisis ni en el control del embarazo. En estos casos, se debe también controlar que no vayan a aparecer estos signos más tarde significando una preeclampsia.

Es frecuente que suceda esto en embarazos múltiples y molares.

Preeclampsia
La preeclampsia es una patología en la que la TA se eleva después de la mitad del embarazo y se asocia a edemas y pérdida de proteínas por la orina o proteinuria.

A veces, también puede aparecer la preeclampsia cuando existe HTA crónica, siendo una complicación de ésta durante el embarazo. La TA debe ser mayor de 140/90 y la proteinuria mayor de 300 mg. al día.

Los edemas se valoran por la ganancia de un kg. de peso en una semana y por estar los pies y manos hinchados.

A veces, también se hincha la cara. La sintomatología que puede presentar la madre, además del edema generalizado o sólo de las extremidades, es cefalea, dolor en epigastrio o hipocondrio derecho, fotopsias (visión de luces), naúseas y vómitos. Tienen más riesgo de desarrollar esta patología la mujeres con HTA crónica, diabetes, gestaciones múltiples, mola hidatiforme o hidrops fetal y primigestas (primer embarazo).

Las consecuencias pueden ser importantes para la madre y el feto cuando es grave: la pérdida de proteínas es mayor de 2 gr. al día, y la TA mayor de 170 y/o 110 la alta y baja, respectivamente.

Eso significa que se han producido alteraciones en los pequeños vasos sanguíneos llamados capilares, sobre todo los del riñón.

En el feto, se puede producir un retraso de crecimiento por alteraciones en la placenta y sufrimiento fetal derivado de ello. En la madre, en el riñón se pueden producir lesiones en los glomérulos (los filtros de la sangre) disminuyendo su función, la filtración glomerular. Puede durar tiempo después del parto. Las plaquetas se pueden adherir al endotelio disminuyendo su número en la circulación. Además, se pueden asociar alteraciones de la coagulación por consumo de sus factores. En la retina, la patología endotelial se manifiesta como pequeñas hemorragias y edema.

  • Equipo de expertos: contamos con un equipo de especialistas compartido con un equipo de matronas especialmente formado en el control del embarazo y de un equipo de pediatras junto a una unidad de neonatología que garantiza los cuidados al recién nacido.
  • Asistencia individualizada y especializada: asistencia prenatal y del parto en embarazo de bajo y alto riesgo.
  • Tecnología avanzada: contamos con la última tecnología, como una ecografía de alta resolución en el diagnóstico prenatal.
  • Microcirugía tubárica: reversión de la ligadura de trompas.
  • Diagnóstico prenatal: evaluación de células fetales, líquido amniótico o membranas amnióticas para detectar anomalías fetales.

 

En el cerebro, se puede inducir también edema con riesgo de convulsiones (a lo que se llama eclampsia) aunque la TA no sea muy alta.

Cuando la preeclampsia es severa, también puede afectar al hígado, elevándose los enzimas y con riesgo de hemorragia subcapsular y necrosis periportal (la muerte de las células de esa zona del hígado).

¿Cuál es el tratamiento de la preeclampsia?

Si el feto es maduro y no hay riesgo, se debe acabar el embarazo. Si no es así, debe mantenerse el embarazo evitando que se produzcan complicaciones graves. En primer lugar, se debe hacer una valoración del estado general de la madre y el feto con análisis de sangre y orina, evaluación del fondo de ojo, ecografía obstétrica y monitorización fetal.

Según su gravedad, se repetirán cada dos días, cada semana o cada dos semanas hasta que el feto sea viable y se considere que tiene menos riesgo fuera de la madre que dentro de ella.

Si sólo existe preeclampsia leve, la paciente debe hacer reposo en cama y controlar la TA.

Se debe evitar la elevación de la TA con fármacos específicos comentados anteriormente, hacer una dieta con más proteínas de lo normal. Si es más grave, conviene también sedar a la madre y prevenir las convulsiones con diacepam o sulfato de magnesio.

