Nutrición en la edad escolar

Dra. Cristina Azcona San Julián
Última revisión: miércoles, 13 julio 2011
Dra. Cristina Azcona San JuliánDepartamento de Pediatría
Clínica Universidad de Navarra
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  • Una mala alimentación no sólo genera problemas de nutrición y obesidad sino también de caries.
  • La obesidad infantil no es sólo un problema de nutrición sino de sedentarismo y malos hábitos alimentarios.

Definición y características de cada etapa

El periodo escolar comienza a los 6 años, momento en el que el niño inicia la escuela, y termina con la aparición de los caracteres sexuales secundarios (comienzo de la pubertad), generalmente hacia los 12 años, aunque este momento puede variar, por alargarse en algunos niños la etapa prepuberal y por las diferencias que existen entre los niños y niñas en cuanto al inicio de la pubertad. Se trata de un proceso biológico y por tanto, no sujeto a la cronología. Este periodo finaliza entre los 10-12 años para las niñas y 12-14 años para los niños.

El periodo escolar junto con el periodo preescolar (de 3 a 5 años) corresponde a la llamada  etapa de crecimiento estable. En esta etapa de crecimiento estable, las necesidades de crecimiento son menores que en la etapas anterior y posterior a la infancia. Se caracteriza por una gradual desaceleración del ritmo de crecimiento lineal, aunque siendo regular y sostenido, y una aceleración de la curva de peso.

Dentro de esta edad escolar se distingue los niños de 6 a 10 años que siguen un crecimiento lento y mantenido y tienen un aumento progresivo de la actividad física. Adaptan sus comidas al horario escolar y frecuentemente consumen calorías vacías entre horas.

El otro grupo de 11 a 14 años es mas heterogéneo ya que en el conviven niños en distintos estadios de maduración. En esta etapa aumenta el ritmo de crecimiento y la mayor actividad física exige mayor aporte energético. Las comidas suelen ser desordenadas y aumenta el consumo de alimentos basura.

El niño en esta etapa desarrolla un estilo de comida más independiente y lejos de la vigilancia de los padres. Esta fase de la vida se caracteriza por presentar un crecimiento más regular y mantenido, con una desaceleración evidente del mismo previa al estirón puberal que en las niñas ocurre entre los 8-10 años y en los niños hacia los 10-12 años.

Simultáneamente existe un aumento espontáneo del apetito, en contraposición con la etapa previa, y que con frecuencia da lugar a obesidad exégena o nutricional. Otro factor que contribuye a la obesidad es la disminución de la actividad física en relación con la etapa previa favorecida por la televisión y los juegos de ordenador. Las diferencias individuales y sexuales no son más notables, pero si existen diferencias en el grado de actividad física, lo que implica amplias variaciones en las necesidades energéticas. Además, adquieren especial importancia los factores sociales, ambientales, familiares, hábitos, costumbres, con un impacto decisivo durante este periodo y en el futuro del niño.

En la etapa preescolar previa el niño ya ha adquirido la base de sus hábitos en lo que hace referencia a las factores sociales y ambientales quedando influido por los hábitos y costumbres de la cultura que le rodea. Es por ello una etapa especialmente importante para que el niño aprenda a desarrollar unos hábitos alimentarios saludables. Si todo esto se ha iniciado ya en la etapa preescolar, es ahora en el periodo escolar en el que se debe seguir manteniendo estos hábitos y reforzarlos.

En esta etapa el niño empieza a ser más regular en cuanto a la cantidad de comida ingerida, ya no se aprecia tanta variabilidad en el ingreso de energía como en el niño preescolar. Esta misma variabilidad se observa también entre un niño y otro aunque de manera menos acentuada que en el periodo pre-escolar.

Es muy importante mantener una regularidad en las comidas, intentando comer con los padres si es posible o en el colegio con el resto de los compañeros. Así, se deberá intentar mantener el ritmo de al menos cuatro, y mejor si son cinco, comidas regulares: desayuno, media mañana (según el horario de las comidas), comida, merienda y cena.

