| Dr. Francisco Javier Salvador Rodriguez Especialista en Endocrinología Director. Departamento de Endocrinología y Nutrición CLINICA UNIVERSIDAD DE NAVARRA |
Las hiperlipemias son un grupo de alteraciones del metabolismo de las grasas que se caracteriza por dar lugar a un aumento de una o varias fracciones lipídicas en la sangre.
Los dos tipos más importantes de grasas circulantes son los triglicéridos y el colesterol. Su origen proviene de la alimentación y de la síntesis por parte del hígado. Ambos tipos cumplen diferentes misiones fisiológicas en el organismo, especialmente de tipo estructural y energético, pero cuando su producción es excesiva o su metabolismo deficiente la consiguiente acumulación puede constituir un importante factor de riesgo para el desarrollo de arteriosclerosis.
Las grasas en la sangre circulan unidas a unas partículas proteicas formando las lipoproteínas. Existen distintos tipos de lipoproteínas. Las más importantes son los quilomicrones, las partículas VLDL, LDL y HDL.
Aunque existen diversas clasificaciones de las hiperlipemias, en un esquema simplificado, podemos hablar de las hipertrigliceridemias, o aumento de la concentración de triglicéridos; las hipercolesterolemias, y las hiperlipemias mixtas en las que aumentan tanto el colesterol como los triglicéridos.
Las hiperlipemias se clasifican en primarias, cuando se deben a una alteración propia del metabolismo de las grasas, y secundarias, cuando se producen como consecuencia de otra enfermedad o de la toma de determinados medicamentos.
Las hiperlipemias primarias se transmiten hereditariamente con mayor o menor penetrancia, lo que hace necesario evaluar esta posibilidad cuando existen antecedentes familiares de hiperlipemia. A este tipo pertenecen la hipercolesterolemia familiar, la hipertrigliceridemia familiar y la hiperlipemia familiar combinada.
Hay numerosas enfermedades que cursan con hiperlipemia como la diabetes mellitus descompensada, hipotiroidismo, síndrome nefrótico, ictericia obstructiva, anorexia nerviosa, lupus eritematoso, alcoholismo, tratamiento con gestágenos, beta bloqueantes, etc.
En la mayoría de los casos la elevación de grasas en la sangre no produce síntomas agudos, por lo que es necesario realizar un análisis de sangre para efectuar el diagnóstico. Cuando excepcionalmente las cifras de triglicéridos son muy elevadas pueden producir episodios de dolor abdominal debido a pancreatitis, aumento de tamaño del hígado y bazo y aparición de erupciones de grasa en la piel llamada xantomatosis eruptiva.
Si el aumento de colesterol y/o triglicéridos es crónico constituye un factor de riesgo para el desarrollo de arteriosclerosis. Por ello, especialmente las hipercolesterolemias, pueden dar lugar al desarrollo de insuficiencia coronaria (angina de pecho, infarto de miocardio), accidentes vasculares cerebrales y trastornos de la circulación de las extremidades inferiores.
La alteración de los grandes vasos se produce como consecuencia del acúmulo de colesterol en las células llamadas espumosas, que constituyen la base para el desarrollo de la placa de ateroma, que es el elemento básico en la arteriosclerosis. La placa de ateroma obstruye progresivamente el paso de sangre, favoreciendo un escaso aporte de oxígeno a los tejidos o isquemia que puede dar lugar a lesiones irreversibles.
Las hipercolesterolemias producen depósitos de colesterol en la piel y en los tendones, llamados xantomas. Cuando tienen lugar en los párpados se denominan xantelasmas.
En algunos pacientes la hipertrigliceridemia se asocia con disminución de HDL colesterol, y otras complicaciones como hipertensión arterial, diabetes mellitus, obesidad e hiperuricemia, conformando el llamado síndrome metabólico que acarrea un alto riesgo de enfermedad cardiovascular.
Se presentan a cualquier edad. Las hiperlipemias primarias pueden manifestarse en edades muy tempranas.
Para establecer el diagnóstico es necesario realizar una extracción de sangre con un ayuno previo mínimo de 12 horas. Es igualmente importante tener en cuenta la posible interferencia de medicaciones o de enfermedades previas como infecciones o intervenciones quirúrgicas, que de por sí alteran el metabolismo de las grasas.
La concentración de colesterol total y la de triglicéridos deben ser inferiores a 200 mg/dl (miligramos por decilitro) y la de HDL colesterol superior a 35 mg/dl. Una vez se observan niveles elevados de lípidos, debe investigarse la posible causa para establecer la existencia de hiperlipemia secundaria o primaria. En casos concretos puede realizarse un estudio de las apoproteínas (proteínas transportadoras) implicadas.
Las personas que presentan una hiperlipemia deben seguir un adecuado tratamiento dietético que se basa en la restricción de las grasas saturadas o de origen animal por debajo del 10 por ciento del contenido calórico total y de colesterol por debajo de 300 mg diarios. Habrá que tomar los productos lácteos desnatados, tomar el queso fresco en lugar de curado, no consumir productos de bollería, evitar la carne y los derivados del cerdo, así como mantequillas, margarinas y natas.
Además, es necesario conseguir una cifra de peso lo más próxima posible a la normalidad, evitando tanto el sobrepeso u obesidad como la delgadez.
Es muy conveniente la realización de ejercicio físico habitual que ayuda a mejorar el metabolismo lipídico.
Si, después de la aplicación de estas medidas higiénico-dietéticas durante un período mínimo de tres meses, persiste la hiperlipemia es necesario recurrir al tratamiento farmacológico, además de seguir realizando el ejercicio y las normas de alimentación.
Cuando el problema es una hipertrigliceridemia, son los derivados del ácido fíbrico o fibratos los fármacos más eficaces. En este grupo destacan gemfibrocilo, bezafibrato y alufibrato.
En caso de hipercolesterolemia la medicación más eficaz son las estatinas como lovastatina, simvastatina o atorvastatina, que pueden combinarse con resinas del tipo de la colestiramina si no son eficaces por sí solas.
Las hiperlipemias combinadas pueden tratarse con fibratos, estatinas o combinación de ambos. Otros fármacos útiles son el ácido nicotínico, que puede producir alteraciones cutáneas y empeoramiento de la diabetes y el probucol.
Las hiperlipemias primarias precisan de tratamiento crónico de por vida. Las hiperlipemias secundarias pueden desaparecer una vez se elimina la causa que las origina. No obstante, es frecuente que en las hiperlipemias que requieren tratamiento farmacológico éste deba administrarse de forma crónica.
La eficacia del tratamiento de las hiperlipemias sobre la evolución de las placas de ateroma ha sido demostrada.
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