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La felicidad es el grado máximo de salud

El doctor Sarrais analiza los vínculos entre salud y felicidad.

18 DE NOVIEMBRE de 2013

La felicidad y la salud están estrechamente ligadas. Así lo considera el psiquiatra y psicólogo de la Clínica Universidad de Navarra, Fernando Sarrais, que explica que “la felicidad es el máximo grado de salud”.

departamento de Psiquiatría y Psicología Clínica

Es una realidad que todos pasamos por la enfermedad y el sufrimiento a lo largo de nuestra vida. Es fácil ser feliz cuando a uno le van bien las cosas; lo complicado es encontrar la felicidad cuando aparecen los contratiempos. No hablamos sólo de cuando la salud nos acompaña, sino también de cuando hacen acto de presencia las contrariedades y las frustraciones del día a día.

El doctor Sarrais dice que “la vida es como una moneda, que tiene dos caras: la cara de las alegrías, los éxitos, los triunfos y la salud física y psíquica; y la otra cara en la que están las épocas de sufrimiento, frustraciones, errores, enfermedad... Con la primera de las caras es fácil ser feliz, pero no es tan fácil cuando se sufre o se está enfermo”.

El doctor explica que los niños, desde su nacimiento, cuando tienen frio o hambre, lloran para reclamar la evitación de ese sufrimiento. “Llorar es una forma de tristeza y cualquier situación física negativa produce malestar: sed, hambre, frío, dolor, cansancio... de modo que ese niño debería aprender a poner buena cara al mal tiempo, es decir, a ser feliz también cuando se sufre”.

Pero no hay muchas asignaturas en la educación reglada en las que se enseñe esto, de modo que el ser humano tiene que aprenderlo por iniciativa propia... y no todo el mundo lo consigue.

No es tan fácil cuando se sufre o se está enfermo. Y en la enfermedad siempre se sufre, no sólo físicamente, sino también psicológicamente por el temor a qué va a pasar y a lo desconocido. “A veces se sufre más con el miedo a sufrir que con el propio sufrimiento”, apostilla.

Este es el motivo por el que considera que la psiquiatría y la psicología deberían dedicarse “a ayudar a la gente a mantener la alegría y la felicidad y por lo tanto a no caer en la depresión cuando ocurren acontecimientos vitales que hacen sufrir, porque la mayoría de las depresiones no son biológicas sino reactivas a circunstancias ambientales”, insiste.

En este sentido, subraya que hoy en día, “el papel de psiquiatras y psicólogos es un papel secundario porque tratan de que, una vez que se ha caído en la depresión, revertirla, cuando lo más importante es prevenirla, y eso requiere una educación previa”. “Esta sería la tarea importante”, recalca el galeno.

Sarrais constata a diario en su trabajo la cantidad de personas que lo pasan mal como consecuencia de los sentimientos negativos. Para él es muy importante “divulgar la necesidad de las personas de vivir contentas y alegres también cuando se sufre” y, especialmente, ayudar a los jóvenes a que lo vivan “porque si no, ocurre lo que vemos a diario: gente frustrada y amargada en las que aparecen emociones negativas como miedo, vergüenza, sentimiento de inseguridad, de odio, de fracaso, de culpa, de envidia de celos... que sufren y que hacen sufrir mucho porque estas personas sometidas a esas emociones transmiten el sufrimiento a los que les rodean”.

La clave, sufrir por las cosas que merecen la pena

La felicidad tiene más que ver con el aspecto psicológico que con el aspecto físico, porque todas las emociones negativas, incluidas las enfermedades psíquicas, tienen una carga de sufrimiento muy intensa que dificultan muy seriamente las emociones positivas, y por tanto, la alegría, que es la emoción positiva más importante, y otras como sentirse tranquilo, a gusto, orgulloso y en paz con uno mismo.

Por eso, es necesario “poner al mal tiempo buena cara”, lo que en este caso concreto se traduce en “llevar bien el sufrimiento, porque si uno sufre, y eso no podemos evitarlo, habrá que escoger sufrir por cosas que valgan la pena”.

De esta forma, es necesario aprender a llevar bien emocionalmente los problemas, a reaccionar afectivamente de manera positiva y con buen humor ante las adversidades.

¿y cómo se hace esto? A través del ejemplo práctico y teórico

“Pero no hay interés por esto, sino por estar sano, por ser guapos, por ser importantes o triunfadores, por ganar dinero, pero no por enseñar a vivir psicológicamente de una manera positiva, alegre, optimista, despreocupada, valiente... no hay ninguna asignatura en bachiller o en la escuela que enseñe a los niños y jóvenes a quitar los miedos, las verguenzas, las inseguridades, y ¡cuánto se sufre por la timidez, la inseguridad, la vergüenza, el miedo, la envidia, el sentimiento de inferioridad... no hay ninguna asignatura que enseñe a los niños a quitar las emociones negativas!, lamenta el doctor Sarrais.

También apunta a la necesidad de relativizar los problemas por el procedimiento de la repetición de actos para adquirir un hábito. “si se le quita importancia a la situación negativa, y se hace más pequeña, se le dará la justa importancia”, aclara el médico.

Por el contrario, “nos topamos con pacientes que se ponen siempre en lo peor, y sufren mucho más porque se han acostumbrado a ponerse siempre en lo peor; o quienes se han acostumbrado a recordar las cosas negativas del pasado, y entonces sufren también en el presente... son hábitos, modos, maneras de pensar, de imaginar, de percibir, de recordar, de comportarse en negativo”, dice el doctor, que opina que esta forma de ser “dificulta mucho más la felicidad y facilita la ansiedad y el estrés”.

Cada uno ha de encontrar ese motivo para ser feliz y ha de tener el hábito de encontrar motivos a todos los sufrimientos pequeños de cada día, porque sin motivo no hay lucha por mantener la paz y la alegría”. 

Además, y por si fuera poco, existen vínculos directos entre estas emociones negativas y la enfermedad física. Es más, está científicamente probado que cuando una persona tiene emociones negativas, su sistema inmunológico es más vulnerable. “Una persona que no es feliz está sometiendo a su organismo a una tensión a través de los neurotransmisores del sistema nervioso simpático que puede hacer saltar las enfermedades psicosomáticas o víricas, o que disparen cánceres en personas previamente predispuestas, porque el estrés es como un gatillo que dispara una escopeta genéticamente cargada”, recalca.

Asimismo, Sarrais ve en las emociones negativas la causa o el origen de las adicciones. “Son una forma de sentirse bien, aunque sea un rato, porque evaden. El alcohol, el tabaco, las drogas, comer compulsivamente, el juego, las compras patológicas o el sexo... se huye a través de esas conductas”, dice.

Por todo esto, el psiquiatra considera que la felicidad “es el máximo grado de salud porque es una salud psicológica, mientras que la tristeza y la depresión son el máximo grado de infelicidad. En este punto surge la pregunta de si se puede ser feliz estando enfermo, a la que el doctor Sarrais responde con rotundidad: “Hay felicidad en la enfermedad si se encuentra un sentido. Cuando hay un porqué para sufrir”.

Y pone un ejemplo: “una madre enferma, para que sus hijos no sufran o se preocupen, lleva bien la enfermedad porque su felicidad es que sus hijos no sufran por ella”.

Ejemplos hay cientos, aunque, como dice el médico, “cada uno ha de encontrar ese motivo y ha de tener el hábito de encontrar motivos a todos los sufrimientos pequeños de cada día, porque sin motivo no hay lucha por mantener la paz y la alegría”. 

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