Muchas veces resulta inevitable el consumo de tentempiés o chucherías entre las comidas, pero hay que intentar que sea el mínimo posible. Durante la época escolar el consumo de snacks o picoteo aumenta de forma considerable, ya que el niño tiene mayor autonomía y es capaz de comprarse chucherías o adquirir snacks en su propia casa. Ante todo siempre hay que evitar que consuma estos alimentos viendo la televisión, por lo que es recomendable limitar el número de horas que el niño vea la televisión a una o como mucho dos al día, ya que favorece tanto el consumo de alimentos basura conocidos también como fast-food, como el sedentarismo, promoviendo ambos factores la obesidad y la hipercolesterolemia. La mayoría de estos alimentos basura contienen elevadas cantidades de grasa saturada, azúcar y colesterol y escasos micronutrientes.

El colegio supone para muchos niños el primer contacto con la colectividad, sus exigencias y sujeciones que repercuten en sus hábitos alimentarios, iniciándose la adquisición de una serie de normas sociales. Los padres deben comenzar a hacer énfasis en los efectos negativos del alcohol, nicotina y otras drogas y el positivo de la actividad física. La introducción temprana en el deporte realizado de forma regular puede influenciar de forma positiva hacia la alimentación.

Necesidades nutritivas

Como se ha comentado, las necesidades nutritivas van disminuyendo en relación al peso y tienen mayores necesidades energéticas según el potencial genético, el ejercicio físico, el metabolismo basal y el sexo. Por ello, las recomendaciones oficiales deben ser entendidas para cubrir las necesidades de la mayoría de la población, pero no aplicarse individualmente con rigidez. Los objetivos nutricionales fundamentalmente durante esta etapa son, además de conseguir un crecimiento adecuado, evitar el déficit de nutrientes específicos (ferropenia, caries), y prevenir los problemas de salud del adulto que están influenciados por la dieta como la obesidad, hipertensión e hipercolesterolemia.

A) ENERGIA
Las necesidades energéticas dependen más de la talla y actividad física, que del sexo o la edad cronológica. Las necesidades energéticas varían entre 70-90 Kcal/kg/día, debiendo ser aportada por las grasas en un 30-40%, por los hidratos de carbono en un 50-55% y el resto por las proteínas. Las diferencias en las necesidades energéticas varían fundamentalmente con el patrón de actividad (las recomendaciones actuales contemplan un patrón de actividad ligera-moderada que corresponde a un factor de 1.7), y a partir de los 10 años también varían con el sexo, debido a las diferencias en el comienzo de la pubertad. La distribución porcentual del total del aporte calórico deberá ser igual que en la etapa anterior: un 25% en desayuno, un 30% en comida, un 15% en merienda y un 30% en la cena.

B) PROTEINAS
Las necesidades diarias de proteínas oscilan entre 1-1,0g/kg/día, suponiendo el 5-20% del aporte calórico total. De estas, las proteínas animales deben aportar el 65% de las necesidades proteicas. Las proteínas están representadas en la dieta por los productos ovolácteos, leche, carne y pescado. Si tomamos como índice de referencia el valor biológico del huevo como 100, el coeficiente proteico de otros alimentos respecto a su contenido proteico es el siguiente: leche de vaca 80-85, carne 80-90, vegetales 45-65. La leche sigue siendo una alimento esencial, tanto por su contenido proteico como por la gran cantidad de minerales y vitaminas que tiene, especialmente calcio, aconsejándose un consumo diario de unos 500 cc.

