Epilepsia en el niño

Dra. Rocío Sánchez-Carpintero Abad
Última revisión: miércoles, 13 julio 2011
Dra. Rocío Sánchez-Carpintero AbadDepartamento de Pediatría
Clínica Universidad de Navarra
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  • El 50% de las personas que sufren una crisis epiléptica no la vuelven a repetir.
  • Los síntomas se manifiestan en función del área involucrada.

Qué es

La epilepsia es una enfermedad del sistema nervioso que tiene múltiples presentaciones, causas, y por lo tanto, evolución y tratamiento. Es un problema frecuente, que afecta a casi 1 de cada 100 personas. Generalmente se habla de epilepsia si el niño ha presentado dos o más crisis paroxísticas espontáneas, que son la consecuencia de la descarga excesiva de las neuronas (células de la corteza cerebral).

No obstante, en la definición más reciente, la tendencia a repetirse la crisis es el criterio que define la epilepsia y permite, en ciertos casos, hacer el diagnóstico aunque haya habido una sola crisis epiléptica.

Qué es una crisis epiléptica

El cerebro es la estructura que sustenta las funciones psíquicas (por ejemplo conciencia, atención, etc), sensitivas (por ejemplo tacto, vista), motoras (por ejemplo mantenerse de pie, o controlar un movimiento), etc.

Cuando las neuronas de determinada área, empiezan a descargar de forma excesiva y sincrónica, el niño presenta una crisis epiléptica cuyas características dependen de la función del área involucrada: por ejemplo, si la región motora de la mano derecha descarga excesivamente, el niño tiene movimientos de la mano derecha.
 

Cómo saber si un niño que tiene movimientos extraños tiene epilepsia

No se pueden dar reglas generales porque cada niño tiene sus propios síntomas. Si surge alguna duda, hay que consultar con un pediatra o con el neuropediatra. El algunos casos, si los movimientos son frecuentes, puede ser muy útil filmar al niño en vídeo para enseñar luego al neuropediatra las manifestaciones paroxísticas.

Qué son las crisis generalizadas y las parciales

Se habla de crisis parcial cuando el inicio de la crisis permite indicar el lugar del cerebro que ha empezado a descargar. Son crisis generalizadas cuando, por las características del ataque, todo el cerebro está implicado desde su inicio.

Cuáles son sus causas

Las causas de la epilepsia son múltiples. En cada caso, con una conversación detenida sobre la historia del paciente, se buscará sistemáticamente la existencia o no de factores implicados en la aparición de la epilepsia. Algunos datos que pueden ser importantes son: antecedentes en la familia de crisis epilépticas, o de convulsiones febriles (causas genéticas), presencia en la piel de manchas de color claro en alguno de los padres, dificultades durante el embarazo o el parto, enfermedad infecciosa severa (meningitis) previa, traumatismo craneal, etc.

Ninguno de estos factores es suficiente para explicar la epilepsia y el neuropediatra, en cada caso, debe estudiarloos y relacionarlos o no con los síntomas del niño Es importante saber que en la mayoría de las epilepsias no se encuentra ninguno de estos factores.

Cuando otros miembros cercanos de la familia tienen epilepsia, salvo unas pocas enfermedades muy concretas, se trata de una epilepsia de buen pronóstico en el niño.

Cómo se diagnostica

Después de la historia de los antecedentes del niño, y de su desarrollo psicomotor, se procura describir con todo detalle la crisis: la edad de inicio, las circunstancias (la hora, la existencia o no de fiebre) el tipo de manifestaciones paroxísticas (por ejemplo, si se limita a un lado del cuerpo, definir cuál), la duración; en su caso, la frecuencia de repetición. Si se puede, se pregunta al niño qué nota antes de la crisis.

También se realiza una exploración física completa del paciente, con una especial atención sobre la piel, el desarrollo psicomotor, y el examen neurológico. La prueba más útil para caracterizar la epilepsia es el electroencefalograma que registra la actividad eléctrica generada por las neuronas de la corteza cerebral. Si se consigue registrar el electroencefalograma durante una crisis, se tiene más información sobre el inicio y desarrollo del ataque, pero habitualmente no es posible.

