| Dr.
Francisco Javier Lavilla Royo Especialista en Nefrología Director. Servicio de Nefrología CLINICA UNIVERSIDAD DE NAVARRA |
¿De que forma se llega al diagnóstico?:
La hipertensión arterial suele diagnosticarse de forma casual, al realizarse una determinación de la tensión arterial por una revisión médica o simplemente por curiosidad. En este caso conviene comprobar que la medición ha sido correcta. Aun así es recomendable realizar alguna otra determinación (al menos dos más).
Por desgracia, con cierta frecuencia la hipertensión arterial se descubre al aparecer alguna de las consecuencias nocivas sobre la salud (problemas de corazón, insuficiencia renal, o lesiones cerebrales).
¿Qué pruebas pueden hacerse para estudiar una hipertensión arterial?:
Los estudios deben ir dirigidos a averiguar el posible origen de la hipertensión arterial, los mecanismos implicados en su aparición, la existencia de otras alteraciones que aumenten el riesgo de presentar algún problema cardiovascular (hipercolesterolemia, hiperglucemia, etc...), la repercusión que haya producido a nivel de diversos órganos, y determinar que tratamiento es el mejor.
Entre los estudios dirigidos a determinar la presencia de hipertensión arterial y su posible origen, se incluye un interrogatorio médico exhaustivo (cuando empezó o se diagnosticó la hipertensión, cómo ha evolucionado –de forma progresiva, constante o en crisis-, cómo se ha controlado, qué molestias le ha producido) incluyendo una valoración de antecedentes familiares o la búsqueda de algún dato clínico que indique un trastorno clínico asociado o responsable de la hipertensión (fatiga, pies hinchados). Es importante una adecuada exploración física dirigida sobretodo a buscar estigmas que hagan sospechar alguna enfermedad (edemas, auscultación anómala o pulsos periféricos asimétricos). En los estudios analíticos se incluyen un examen de la función renal, un estudio del sedimento urinario, determinar las cifras de glucosa, lípidos (incluidas sus diferentes fracciones) así como la determinación de los electrolitos más importantes del organismo (sodio, potasio y calcio). Es conveniente un estudio cardiológico que debe incluir un electrocardiograma y a ser posible una exploración ecocardiográfica. Finalmente es útil la realización de una radiografía de tórax y de un examen ecográfico abdominal intentando visualizar el tamaño y morfología de los riñones e incluso su irrigación mediante técnicas de ecografía doppler. La oportunidad de realizar otros estudios dependerá de la facilidad de control, gravedad y posible causa de la hipertensión arterial (monitorizaciones continuas de la tensión, ecografías, TAC o estudios isotópicos, radiológicos vasculares y endocrinológicos).
Otras pruebas van dirigidas a evaluar de forma más exacta la repercusión de la hipertensión arterial así como la existencia de otros factores de riesgo vascular como el estudio mediante imagen de las coronarias o de la posible existencia de zonas de mala irrigación en el corazón como el empleo de ecocardiografía con estrés farmacológico, excreción de proteínas por la orina (concretamente la albúmina), estudio ecográfico de las arterias carótidas, o un análisis completo del metabolismo lipídico o incluso de sustancias que cada vez se relacionan más con la patología cardiovascular (Homocisteina, etc...).
Todavía exista un 20-30% de hipertensos que no saben que lo son y de los que lo saben, sólo reciben tratamiento un 50-60% y sólo consiguen tener una tensión arterial correcta no más de un 20-30%.
Para tratar la hipertensión arterial en primer lugar se debe actuar sobre los factores implicados en su aparición. Es recomendable evitar el sedentarismo, hacer un ejercicio físico suave y aeróbico, controlar el peso, evitar o reducir la sal de la dieta y controlar el nivel de estrés además de eliminar cualquier hábito tóxico (especialmente el tabaco). Si esas medidas no son suficientes, conviene recurrir a un tratamiento farmacológico. Existe una gran variedad de medicamentos para el tratamiento de la tensión arterial. Se empieza habitualmente por un tipo de medicamento, y si no es suficiente se asocia otro que potencie el efecto incluso a dosis bajas para evitar molestias.
Medidas higiénico dietéticas:
Son las fundamentales, y aquellas que deben agotarse antes de iniciar el tratamiento farmacológico. En este sentido señalar que se debe dedicar atención al posible sobrepeso, tabaquismo, sedentarismo, hipercolesterolemia, exceso de consumo de alcohol o de sal.
Tratamiento farmacológico:
Son innumerables los medicamentos indicados para el tratamiento de la hipertensión arterial. Hay diversas familias de fármacos útiles para el tratamiento de la hipertensión arterial, algunos actúan sobre el corazón disminuyendo la fuerza ( y casi siempre la frecuencia) del latido, otros disminuyen la resistencia de la sangre dilatando las arterias (de forma directa o bloqueando los estímulos que los contraen muchas veces procedentes del sistema nervioso central), algunos mejoran el manejo de la sal por parte del riñón o favorecen la pérdida de líquidos.
Respecto a la introducción de fármacos hipotensores, se recomienda empezar por diuréticos y betabloqueantes, salvo que exista alguna característica que indique otro tratamiento. Por ejemplo en los hipertensos jóvenes o con enfermedad coronaria isquémica se emplean sobretodo los beta-bloqueantes, en los diabéticos o hipertensos con pérdida de proteínas por la orina los IECAs o ARAII, en los pacientes de edad avanzada, varones y con problemas de próstata los bloqueantes alfa 1 adrenérgicos periféricos.
Teóricamente aquel medicamento que regule la tensión arterial a lo largo de todo el día, con un mínimo número de pastillas, con una tolerancia perfecta y sin efectos secundarios. Cada vez se está recurriendo al empleo combinado de medicamentos a dosis bajas. De esta forma se intentan reducir los efectos secundarios y mejorar la eficacia al combinar diferentes mecanismos de acción (muchas veces potenciados entre ellos).
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