- Entendemos por faringo-amigdalitis las afecciones que cursan con irritación, inflamación o infección de la faringe, y muy particularmente de su tejido linfoide.
La faringe
La faringe es un tubo muscular que se origina en la porción posterior de la nariz y termina en el área faringo-esofágica. Puede dividirse artificialmente en tres regiones: la nasofaringe (también denominada rinofaringe o cavum), la orofaringe y la hipofaringe.
Distribuido por toda la faringe se encuentra un tejido especializado en proveer al organismo de capacidad defensiva principalmente frente a infecciones víricas o bacterianas. Este tejido,denominado tejido linfoide, se encuentra agrupado en lo que constituyen las amígdalas y también distribuido en pequeños acúmulos por toda la mucosa de la faringe, los denominados folículos linfoides. El tejido linfoide se agrupa así en lo que se denomina anillo linfoide (de Waldeyer).
Este tejido es capaz de producir células defensivas (linfocitos) que vierte a la sangre, y anticuerpos, que actúan localmente o también se vierten a la sangre.
En las dos de las tres partes de la faringe existen formaciones amigdalares definidas:En la nasofaringe encontramos, la amígdala faríngea (llamada comúnmente adenoides ó vegetaciones) y las amígdalas tubáricas (situadas en la desembocadura nasofaríngea de la trompa de Eustaquio).En la orofaringe, las amígdalas palatinas (comúnmente llamadas amígdalas) y la amígdala lingual (situada a la altura de la base de la lengua).De todas ellas, las más importantes desde el punto de vista de la patología que pueden generar son las vegetaciones adenoideas y las amígdalas palatinas.
Qué es una faringo-amigdalitis
Entendemos por faringo-amigdalitis las afecciones que cursan con irritación, inflamación o infección de la faringe, y muy particularmente de su tejido linfoide.
La afectación preferente de un área hace que se las reconozca como amigdalitis (vulgarmente, anginas), adenoiditis (ó rinofaringitis) o simplemente faringitis, si es una afectación difusa. Cualquiera de éstas puede ser un proceso agudo, recurrente o crónico. En muchos de estos cuadros aparece un agrandamiento doloroso de los ganglios del cuello (linfadenitis reactiva), ya que en ellos también existe tejido linfoide.
Existen formas de infección faringo-amigdalina que producen unos cuadros clínicos bastante típicos como son, entre otros, la mononucleosis infecciosa, la difteria faríngea, la escarlatina, la angina de Vincent (o angina úlcero-necrótica), la herpangina, etc.En los casos en los que existe un trastorno crónico sin un componente infeccioso, se habla de faringitis crónica (simple, hipertrófica ó atrófica).
Cuáles son sus causas
No existe una única causa de las faringitis crónicas y se han relacionado con ellas a muy diversas situaciones adversas: calor o frío excesivos, sequedad ambiental, irritantes externos (como polvo, humos, abuso de vasoconstrictores nasales o de tabaco, etc.), respiración bucal, trastornos hormonales (menopausisa, hipotiroidismo, etc.), cirugía previa de extirpación de las amígdalas, envejecimiento, etc.
Parece que en las faringitis crónicas existe una debilidad constitucional de la mucosa faríngea.
Cuáles son sus síntomas
Los síntomas pueden diferir en los casos agudos o crónicos.
En las faringitis crónicas los síntomas que existen son variados, pero en general muy distintos a los de las faringo-amigdalitis infecciosas: sensación de sequedad, de estorbo, o de flema en la faringe, dolor punzante de la garganta, necesidad de carraspear con frecuencia, etc.
Cómo se diagnostica
El diagnóstico se fundamenta en la historia clínica y en la exploración del paciente. La presentación más o menos súbita del cuadro y sus características clínicas (fiebre, malestar general, mal aliento, dolor cervical, etc.) nos hacen sospechar que estemos ante un cuadro de faringo-amigdalitis aguda. Por el contrario, los síntomas crónicos y las circunstancias que empeoran el cuadro hacen sospechar la existencia de una faringitis crónica.
En muchas ocasiones es útil realizar algunas pruebas de laboratorio que ayudan al médico a catalogar la gravedad del cuadro y a prevenir posibles complicaciones, como por ejemplo un hemograma, velocidad de sedimentación globular, o determinación del nivel de antiestreptolisinas (ASLO).
En los cuadros severos, recidivantes o cuando se sospechan determinados agentes infecciosos es extremadamente útil realizar un frotis faríngeo para cultivar el exudado de la faringe. Esta prueba permite determinar los gérmenes que están causando la infección. Si además se realiza un antibiograma, podremos conocer la sensibilidad de dichos gérmenes al tratamiento antibiótico.
Cuál es el tratamiento
En las faringitis crónicas, que no tienen un componente infeccioso, los tratamientos habitualmente empleados (complejos de vitaminas, mucorreguladores, ungüentos o pomadas nasales, etc.) pueden producir un alivio de los síntomas.
En estos casos suele ser recomendable evitar los ambientes adversos (muy secos, con humos, etc.) y aquéllos factores que empeoran los síntomas (alimentos fríos o calientes, aire acondicionado o calefacción excesivos, etc).
Cuando las infecciones faringo-amigdalinas se cronifican, aparecen repetitivamente, o han generado complicaciones graves, puede hacerse necesario el tratamiento quirúrgico y que el paciente precise de una adenoidectomía, una amigdalectomía o ambas simultáneamente.






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