- Se trata de una cirugía mínimamente invasiva con un menor número de complicaciones y más rápida recuperación.
¿Qué es?
¿Para qué se utiliza?
¿Qué aplicaciones prácticas tiene en la actualidad?
Si bien su utilización más habitual y conocida es la cirugía de la vesícula biliar (colecistectomía), en la actualidad el desarrollo de la técnica ha hecho que se utilice en gran número de patologías y especialidades: círugía del reflujo gastroesofágico, estómago, obesidad, diverticulitis, enfermedad pancreática, cirugía hepática, bazo, suprarrenales.
También es utilizada en la valoración del paciente politraumatizado, las hernias inguinales, abdomen agudo, cirugía pediátrica y fetal, cirugía vascular, ginecológica, etc.
¿Existe alguna contraindicación?
En la actualidad no existe contraindicación absoluta para realizar este tipo de cirugía. Como contraindicaciones relativas se pueden considerar las siguientes:
- Shock hipovolémico
- Obstrucción intestinal con importante distensión abdominal
- Grandes tumores abdominales
- Insuficiencia cardiaca severa
- Peritonitis séptica
- Pacientes multioperados
¿Es necesaria alguna preparación especial para esta cirugía?
¿Cómo se realiza?
Se realiza en quirófano y habitualmente requiere la administración de anestesia general.
Técnicamente consiste en crear un espacio a nivel abdominal tras la introducción de un gas (CO2). En otros casos se realiza con ayuda de un instrumental de tracción de la pared abdominal o combinando ambos).
Realizando pequeñas incisiones en el abdomen y por unos trócares de diferentes diámetros (2, 5, 10, 12 ó 15 mm) introduciremos una cámara conectada a una televisión a través de la cual seguiremos la intervención y el instrumental necesario para realizar las diferentes maniobras de disección, corte, sutura, etc. que precisemos en la intervención.
¿Qué ventajas aporta este abordaje frente al convencional?
El paciente presentará entre otros beneficios:
- menor dolor postoperatorio
- recuperación más rápida con estancia hospitalaria más corta
- retorno más rápido a su actividad habitual, laboral y física
- mejor resultado cosmético.
Otras ventajas biológicas derivadas de la técnica son:
- Necesidad menor de reposición de líquidos (intra y posoperatorios) por menor exposición de los tejidos.
- Menor pérdida de sangre intraoperatoria.
- Menor edema de los tejidos y órganos adyacentes.
- Menor íleo postoperatorio (preservación del peristaltismo).
- Menor incidencia de complicaciones de las heridas (infecciones, hematomas, hernias laparotómicas,...)
- Preservación del estado inmunitario del paciente
¿Hay alguna complicación derivada de la técnica?
A pesar de una correcta técnica quirúrgica pueden presentarse complicaciones, tanto derivadas del tipo de intervención realizada como específicas del abordaje laparoscópico. Dentro de estas últimas: enfisema subcutáneo (extensión del gas a nivel del tejido subcutáneo), neumotórax, embolia gaseosa, trombosis a nivel de las extremidades inferiores, dolores referidos habitualmente al hombro, lesiones producidas al introducir los trócares o por el propio instrumental, hipotermia, etc.
Estas complicaciones generalmente se resuelven con tratamiento médico aunque dependiendo de las mismas pueden requerir una reintervención. Un tema controvertido y aún no resuelto es el riesgo de diseminación tumoral en patología maligna tras este tipo de abordaje.






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