En el niño, hay que procurar que duerma durante esta prueba porque esto mejora la calidad técnica del examen y permite registrar anomalías que se detectan solamente durante el sueño. Para esto, se procura levantar al niño temprano este día, o registrarle a la hora de la siesta, etc. Durante el registro electroencefalográfico, se utilizan unas técnicas que permiten medir la reactividad del cerebro (abrir y cerrar los ojos, respirar hondamente, recibir estímulos luminosos). En algunas ocasiones, es necesario registrar al niño durante varias horas seguidas, incluyendo una noche, generalmente recogiendo imágenes de vídeo por si tiene alguna crisis, para poderla relacionar a tiempo real con la actividad del EEG.

Otras pruebas necesarias según los casos incluyen una resonancia magnética nuclear cerebral, que suele realizarse con cortes y secuencias específicas para pacientes con epilepsia, analítica, estudios genéticos y evaluación psicopedagógica. En pacientes con determinadas epilepsias puede ser necesario realizar pruebas de imagen con técnicas de medicina nuclear, como PET o SPECT o resonancia magnética funcional. Si se sospecha una enfermedad metabólica en ocasiones se realiza un tipo de resonancia especial con espectroscopia.

Cuál es su tratamiento

No se suele tratar a un paciente después de la primera crisis, porque hay una probabilidad del 50 por ciento de que no vuelva a repetirse. Si ha presentado 2 o más crisis, se ha estudiado a fondo y se tiene certeza de que se trata de una epilepsia, se empieza un tratamiento farmacológico (con pastillas o jarabe) adaptado a la enfermedad del paciente. De hecho, hay muchos productos distintos, y varios están desaconsejados en algunos tipos de epilepsia o de paciente. Habitualmente se inicia el tratamiento en unos días -o en unas semanas- con dosis crecientes para facilitar la tolerancia del tratamiento.

La mayoría de los niños dejan de tener crisis con el primer fármaco que se utiliza. En otros casos, hay que probar con un segundo fármaco, y otras veces, con la asociación de 2 productos. En cualquier caso, se respetará con cuidado las dosis, y las horas de administración de los medicamentos. NO SE DEBE QUITAR NUNCA UN TRATAMIENTO ANTIEPILEPTICO DE GOLPE. Si se observan efectos secundarios, es preciso avisar al médico que recetó el fármaco. Con frecuencia surgen, en los padres, dudas sobre si el tratamiento antiepiléptico va a interferir con el aprendizaje de su hijo.

Por regla general, un fármaco prescrito adecuadamente y a las dosis requeridas, no produce efectos sobre el sistema cognitivo que interfieran con el aprendizaje. Además, el inadecuado control de algunas epilepsias puede tener repercusiones negativas sobre el aprendizaje, por lo que el tratamiento puede ser incluso beneficioso para el rendimiento escolar. No obstante, es conveniente evaluar las funciones cognitivas de niños con ciertos tipos de epilepsia y, con frecuencia, se obtienen datos que ayudan a ajustar el tratamiento.

Qué otros tratamientos existen para la epilepsia

Un pequeño porcentaje de niños no se controlan con el tratamiento farmacológico. Es importante, en estos pacientes, comprobar que se han utilizado los fármacos adecuados, a dosis adecuadas, solos o en asociación con otros. Algunos de ellos (alrededor del 1%) son candidatos a un tratamiento quirúrgico: cuando las crisis son rebeldes a los fármacos, comprometen el desarrollo o la vida normal del niño, y se comprueba que surgen todas del mismo foco siempre que éste no sea la sede de una función cerebral importante.

También en algunos niños con epilepsias rebeldes, especialmente entre los 3 y 5 años, se puede emplear una dieta especial ? la dieta cetógena-. Consiste en invertir el cociente entre las grasas y los carbohidratos que se dan al niño. Es una dieta con cierta dificultad de realizar, pero en algunos casos puede ser muy eficaz.

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