El parto es mejor que sea por vía vaginal que mediante cesárea, aunque en cada caso debe valorarse todas las condiciones.

Durante y después del parto deben continuar los controles y tratamientos.

El riesgo de eclampsia persiste hasta 48 horas tras el parto. Posteriormente, debe confirmarse la vuelta a la normalidad de la función, sobre todo del riñón, mediante análisis.

En la eclampsia, lo primero que deben tratarse son las convulsiones y, posteriormente, extraer al feto si es posible. Si es muy inmaduro, hay que mantener las mejores condiciones hasta que sea viable. Es importante hacer el diagnóstico diferencial entre convulsiones por eclampsia y alguna patología neurológica, como epilepsia o la presencia de un tumor cerebral.

Hipertensión arterial crónica

Cuando se detecta TA elevada antes de la mitad del embarazo, se dice que es porque la madre ya era hipertensa. Se le llama hipertensión crónica.

Generalmente, como son mujeres jóvenes, no suelen saber que tienen la TA elevada y la primera noticia de esta alteración la tienen al controlarse el embarazo.

La hipertensión crónica puede complicar el embarazo induciendo la aparición de una preeclampsia, sobre todo, cuando está algo alterada la función renal, que se mide por la creatinina que existe en la sangre antes del embarazo.

Hay que controlar estrechamente el embarazo para detectar cuanto antes un problema derivado de la alta TA. El tratamiento de la hipertensión arterial crónica durante el embarazo no difiere mucho de los tratamientos utilizados para la hipertensión arterial inducida por el embarazo.

Una forma eficaz de controlar la TA de una mujer en este estado es que se la tome periódicamente en su casa. De esta forma, se evita la confusión que pueda derivarse de la habilidad de la TA y que puede elevarse al llegar a la consulta del médico. Esto también permite saber cuál debe ser la actividad física que puede hacer la madre para controlar adecuadamente la TA. La mujer debe presentar los datos recogidos de la TA cada vez que acude a la visita prenatal para control del embarazo.

Debe valorarse la necesidad de tratamiento farmacológico porque no siempre es necesario hacerlo durante todo el embarazo. A mitad del embarazo se reduce levemente la TA y puede ser una TA adecuada, pudiéndose evitar la medicación.

A diferencia del tratamiento de la hipertensión arterial fuera del embarazo, la mujer no debe hacer excesivo ejercicio físico. Por el contrario, se beneficia de hacer reposo relativo, reduciendo su actividad física y descansando más tiempo. Así, mejora la perfusión sanguínea (la llegada de sangre y, por lo tanto, de nutrientes) a la placenta y al feto.

No se debe reducir la sal de la dieta. Esto se recomienda sólo cuando antes del embarazo se sabía que la TA era especialmente sensible a la restricción de sal. Entonces, y cuando existe alteración en la función del riñón, puede ser beneficioso disminuir la cantidad de sal la dieta.

Son claramente perjudiciales el alcohol y el tabaco.

Cuando el reposo no es suficiente para el control adecuado de la TA y persiste igual o mayor de 100, debe iniciarse el tratamiento farmacológico para evitar complicaciones vasculares y preeclampsia.

Es dudoso el beneficio del tratamiento a ultranza de la TA especialmente cuando no llega a 100 porque al reducirse ésta, también disminuye la llegada de sangre a la placenta y puede ser perjudicial.

El fármaco más utilizado por no tener efectos adversos para el feto ni la madre es la a-metildopa. Otro fármaco con su misma acción en el sistema nervioso central es la clonidina, también usada en el embarazo.

Con mecanismos de acción distintos están el labetalol, la nifedipina y la hidralacina. Los inhibidores del enzima de conversión (IECAs) que se utilizan con frecuencia y son eficaces fuera del embarazo, no deben utilizarse durante éste. Tampoco son adecuados los diuréticos.

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