Tumores hepáticos

Dr. Bruno Sangro Gómez-Acebo
Última revisión: jueves, 04 agosto 2011
Dr. Bruno Sangro Gómez-AceboDepartamento de Hepatología
Clínica Universidad de Navarra
  • En la mayoría de los casos los pacientes no sufren ningún tipo de síntoma.
  • Se detectan a través de Suna ecografía, escaner o resonancia magnética.

¿Qué son?

Los tumores malignos o cancerosos consisten en el crecimiento desmedido e incontrolado de células. Estas células pueden originarse en cualquier órgano del cuerpo humano y, en su crecimiento, forman un tejido que invade y destruye el órgano en el que se asienta. Además, las células cancerosas son capaces de alcanzar los vasos que llevan la sangre y, a través de estos, colonizar órganos distantes.

El hígado es uno de los órganos en el que más frecuentemente aparecen tumores malignos. La mayoría de ellos constan de células de tumores que, habiéndose originado en otro órgano, como la mama, el pulmón, el páncreas o el intestino, han alcanzado el hígado a través de la sangre: son los tumores secundarios o metastásicos, o simplemente las metástasis.

Otras veces, las células nacen del propio hígado y se habla entonces de tumores primarios o primitivos del hígado que son dos: hepatocarcinoma y colangiocarcinoma.

¿Cuáles son sus causas?

El hepatocarcinoma, en España, es casi siempre la consecuencia de una enfermedad hepática de larga evolución, que en la mayoría de los casos es una hepatitis crónica.

Los virus de la hepatitis B y C producen a veces cirrosis y algunos de los pacientes con cirrosis desarrollan tumores en el hígado. Las cirrosis de otro origen, como el alcohol o trastornos metabólicos, también predisponen a la aparición de hepatocarcinoma.

Las metástasis son, como ya se ha dicho, la consecuencia de la existencia de otro tumor distante.

¿Cuáles son sus síntomas?

En muchos casos, ninguno hasta etapas muy tardías. El interior del hígado no duele y puede albergar gran cantidad de tumor sin que aparezcan síntomas. Excepcionalmente, tumores pequeños pueden dar síntomas porque obstruyan la vía biliar y aparezca ictericia, o bien porque se rompan y produzcan hemorragias.

Cuando, como suele suceder, los tumores van creciendo sin dar problemas, acaban por dar la cara en forma de cansancio intenso, falta de apetito, pérdida inmotivada de peso, dolor debajo de las costillas derechas o picores.

¿Cómo se diagnostican?

Se detectan por métodos de imagen como la ecografía, el escáner (TAC) y la resonancia magnética, que sirven también para ver cuán extensos son.

La confirmación de su naturaleza maligna se hace generalmente tras examinar al microscopio una biopsia tomada por punción a través de la piel, pero, a veces, también puede ocurrir en el transcurso de una operación quirúrgica.

¿Cuál es el pronóstico que tienen y el tratamiento?

Tomado en su conjunto, el pronóstico es malo y las posibilidades de curación, muy escasas. Las metástasis de los tumores de mama, aunque no se pueden operar, tienen un tratamiento paliativo que consigue frenar su crecimiento en muchos casos. Las metástasis de otros tumores como los de pulmón o páncreas, no tienen un tratamiento realmente eficaz. En cambio, las metástasis de los tumores de colon a veces son únicas o pocas, y se pueden quitar en una operación, o bien se puede frenar su crecimiento con quimioterapia. Con la sola excepción de los llamados tumores endocrinos, muy poco frecuentes, las metástasis no pueden tratarse mediante transplante hepático.

Respecto al hepatocarcinoma, su mejor tratamiento es la prevención: la vacunación sistemática frente al virus de la hepatitis B y la moderación en el consumo de alcohol evitan el riesgo derivado de las enfermedades hepáticas que producen. Además, en las personas con riesgo especial, los tumores pueden detectarse cuando son pequeños y no dan síntomas si uno acude a las revisiones periódicas que le prescriba el médico, y que deben incluir análisis y ecografía.

Una vez aparecido el tumor, el pronóstico y el tratamiento dependen de la extensión del mismo y de la función hepática. Si el tumor es pequeño, caben múltiples opciones de intención curativa, como hacer un transplante o una resección quirúrgica, o bien tratarlo con medios físicos como la inyección de alcohol absoluto dentro del tumor o la aplicación de calor mediante radiofrecuencia. En tumores mayores pero limitados, se puede hacer un tratamiento mediante quimioembolización arterial, que consiste en obstruir el vaso que lleva la sangre al tumor para producirle un infarto y dejar en el interior un fármaco antitumoral. A veces la radioterapia puede ser eficaz como tratamiento paliativo. Cuando la enfermedad es extensa o ha invadido los vasos, no hay tratamiento eficaz.

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