- Reducir la exposición a la radiación solar y tomar las medidas necesarias de fotoprotección son armas fundamentales en el decrecimiento de la incidencia de los tumores cutáneos.
Introducción
- Aunque los tumores cutáneos son los de mayor incidencia en el ser humano, hay que subrayar su carácter prevenible y curable.
- Reducir la exposición a la radiación solar y tomar las medidas necesarias de fotoprotección son armas fundamentales en el decrecimiento de la incidencia de los tumores cutáneos.
Mucha incidencia, pero curable
Tipos de cáncer de piel
Los tumores de piel pueden clasificarse en dos grandes categorías, el melanoma y el cáncer cutáneo no melanoma, que a su vez se divide en dos subgrupos, el carcinoma basocelular o basalioma y el carcinoma epidermoide o espinocelular.
El carcinoma basocelular, aunque de carácter maligno, presenta en general un comportamiento poco agresivo y un crecimiento muy lento. Su localización más frecuente es la cara, especialmente la nariz.
El carcinoma espinocelular puede resultar más agresivo y tiene capacidad de producir metástasis. No obstante, las complicaciones y el pronóstico dependen en gran medida del lugar donde se sitúe el tumor, así como de su evolución.
Los melanomas, por su parte, pueden aparecer en cualquier lugar del cuerpo donde haya melanocitos (células encargadas de la pigmentación de la piel y de protegerla de las radiaciones ultravioletas). La localización de este tumor es, por tanto, muy variada y no es exclusiva de la piel. La supervivencia de los pacientes afectados por un melanoma depende básicamente del espesor en profundidad del tumor. Generalmente a mayor espesor del tumor, mayor probabilidad de afectación de los ganglios linfáticos locales y peor pronóstico.
Diagnóstico precoz. Nuevas tecnologías
Actualmente, gracias al diagnóstico precoz, un gran número de melanomas con poco espesor se extirpan, consiguiendo curaciones de prácticamente el 100% sólo mediante cirugía. En esta línea se orientan la mayor parte de las campañas dirigidas a fomentar la fotoprotección.
Su objetivo es prevenir en lo posible el desarrollo de melanomas y conseguir un diagnóstico temprano con el que se obtenga la curación en la práctica totalidad de los casos. En numerosas ocasiones, el melanoma surge desde el inicio como un tumor maligno, pero a veces se origina por la transformación de un nevus (lunar benigno). Los principales síntomas para detectar la posible alteración maligna de un lunar son la aparición de dolor, picor o sangrado, de forma espontánea.
Cabe subrayar que la aparición de estos síntomas no indica necesariamente la presencia de un melanoma. La aplicación de nuevas tecnologías dirigidas a conseguir diagnósticos de melanoma cada día más precoces es muy importante en el aumento de las curaciones o de la supervivencia global. Actualmente existen técnicas que permiten digitalizar las imágenes de lesiones cutáneas pigmentadas para poder establecer comparaciones de su posterior evolución.
Además de recoger una fotografía convencional macroscópica del lunar que se pretende observar, cabe también almacenar una imagen más detallada mediante el empleo de una técnica denominada dermatoscopia o epiluminiscencia. Este procedimiento proporciona información más precisa. La dermatoscopia es una técnica no invasiva que consigue visualizar el lunar con entre 6 y 40 aumentos. Además, consigue hacer transparente la capa más superficial de la piel (capa córnea).
De este modo, pueden visualizarse diferentes patrones de pigmentación, además de determinados cambios morfológicos o estructurales. Dependiendo de ellos, puede determinarse si existe sospecha firme de si el lunar es benigno o puede haber degenerado en un melanoma.
Exposición solar y tipo de piel
Según recientes estadísticas, la incidencia mundial de este tumor cutáneo es creciente, aunque varía mucho según las áreas geográficas. En general, entre las principales causas extrínsecas que inciden en el desarrollo de un cáncer de piel figura el tiempo total de radiación ultravioleta que un individuo ha recibido. Esto explica que la mayor parte de los tumores aparezcan en personas mayores que han recibido una exposición solar intensa y duradera a lo largo de muchos años y la cara sea lugar donde se localiza con mayor frecuencia.
La forma de actuación de la radiación ultravioleta como agente carcinógeno guarda, además, una estrecha relación con las características genéticas de cada individuo. Por ello, el tipo de piel con el que nacemos condiciona la respuesta de las células cutáneas a la acción de los rayos ultravioletas. Ante la misma dosis y duración de la radiación solar, la reacción celular dependerá de cada tipo de piel determinado.
Fotoprotección, el arma más eficaz
En definitiva, reducir la exposición a la radiación solar y tomar las medidas necesarias de fotoprotección son armas fundamentales en el decrecimiento de la incidencia de los tumores cutáneos en general. El objetivo de la fotoprotección es prevenir el daño que la exposición a la radiación ultravioleta provoca en la piel.
Pueden establecerse tres principios básicos de la fotoprotección.
El primero es reducir la irradiación solar, disminuyendo el tiempo de exposición solar, especialmente durante las horas del mediodía. El segundo consiste en emplear ropa protectora, además de sombrero y gafas y el tercero reside en utilizar un fotoprotector de amplio espectro que proteja frente a radiaciones UVA y UVB.
Conviene tener en cuenta que el nivel de irradiación recibida varía según el momento y el punto de la superficie terrestre. Así, cuanto más cerca nos situemos del Ecuador y estemos a mayor altura, el nivel de radiación recibido será mayor.
