Tratamiento del dolor

Última revisión: jueves, 06 octubre 2011
Clínica Universidad de Navarra

¿Qué es el dolor?

El dolor es una experiencia personal, sensorial y afectiva desagradable, que habitualmente se presenta como consecuencia de alguna alteración de su organismo, o simulando ésta, por afectación del sistema nervioso central o periférico.

¿Qué tipos de dolor existen?

En la práctica clínica, distinguimos dos grandes tipos de dolor, que pueden darse a la vez, sucesivamente o de forma exclusiva.

1. Dolor nociceptivo (el más familiar):

  • Tiene una causa.
  • Dura mientras persiste el estímulo que lo originó.
  • Tiene una finalidad biológica de defensa, avisando al individuo que algo no funciona bien en su interior.
  • Puede acompañarse de una reacción de todo el organismo, con sudoración, sensación de mareo, náuseas, incluso vómitos.
  • El estado anímico que suele estar presente es de ansiedad.
  • Responde a los analgésicos habituales, incluidos los antiinflamatorios, los opiáceos menores y mayores, incluso la morfina y sus derivados, que debe combinar, según le indique su médico. Cada uno de estos fármacos puede tener sus efectos secundarios. Si el tratamiento se prolonga, tendrá que recurrir a medicaciones que prevengan la aparición de estos. El dolor debe ser tratado, con relación a su intensidad, no a la expectativa vital, por eso, hay dolores benignos en su origen, que requieren el uso temporal de narcóticos, que vigilados por un especialista, no suelen llevar a problemas de adicción, pudiendo ser retirados, una vez solucionado el proceso.

Algunos ejemplos de este tipo de dolor son el parto o de la menstruación, las apendicitis u otros dolores abdominales agudos, los referidos después de un traumatismo o de una intervención quirúrgica, los dolores óseos o musculares...

2. Dolor neuropático, que usted percibe como sensaciones extrañas: quemazón, descargas eléctricas, como pinchazos de alfiler, o arañazos; es muy importante que lo describa tal como lo siente.

  • Este dolor no debe alarmarle, no indica gravedad. Es una alteración de los nervios que conducen las sensaciones, que actúan como si fuesen «discos rayados».
  • No existe una causa de dolor que esté produciendo ese estímulo, y ellos, sin embargo, la transmiten, como si estuviera aún presente.
  • Suele ser un dolor menos agudo, pero mucho más duradero, y el estado de ánimo que suelen presentar los pacientes es de depresión, por reacción de adaptación a éste.
  • Este tipo de dolor puede llegar a ser muy molesto, no responde a los analgésicos que Ud. conoce y, sin embargo, mejora con fármacos que a primera vista no están relacionados, como son algunos antidepresivos y fármacos empleados en la epilepsia, en el tratamiento de arritmias cardiacas..., no porque el dolor sea manifestación de este tipo de enfermedades, sino porque actúan estabilizando las membranas nerviosas, que son las que están alteradas.

Presentan este tipo de dolor algunas personas que, después de haber sufrido un brote de herpes, y una vez desaparecidas las vesículas, siguen con un dolor permanente; pacientes a los que se les ha amputado algún miembro y, sin embargo, siguen notándolo; aquellos que después de una intervención quirúrgica realizada correctamente tienen igual o más dolor que el que les causaba la enfermedad por la que consultaron; algunos pacientes diabéticos, sobre todo en las piernas...

¿Qué otros tratamientos existen para el dolor?

Existen también tratamientos no farmacológicos del dolor como son medidas de relajación, hábitos posturales correctos, posturas antiálgicas y algunos aparatos que a través de masaje, ondas o corriente eléctrica disminuyen la inflamación o las contracturas originadas a consecuencia del dolor, disminuyendo su intensidad. Otras terapias más complejas, para algunos dolores rebeldes, son las puede encontrar en centros especializados. A veces su dolor se puede beneficiar de infiltraciones, con medicación o por calor (radiofrecuencia) o frío (crioanalgesia); de aparatos que se implantan, a modo de prótesis, aunque desde fuera no se perciben, como son los estimuladores epidurales; o los sistemas de infusión de fármacos en zonas próximas a la médula. Hasta aquí, todos estos procesos son reversibles y los efectos secundarios habitualmente pequeños. Por último, cuando todo esto no ha dado resultado, hay dolores que pueden beneficiarse de intervenciones neuroquirúrgicas encaminadas a disminuir la sensibilidad nerviosa, que suelen o pueden ir acompañadas de otras lesiones, por eso se reservan para casos muy concretos, cuando toda la terapia anterior ha fallado.

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