En época de exámenes,
y conviene recordar algunas normas que pueden hacer que nos enfrentemos
a estas pruebas en mejores condiciones.
El
aprendizaje
Estudiar
es aprender, y este proceso
aunque se realice de forma instintiva puede mejorarse. En un primer momento
nos ponemos en contacto con la información, y para ello hay que
leer la materia a estudiar. La lectura es básica en esta
tarea y aunque pueda parecer contradictorio, cada vez es una faceta del
estudio más abandonada.
Para estudiar con eficacia se
debe hacerlo de forma rápida y eficaz. Cuando un niño comienza
a leer, inicialmente interpreta letras, posteriormente sílabas
para luego reconocer palabras. La lectura es robótica y lenta,
para poco a poco ir adquiriendo rapidez y agilidad. La mayoría
de los adultos lee frase por frase, es decir se trata de una lectura
horizontal. Sin embargo, se puede adquirir más presteza en esta
labor. Con un adecuado entrenamiento se va ganado
en rapidez pasando de una lectura horizontal a otra vertical en
la cual ya se captan párrafos.
Si se continúa llega un momento en el que la
lectura se convierte en fotográfica. Es decir, se capta
el mensaje escrito como si se estuvieran viendo fotogramas, centrando
la atención del campo
visual en el centro del texto escrito.
Para conseguir esta agilidad conviene
leer mucho. Por eso, si se está interesado en estudiar más
eficazmente es imprescindible hacerlo continuamente. Incluso algunos
autores recomiendan leer poesía como una forma de adquirir este
método de lectura rápida y comprensible, aprovechando los
momentos libres. Además otra ventaja de leer mucho, es que conseguimos
una gran capacidad para expresar conocimientos al aumentar la riqueza
de nuestro vocabulario. Cada vez se puede ver como esa falta de vocabulario
genera graves problemas a muchos estudiantes a la hora de redactar contestaciones
a las preguntas de los exámenes. Si se
pretende ayudar a nuestros hijos a estudiar, el primer paso puede ser
favorecer un ambiente de lectura en el hogar que les estimule a adquirir
esa afición tendiendo
en cuenta las dificultades que ofrece el ambiente.
A través de esa lectura se intenta hacer una memorización inicial.
Esa memorización es poco efectiva debido a que antes
hay que asimilar la información. En esa asimilación reunimos
todos los conceptos e intentamos relacionarlos. Este proceso lleva a
la comprensión de la materia estudiada. Si
no se llega a producir esta asimilación, las posibilidades de
que se olvide esa materia son muy altas. A modo de piezas de construcción durante ese proceso
se unen formando figuras que se retienen, mientras que si esas piezas
no se conectan se acaban perdiendo.
Todos tenemos un filtro en la memoria
que retiene algunos conceptos o informaciones mientras pierde otros.
Ese filtro de memoria retiene información no sólo dependiendo
de cómo se haya asimilado, sino también según el
interés que despierte la materia estudiada. Por eso los temas
de mayor agrado son los que se retienen con más facilidad y durante
más tiempo. Por supuesto la edad y ciertas condiciones físicas
aumentan la capacidad de ese filtro para retener información.
El tabaco así como el abuso de sustancias tóxicas afecta
de forma considerable a la capacidad de retención. De hecho, se
ha comprobado como los estudiantes que cometen esos excesos tienen un
proceso de aprendizaje y retención muy deteriorado.
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Bases
fisiológicas de la memoria y el aprendizaje.
La
memoria y la capacidad de aprendizaje y atención
dependen en gran parte de una estructura cerebral denominada
hipocampo. El hipocampo está situado
en la cara interna del lóbulo temporal, en la
profundidad, recubierto por la circunvolución
del hipocampo. Se ha observado que recibe una gran cantidad
de estímulos ópticos, acústicos,
táctiles y viscerales comportándose
como un centro de integración con múltiples
conexiones con otros centros.