Asimismo, la irradiación aumenta durante las horas del mediodía, en los meses de verano y en los días claros, sin nubes y con menos partículas en suspensión. Cabe señalar también que la protección ultravioleta que proporciona la ropa depende de varios factores como el tipo de tejido, el color y el grado de humedad de las fibras, entre otros.
Consejos para un bronceado seguro
Los consejos para obtener un bronceado seguro comenzarían por disminuir la dosis de irradiación solar evitándola en el intervalo horario comprendido entre las 12 y las 16 horas. Utilizar sombrero con alas, ropa adecuada y gafas de sol homologadas es otra medida importante.
Además, es necesario emplear un fotoprotector adecuado al tipo de piel y a las condiciones de la exposición solar. La aplicación debe hacerse sobre la piel limpia, hidratada y exenta de productos que contengan alcohol o perfumes, como colonias o desodorantes. Es necesario agitar bien el fotoprotector antes de su uso y aplicarlo 30 minutos antes de la exposición solar. Se debe volver a aplicar cada 2 ó 3 horas, según la actividad que se realice y, especialmente, después de cada baño o ejercicio intenso.
Es necesario emplear una cantidad suficiente -como norma la mano llena- para cubrir toda la superficie corporal. Deberá extenderse por todas las zonas expuestas, incluidos los pabellones auriculares, hombros, parte posterior de las rodillas y dorso de pies. No es aconsejable realizar una excesiva fricción al aplicar el fotoprotector, ya que se disgregan las partículas y disminuye su actividad.
Cómo se genera un tumor cutáneo
Está comprobado que la radiación ultravioleta tiene capacidad para transformar una célula normal de la piel en una célula maligna capaz de multiplicarse y de generar un tumor. Por ello se considera un agente carcinógeno. El proceso tumoral se inicia cuando la radiación ultravioleta incide sobre los queratinocitos (células que constituyen el 90% de la epidermis), provocando cambios en el material genético del individuo. Por lo habitual, los queratinocitos cuentan con herramientas para reparar el daño genético causado, pero si se produce un fallo en estos mecanismos, el crecimiento celular se altera y las células comienzan a dividirse de manera incontrolada dando lugar a un tumor. Hay que añadir, que las radiaciones ultravioletas provocan en la piel un fenómeno inmunosupresor (reducción de las defensas), lo que dificulta la lucha contra el tumor y por tanto favorece su evolución.
Tratamiento del cáncer de piel
Los tratamientos para eliminar los diferentes tipos de tumores cutáneos pueden ser diversos. Como norma general, siempre que se extirpe una lesión tumoral de la piel mediante cirugía deberá examinarse después al microscopio.
Si el tratamiento que se va a aplicar va a consistir en un método de destrucción tipo electrocoagulación o criocoagulación deberá valorarse la conveniencia de hacer una biopsia previa diagnóstica. No obstante, de todos los tratamientos, la cirugía es el que ofrece mayor índice de curación.
Hoy día existen otros procedimientos terapéuticos no quirúrgicos cuya elección depende del tipo de tumor, de su localización y extensión y que pueden llegar a producir en los tumores seleccionados casi un 100% de curación. Así, los epiteliomas basocelulares superficiales, que generalmente se localizan en el tronco del paciente, pueden ser eliminados mediante otras técnicas como electrocirugía, crioterapia o fármacos tópicos aplicables directamente sobre la piel afectada. Entre ellos, el 5-fluoruracilo y el imiquimod. Este último no actúa directamente contra el tumor, pero produce una respuesta inflamatoria que indirectamente destruye el tumor.
Otro tratamiento no quirúrgico novedoso es la terapia fotodinámica que permite tratar determinados cáncer de piel como el carcinoma basocelular superficial, las queratosis actínicas (lesiones que pueden derivar en carcinomas espinocelulares) sin dejar cicatriz. Este no sería un tratamiento indicado para el melanoma. Se basa en la aplicación de una crema fotosensibilizante, que sólo es absorbida por las células tumorales, actuando así de forma selectiva. Posteriormente, se aplica una luz con una adecuada longitud de onda, que en presencia de oxígeno activa la crema induciendo una fotoxidación y subsiguiente muerte celular.
El tratamiento del melanoma sigue siendo principalmente quirúrgico. Tras la extirpación inicial de la lesión, una vez conocido el resultado y los milímetros de profundidad del melanoma (según el índice de Breslow), si se observa necesario se volverá a extirpar dejando un margen de seguridad de 1 a 3 cm alrededor de la cicatriz, dependiendo del índice que presente. Además, en melanomas de más de 1mm de profundidad se realiza la técnica del ganglio centinela que consiste en la extirpación del primer ganglio linfático de drenaje de la zona anatómica donde se sitúa el melanoma. Pero para obtener unas tasas altas de curación sigue siendo fundamental el reconocimiento temprano del melanoma, ya que se trata de un tumor visible, detectable y que el paciente puede llegar a intuir con relativa facilidad. Por ello, es importante invertir esfuerzos en informar a la población sobre la importancia de la prevención y de un diagnóstico precoz.
En los casos de pacientes muy proclives a desarrollar lunares o con un elevado número de ellos en la piel o antecedentes personales o familiares de melanoma es recomendable aplicar las nuevas técnicas de digitalización de imagen, además de revisiones periódicas por parte de un dermatólogo y de practicar el autoexamen.







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