Un alimento importante
Los frutos secos son considerados como un “extra” dentro de la dieta. Han ganado protagonismo como recurso para aperitivos o “matar” el hambre. En esos casos, entran a formar parte de cierto desorden dentro de la dieta que puede tener sus consecuencias en la salud. Esas consecuencias se deben sobre todo al hábito incorrecto que supone más que a las características de los alimentos.
Las propiedades de los frutos secos
Los frutos secos están constituidos por una gran variedad de productos vegetales, desde los nueces hasta los anacardos. Algunos de esos productos son propios estas latitudes como las avellanas, semillas de girasol o almendras, mientras que otros son más bien considerados exóticos como los pistachos. La mayor parte de los frutos secos tienen un contenido rico en minerales. Entre esos minerales destaca el potasio, magnesio, calcio y fósforo.
Además contienen abundantes oligoelementos como el selenio o el zinc. Por otro lado, también aportan muchas calorías debido a que contienen grasas en abundancia aunque en cierta forma además contienen proteínas. Esas grasas no son del todo perjudiciales debido a que predominan las insaturadas, muy presentes en aquellas de origen vegetal (entre las que se incluyen ácidos grasos beneficiosos). En relación con ese contenido de grasas “sanas” que influyen de forma positiva sobre el perfil lipídico, y además de otros ácidos grasos también adecuados se ha llegado a defender su consumo razonable para ayudar a controlar los niveles de colesterol. Además se recomienda la ingesta de frutos secos en personas con problemas nutricionales o que presentan intolerancia a determinados alimentos con riesgo de presentar déficit en algún mineral esencial (calcio, fósforo). Por último, debido a su alto contenido en fibra se recomienda su consumo en personas con tendencia al estreñimiento.
Únicamente hay que tener cierta precaución a la hora de elegir el fruto seco y de tener cuidado con la sal que muchas veces se les añade y que exagera excesivamente el aporte de sodio, lo cual puede producir problemas de salud (tensión arterial, etc...). Además, habitualmente son de difícil digestión con lo cual un abuso puede originar trastornos digestivos como sensación de pesadez, mala digestión o incluso meteorismo y flatulencia.





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