De
hecho, su función
puede ser parecida a la de un centro que registra multitud
de informaciones procedentes de otros lugares, los
procesa y posteriormente los distribuye. Incluso esta
distribución
a otros centros de la información adquirida
parece producirse durante el sueño (fase REM
o fase profunda). Las neuronas que
lo componen tienen un umbral de excitación
bajo. Su lesión puede dar lugar a la aparición
de amnesia, y una disminución de sus conexiones
neuronales puede ser el origen de la pérdida
de memoria que se produce con la edad..
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Después de entrar
en contacto con la información a estudiar, leerla, comprenderla,
asimilarla y retenerla, queda un último paso. En el momento del
examen hay que saber utilizar toda esa información que
poseemos.
Hay estudiantes que al llegar al examen, se bloquean y no son capaces
de recordar nada. Este es un problema derivado de un estado de nerviosismo
y ansiedad importante e inadecuado. Con ayuda especializada se pueden
superar esos momentos.
También podemos aprender a superar ese
peligro mediante el repaso de la materia resolviendo test y problemas.
Se facilita enormemente el emplear todos los conceptos memorizados, adquiriendo
agilidad. Hacer esa labor en grupo puede ser útil debido a que
contestando preguntas formuladas por otros compañeros aumenta
nuestra capacidad para disponer de esa información.
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El
autocontrol.
Es
importante ganar en confianza a la hora de enfrentarse
a un examen. Para ello, puede ser recomendable realizar gimnasia
mental. Es aconsejable saber convencerse de la importancia relativa
de un examen, restando presión que disminuya el riesgo de
sufrir un bloqueo. Es conveniente realizar exámenes y test
de pruebas recreando las condiciones en las que va a acontecer
ese examen, de esta forma aprendemos a conocernos. Saber hacer
un examen es tan importante como aprender la materia.
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Preparar
la materia
Para ir con ciertas
garantías
a un examen, es importante llevar bien preparada la materia. Es aquí donde
los especialistas insisten en que un examen comienza a prepararse cuando
se imparten las clases correspondientes. Durante esas clases conviene
tomar apuntes intentando resaltar aquellos aspectos que el profesor destaca
o sobre los que insiste. En esos apuntes es recomendable dejar un espacio
al lado en el que se pueden incluir comentarios o aclaraciones. Las dudas
pueden anotarse al final para consultarlas al profesor o a otros compañeros.
Ese mismo día al llegar a casa o al estudiar se puede poner orden
en toda la materia recogida, aprovechando ese momento para hacer esquemas
o pequeños guiones. De esta forma se han hecho ya dos repasos
sobre la materia. Es aquí donde el estudiar debe verse como un
trabajo propio del estudiante que debe hacerse todos los días
con sentido profesional y de responsabilidad.
¿Son útiles los esquemas?
La mayoría de los autores
insisten en la conveniencia de hacer esquemas. Para
hacerlos se debe leer y comprender la materia, con una asimilación y comprensión
de la información. Esa asimilación es fundamental en
el proceso de aprendizaje y facilita retener esos conocimientos. Si
con una primera lectura no se consigue entender la materia, hay que
probar con una segunda e incluso tercera lectura. Finalmente se conseguirá esa
comprensión que nos permitirá hacer esquemas. Además
la visualización de las relaciones entre los diversos conceptos
que se han dado, mejora su retención. Si manejamos libros, los
esquemas ayudan a una mejor comprensión de la materia, sobre
todo cuando previamente hemos realizado un subrayado resaltando las
ideas claves de cada tema o párrafo.
¿Y los repasos?
Repasar la materia
estudiada facilita no sólo
retener la información sino también su asimilación. Evidentemente cuanto más veces se repasa, es mayor la cantidad
de materia retenida. Es conveniente un repaso a los siete días,
por ejemplo estudiando la asignatura que se dio durante esa semana.