El resto de las fuente proteicas incluyen pescados, huevos, frutas y verduras. Los vegetales ricos en proteínas (leguminosas, cereales y pan) también deben ocupar un lugar importante en la alimentación. Las proteínas vegetales serán bien utilizadas. La lisina y el triptófano de la leche complementan a los cereales que son pobres en estos aminoácidos. Hay que tener en cuenta que en algunas circunstancias fisiológicas como el ejercicio físico intenso o patológicas, el estrés producido por la infección fiebre o trauma quirúrgico, aumentan las necesidades de proteínas y energía.

C) GRASAS
Los lípidos deben aportar entre el 30 y el 40% de la energía total, suponiendo las grasas saturadas menos del 10%, la ingesta de colesterol será inferior a 300 mg/día. Es importante aportar una cantidad de ácidos grasos poliinsaturados suficiente para evitar el déficit de ácidos grasos esenciales pero sin pasar del 10% del aporte calórico total.

D) HIDRATOS DE CARBONO
Los hidratos de carbono proporcionarán del 50 al 55% de las calorías totales, debiendo ser fundamentalmente de tipo complejo, con una adecuada cantidad de fibra. Se evitará el exceso de azúcares simples que contribuyen a incrementar la incidencia de caries.

E) MINERALES Y VITAMINAS
Los datos sobre minerales y vitaminas son poco específicos y en muchos casos desconocidos, extrapolándose los datos de las recomendaciones de los adultos o de los lactantes y ajustándose en función del peso para la edad o, según los casos, estimándose dichas necesidades en relación con el consumo energético recomendado (tiamina, riboflavina o niacina) o la ingesta proteica (vitamina B6).

En general no es necesario suplementar con vitaminas, salvo si son niños muy mal comedores que no cubren sus requerimientos o niños deportistas de competición.

F) AGUA
En este periodo las necesidades de agua son de 70 a 110 cc/kg/día. Es la única bebida indispensable. El escolar debe tomar 1 litro y medio de agua al día. El resto de las bebidas contienen exceso de azúcar y deben consumirse ocasionalmente y con moderación. Los tónicos y las colas son excitantes, al igual que el té y el café, se desaconsejan en menores de 12 años ya que contienen exceso de azúcar.

Errores más frecuentes en la alimentación

Las múltiples encuestas realizadas sobre la alimentación del niño en este periodo revelan una serie de errores comunes, el más frecuente es un inadecuado reparto energético durante la jornada, ingestas de desayunos hipocalóricos. El desayuno lo hacen de forma rápida y sin compañía de los familiares, por lo que suele ser escaso y deficiente. Existe una correlación positiva entre el mayor consumo energético en el desayuno y un mejor rendimiento escolar.

Otro error importante es el consumo elevado de ácido saturados, sal y colesterol vehiculizado por la ingesta excesiva de bollería
industrial, frituras, carnes precocinadas. Asimismo, existe una ingesta de azúcares de absorción rápida y bebidas azucaradas. Algunos niños comen en el colegio, otros fuera de casa, comidas fáciles ("fast food") ricas en calorías, pero pobres en micronutrientes y fibra, y por la tarde toman golosinas como merienda.
 
Generalmente, el aporte de calcio suele ser escaso, por el menor consumo de leche y derivados.

Prevención de la caries dental

Es muy importante enseñar al niño el hábito de la higiene dental diariamente tras cada comida, sin dejar transcurrir mas de media hora después de cada comida. Los hábitos de su alimentación van a ser muy determinantes en la prevención de la caries. Se debe de limitar el consumo de dulces y golosina, reservándolo para ocasiones especiales, alguna fiesta o celebración.

La administración de flúor ya sea en forma de colutorios o en preparados líquidos o en pastillas es necesaria siempre que la fluoración de las aguas no sea adecuada. Es importante prescribir el flúor conociendo la calidad de las aguas ya que sino se puede administrar en exceso y provocar defectos en el esmalte. Si consumen chicles o caramelos deben de ser siempre que se pueda sin azúcar. La bollería puede ser peor que los caramelos ya que la conjunción del almidón con la sacarosa potencia el efecto cariogénico.

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