Otro puede hacerse al mes y de esta forma dejar la materia preparada
para un último repaso antes del examen. En esta labor de repaso
puede ser de ayuda recurrir a la resolución de test. Además,
contestando preguntas no sólo repasamos sino que aprendemos
a utilizar los conocimientos adquiridos y a hacer exámenes.
¿Son útiles
los planes?
Una
buena organización ayuda
a estudiar con eficacia. Las prisas y la improvisación son
muy perjudiciales en estas fechas. Debemos
ser conscientes de la materia que nos queda por estudiar y en que
nivel nos encontramos en cada asignatura. Desde un nivel 0 en el que no se ha realizado
ni siquiera una primera lectura, pasando por un nivel 1 que se corresponde
con una asignatura ya leída, nivel 2 en el que se ha producido
una primera memorización
pero sin una comprensión completa, nivel 3 cuando esa memorización
ha sido eficaz con una adecuada comprensión de la materia
habiendo realizado esquemas o un subrayado del libro, y un nivel
4 en el que se ha hecho una labor de repaso incluyendo la realización
de test o pruebas. También se debe tener claro el tiempo que
nos resta para cada examen. Una vez que nos hayamos aclarado en esos
dos aspectos, podremos comenzar a establecer una lista de prioridades.
Puede que si no se ha estudiado durante el curso, sea el momento
de desprendernos de alguna materia si objetivamente no queda tiempo.
En el plan se intentará concretar
como iremos subiendo de nivel en cada asignatura, de tal forma que
al menos lleguemos con un nivel 3 que nos permita enfrentarnos a
un examen con garantías. Ese plan debe ser realista y nunca
a expensas de un sacrificio físico que acabe reduciendo o
incluso anulando nuestra capacidad de rendimiento. Hay que reservar
las asignaturas más
difíciles para la mañana que es cuando podemos rendir
mejor. Las materias más agradables o fáciles, así como
los repasos procuraremos dejarlos para la tarde o la noche.

El
momento de estudiar
Realmente estudiar
supone un esfuerzo psíquico y físico en el que nuestro
peor enemigo es la fatiga. A continuación se dan
una serie de recomendaciones dirigidas a disminuir ese problema.
• El tiempo de estudio debe dividirse en periodos de cuarenta y
cinco minutos o una hora, con descansos de cinco a diez minutos durante
los cuales podemos estirar las piernas o beber agua.
• La mesa debe ser de un color liso y agradable, sin brillos y que
resalte el papel.
• El foco de luz es recomendable que sea con una bombilla de con
cristal azul, de 60 W de potencia y que emita la luz desde una posición
que esté por encima nuestro evitando la aparición de sombras
que interfieran en el campo visual.
• Son mejores las sillas con altura y apoyo lumbar regulable que
permita estudiar apoyando los brazos en ángulo recto y colocando
las rodillas en noventa grados, además de ayudar a mantener la
curvatura fisiológica de la columna.
• El puesto de estudio debe estar situado en una zona tranquila
de la casa, frente a la pared pero a la vez con posibilidades de ventilación.
• Se tiene que respetar un periodo de descanso
nocturno de al menos
siete horas para que nuestro rendimiento no se vea afectado.
• Se recomienda no abandonar la práctica de ejercicio
físico por la capacidad que tiene de relajar y producir bienestar.
• La dieta debe ser sana y equilibrada con un contenido importante
de alimentos frescos y fruta ricos en vitaminas y sustancias con capacidad
de favorecer la actividad intelectual.
• La música no aumenta nuestra capacidad de retención,
simplemente hace menos aburrida la tarea de estudiar, pero a la vez disminuye
la atención.
• Es perjudicial el tabaco así como el consumo de sustancias
como los derivados anfetamínicos o un abuso del café. Estos
compuestos no aumentan la capacidad de estudiar sino que hacen insensible
a nuestro organismo frente a la fatiga que se va produciendo. Sin embargo, ésta
aparece de tal forma que cuando se satura nuestra capacidad de resistencia,
sobreviene el agotamiento sin previo aviso.
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El
estrés, tabaco y alcohol
Se han encontrado
alteraciones en diferentes neurotransmisores (dopaminergicos,
colinérgicos, serotoninérgicos o noradrenalinérgicos)
implicados en las conexiones
neuronales involucradas en la capacidad de memorizar
y aprender con la administración
de sustancias como la nicotina.
El alcohol, sin afectar
directamente a este centro, cuando se toma de forma
crónica puede lesionar otras estructuras que
influyan en la memoria y en los casos más graves
llegar a producir una incapacidad para la retención
y asimilación de conocimientos.
Algunos estudios
han llegado a relacionar el strés con una reducción
en la capacidad de memorizar debido a una activación
excesiva corticoidea, que influiría sobre las
neurotransmisiones en el hipocampo. |
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La
cafeína y las anfetaminas
Existen
sustancias como la cafeina que actúan como estimulantes
aumentando el umbral de fatiga. No conviene
abusar, pues pueden
producir síntomas cardiovasculares (palpitaciones), insominio
y disminuir la capacidad de atención o de retención
de conocimientos.
Esto puede suceder de forma más grave
con las sustancias artificiales (anfetaminas). Estas sustancias
pueden generar una sensación de un mayor aprovechamiento
del tiempo, y de hecho pueden aumentar la capacidad de atención
(por eso se emplean como tratamiento en algunos procesos, sobretodo
en niños, que se caracterizan por una incapacidad para
fijar la atención). Sin embargo, lo que producen
principalmente es un aumento en el umbral de fatiga, no en el sentido de que
resistamos más, sino que se percibe menos la sensación
de cansancio. Este efecto es peligroso, pues si bien se puede
tener la sensación de que no aparece el cansancio o la
fatiga, ésta se va produciendo. Puede llegar un momento
en el que la resistencia física o psíquica se agote
y aparezca de forma brusca toda esa fatiga acumulada. Por todo
ello, debe desaconsejarse el consumo de estas sustancias con
dicha finalidad, de forma absoluta.
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El
examen
Antes
del examen algunos autores defienden la utilidad de hacer una
labor de mentalización, en la
que restamos importancia a la prueba e intentamos ganar en autoconfianza. De
esta forma se procurará ganar en tranquilidad. Es fundamental
dormir bien la noche anterior, conseguir un puesto en el que no nos molesten
y estar atentos a las indicaciones del profesor.
Si el estudiante se enfrenta a un examen con
preguntas para desarrollar,
conviene perder un poco de tiempo haciendo un pequeño esquema
de la posible respuesta. En ese esquema pondremos los ítems a
tratar en la pregunta evitando las repeticiones y la divagación,
sobre todo cuando existen lagunas en la materia a responder. La redacción
debe ser clara y concisa siguiendo el esquema que nos hemos hecho previamente.
Si la pregunta es de redacción sobre un tema muy concreto, en
ese guión incluiremos una introducción, la exposición
y finalmente las conclusiones. Después de contestar debemos repasar
la ortografía y eliminar las expresiones inadecuadas o que puedan
parecer contradictorias.
En el caso de un examen tipo test, en una primera pasada se puede ir
subrayando las respuestas que parezcan correctas. Si se sabe la contestación
con seguridad, se anotará en la hoja de respuestas. Una vez que
se ha acabado esa primera revisión, se sabrá cuantas preguntas
hay contestadas con seguridad, y aquellas en las que se duda entre dos,
tres o más respuestas. A continuación se contestará las
que se dudan entre dos respuestas debido a que las posibilidades de acertar
son altas. Si en el examen las contestaciones falsas puntúan negativos,
podemos intentar contestar aquellas en las que se dudan entre tres respuestas.
El número de preguntas que se responda dependerá entonces
de las que dispongamos en ese momento, valorando si ya son suficientes.

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